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Estabilizar los precios se ha convertido en la misión económica más urgente de gobiernos y bancos centrales. La inflación está desbordando los cálculos de las administraciones y su impacto está sacudiendo -y lo seguirá haciendo- las economías domésticas. Mientras tanto, el incremento de los precios va corroyendo la confianza de ciudadanos y empresas, con unas consecuencias sobre, por ejemplo, el mercado de la vivienda que, a su vez, traen consigo derivadas políticas que son apreciables en el adelanto electoral decretado por Pedro Sánchez o en el auge de movimientos populistas de distinta orientación en países como Alemania.
El último dato sobre la inflación que proporcionó el INE recoge que la inflación creció en el Estado en septiembre un 4,9% en comparación con el mismo mes del pasado año. Se trata del indicador adelantado, que deberá ser confirmado en los próximos días. En el caso de Euskadi y Nafarroa, el dato más reciente es el de agosto, con subidas interanuales del 4,5% y el 4,2% respectivamente. En la comparativa quinquena, es decir, la que mide la subida de la inflación desde agosto de 2021 a agosto de 2026, la variación en el Estado ha sido del 24,2%, pero superior en caso de la CAV y la Comunidad Foral: 25% y 24,6% respectivamente.
Así, de forma aproximada, una barra de pan que hace cinco años costaba 75 céntimos ahora está en el entorno de 1 euro. Sin embargo, y según las estadísticas del INE de la Encuesta Anual de Estructura Salarial, los sueldos no han crecido de la misma manera, ya que el salario medio bruto anual en el Estado se ha incrementado, de media, entre un 15% y un 18%. Por otra parte, donde sí se aprecia un incremento salarial en proporción a la subida del IPC es el Salario Mínimo Interprofesional, que para este año se ha situado en 17.094 euros brutos anuales, distribuidos en 14 pagas de 1.221 euros.
En Euskadi y Nafarroa, los distintos mecanismos de garantía salarial con arreglo al IPC que se incluyen en muchos convenios colectivos están permitiendo por el momento salvar ese desajuste, pero la ganancia neta real se va reduciendo cada vez más. El año pasado, según la Guía Salarial de Euskadi que elabora la consultora LKS, los salarios subieron de media un 3,6%, frente a un IPC del 2,9%, lo que deja una ganancia neta real de los sueldos de alrededor del 0,7%. Sin embargo, de continuar las subidas del IPC, y pese a que la economía sigue creciendo, las empresas van a tener cada vez más complicado aplicar incrementos salariales conforme a la inflación, especialmente en el campo de las pymes y de cpmpañías que no pertenezcan al campo de la industria, el sector que, en ambas comunidades, suele ofrece mejores remuneraciones a sus empleados.
En cualquier caso, la pérdida de poder adquisitivo es un hecho. El salario medio en Euskadi fue de 31.063 euros en 2021, según el INE. Para compensar la subida del IPC a lo largo de estos cinco años, debería haberse incrementado hasta los 38.580,25 a lo largo de este 2026. El informe Monitor Adecco Salarios recoge que el salario medio de la economía española cerró 2025 en 2.055 euros mensuales, un 3,4% más que en 2024, pero que debido a la inflación, que cerró el pasado año en un 2,7% en 2025, la ganancia neta se quedó en un 0,7%, unos 14 euros reales al mes. Si la inflación acaba en el nivel actual en diciembre será bastante complicado que el salario, descontado el IPC, proporcione una ganancia real en ese mismo porcentaje.
Este aumento de la inflación tiene efectos en todas las facetas de la compra. El consumo privado es uno de los motores de la economía -gracias a la buena marcha del mercado de trabajo-, pero una parte cada vez mayor del mismo se destina a aquello que resulta imprescindible, como la cesta de la compra. “En los últimos años, el aumento de los precios de los alimentos ha mostrado una notable persistencia y ha sido, en general, superior al observado en el resto de los bienes que conforman la cesta de la compra”, advertía ya el pasado año un informe del Banco de España.
Según la OCU, en los últimos cinco años el precio de los alimentos ha experimentado un incremento del 39,5%, un proceso en el que los descuentos fiscales, como la rebaja del IVA en los alimentos básicos, constituyó únicamente un alivio temporal. El actual episodio de inflación tiene, no obstante, parecido con el que surgió en 2022 y que se alargó durante buena parte del siguiente año. Si entonces arrancó tras la invasión de Rusia a Ucrania, ahora lo ha hecho con los ataques de Estados Unidos a Irán y el bloque del Estrecho de Ormuz por parte de la nación persa. En ambos casos, el encarecimiento del gas y el petróleo han precedido a la subida desbocada de precios en otras materias. A esta situación se suma que la sequía vivida en los últimos meses ha castigado al sector agroganadero, pero también al energético: las centrales hidroeléctricas se han resentido por la pérdida del caudal de los ríos.
La pérdida de poder adquisitivo podría acentuarse en los próximos meses si continua la senda alcista de la inflación. Los principales centros de análisis lo dan por descontado. En su última comunicación, el Banco de España señaló que espera que la inflación acabe el año en el 3,9%, lo que supone una revisión al alza del 0,3% respecto a lo que había manifestado en junio y una subida de más de un punto porcentual respecto al año 2025. De momento, la economía progresa con un crecimiento sostenido, tanto en Euskadi y Nafarroa como en el resto en el Estado, pero la inquietud está en conocer si podrá mantenerse ese ritmo con la escalada de precios, especialmente cuando hay economías en Europa, como la de Francia, que ya están alertando de una deuda pública desbocada.