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Los aficionados de la NBA lo tienen muy difícil para encariñarse con un jugador de su equipo. La mayor liga de baloncesto del planeta cambia constantemente los jugadores entre los equipos participantes como si de cromos se tratase, sin necesitar el consentimiento expreso del deportista muchas veces.
También hubo un tiempo en el que la mera idea de que una superestrella abandonara su franquicia de toda la vida para unirse a otros astros en busca de un anillo era vista como un acto de debilidad. Sin embargo, LeBron James no opina lo mismo, y así lo ha demostrado firmando por los Philadelphia 76ers, una de las mejores plantillas del campeonato, lo que le permite ir con todo a por su quinto anillo de campeón. Un hito que le dejaría solo a un campeonato de su némesis, Michael Jordan.
Hay quienes ven este movimiento como el típico caso de un veterano uniéndose a un equipo candidato para rascar un último título, recordando lo que hicieron en su día leyendas como Karl Malone o Gary Payton en su etapa final con los Lakers.
El propio jugador se encargó de zanjar el tema con un mensaje muy claro en sus redes sociales: "Todavía quiero sacrificarme. Todavía quiero trabajar. Todavía quiero esforzarme. Todavía quiero competir, ganar y tener una oportunidad de sentir la emoción de la victoria".
Un sacrificio millonario
Estas declaraciones del 'King' no fueron palabras vacías, lo demostró con hechos. Acostumbrados a verle firmar contratos gigantescos —venía de cobrar más de 52 millones el año pasado con los Lakers—, la historia esta vez es muy distinta. Ha firmado por dos años y apenas ocho millones de dólares en total. Es decir, se ha bajado el sueldo más de un 90%.
Esta era la única manera de que los Sixers pudieran cuadrar sus cuentas para hacerle un hueco. Al fin y al cabo, Philadelphia ya tiene atados los súper contratos de Joel Embiid (58 millones) y del recién llegado Jaylen Brown (57,7 millones), además de la gran ficha de Tyrese Maxey.
Y es que el dinero, lógicamente, ya no es un problema para el segundo mejor baloncestista de la historia. Es el jugador que más dinero ha ganado en la historia de la NBA por sus contratos deportivos (más de 580 millones) y su patrimonio total supera de largo los 1.000 millones. Está al nivel económico de figuras como Messi o Cristiano Ronaldo. Con todo el imperio empresarial que tiene montado fuera de las canchas, ahora puede permitirse el lujo de jugar solo por competir e intentar darle a Philadelphia un título que no celebran desde 1983.
Las piezas del puzzle
Sobre el papel, el cinco inicial que puede sacar el técnico Nick Nurse (seguramente con Maxey, Brown, Edgecombe, James y Embiid) asusta a cualquiera. Pero claro, luego hay que hacer que el balón ruede y las dudas son más que normales.
El primer gran reto es ver cómo se entienden Jaylen Brown y LeBron. Brown viene de pasar toda su carrera en Boston, muy acostumbrado a tener la pelota en las manos y a jugársela en el uno contra uno. Y ahí es donde va a ser clave la inteligencia de LeBron. A estas alturas de la película, ya no necesita ser el que más tira a canasta. Su nuevo rol apunta más a ser el cerebro del equipo.
Al quitarse el peso de tener que anotar 30 puntos por noche, podrá dedicarse a repartir juego. Su visión será un desahogo tremendo para sus compañeros, sobre todo para alguien como Tyrese Maxey, que podrá correr y anotar más liberado sin la paliza física de tener que subir siempre el balón. El otro rompecabezas para el entrenador será encontrar el equilibrio. Los Sixers juntan ahora a varios jugadores a los que les encanta tirar desde la media distancia o jugar al poste, justo en una época donde la NBA va a mil por hora y todo el mundo abusa del triple.
Más allá de la táctica, el gran miedo en Philadelphia tiene que ver con la salud. El equipo depende de un Joel Embiid que es buenísimo, pero que se lesiona constantemente (nunca ha pasado de los 68 partidos en un año), y de un LeBron que ya va camino de los 42.
La realidad es que casi nadie en la historia de la NBA ha seguido jugando con esa edad, y mucho menos siendo una pieza clave en un equipo que quiere ganar el anillo. Aunque LeBron se cuida como nadie y aguanta mejor que muchos veinteañeros, los años no perdonan. Últimamente se ha perdido bastantes partidos por molestias en el pie, la ingle o la espalda.
Por eso, cómo repartan los minutos y los descansos va a ser media temporada. A los Sixers no les importa ganar todos los partidos en enero; lo que necesitan es llegar a los Playoffs en abril con sus estrellas sanas y con las piernas frescas. Si el físico les respeta, y los jugadores de banquillo (como Kentavious Caldwell-Pope, Anfernee Simons o Ariel Hukporti) dan la cara, este equipo puede llegar muy lejos.
Objetivo Jordan
El cuatro veces campeón de la NBA ha firmado por dos años en Philadelphia, por lo que tendrá la oportunidad de empatar en anillos a Jordan, uno de sus grandes objetivos. Para sentarse en la misma mesa que 'His Airness' y discutirle de tú a tú el trono de los seis títulos, el de Akron casi no tiene margen de error. Necesita ganar el campeonato esta misma temporada y repetir la hazaña el año que viene, justo antes de que expire su nuevo contrato y, muy probablemente, ponga punto final a su carrera.
Michael Jordan en una imagen de archivo.
Sin embargo, Michael Jordan cimentó su mito con ese intocable 6-0 en las Finales, jugando siempre para los Chicago Bulls y dominando una sola era. LeBron, por el contrario, no ha demostrado ese amor a una misma franquicia, pero sí una longevidad que no tiene sentido en el baloncesto moderno.
De sobra es conocido que es capaz de hacer campeón a cualquier equipo que pise, y si consigue llevarse su quinto anillo vestido de Sixer, alcanzaría un hito brutal: ser campeón con cuatro franquicias distintas (Miami, Cleveland, Lakers y Philadelphia). Todo un récord que le dejaría a solo un paso del mejor de todos los tiempos.