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Josimar José Évora Dias podía viajar prácticamente por cualquier ciudad pasando desapercibido. Era un ciudadano más. Una hormiguita en el inmensa jungla humana. Pero bastaron 90 minutos para a los 40 años dar un salto insospechado a la fama. Ocurrió en una de las citas más importantes del deporte a nivel mundial, la Copa del Mundo. Jugaba en el Chaves, de la segunda división portuguesa. Fue alistado por Cabo Verde para el estreno del país en un Mundial. La selección caboverdiana, creada en 1978, había sido invisible para los grandes focos. Con apenas 500.000 habitantes y alrededor de un millón y medio de caboverdianos repartidos por el mundo, la convocatoria estaba conformada básicamente por la diáspora por jugadores que incluso jamás habían pisado su país de origen. La anécdota prestó atención al grupo, decidido a situar en el mapa una tierra paradisíaca, conocida como el Caribe africano.
El día que cambió su vida
Entonces llegó el 15 de junio. Cabo Verde se enfrentaba a España, una de las principales favoritas a conquistar el título y a la postre campeona. Una paradoja. Aquel choque era el paradigma de la desigualdad futbolística. Sin embargo, el fútbol siempre tiene cabida para la sorpresa. De ahí su belleza. Aquel día, Josimar José Évora Dias fue elegido mejor jugador del partido. Detuvo los siete disparos entre los tres palos de la selección de Luis de la Fuente, lo que propició un empate a cero que recorrió como lo hizo Willy Fog, pero sin necesitar 80 días. Bastaron 90 minutos. El adulto que de niño jugaba en las calles de Mindelo y acudía corriendo a quejarse a sus abuelos cuando los mayores le molestaban hizo trascender internacionalmente el apodo que heredó de aquellas anécdotas: Vozinha.
Aquel día en Atlanta la vida de Vozinha cambió más de lo que jamás hubiera imaginado. Su cuenta de Instagram tenía entonces 56.000 seguidores captados tras sus pasos por clubes de Cabo Verde, Angola, Moldavia, Chipre, Eslovaquia o Portugal, donde el curso anterior disputó 19 partidos y encajó 23 goles con el Chaves. Era un tipo viajado Vozinha. Al finalizar el encuentro, la cifra habría sobrepasado el millón. Además de su brillante actuación, la explicación también se encontraba en la solicitud de CazéTV, una popular plataforma brasileña que retransmitía el torneo y que animó a sus espectadores a seguir al portero caboverdiano. El efecto fue inmediato.
“Un miembro del personal de catering del equipo se me acercó y me dijo que tenía mil millones de seguidores. No tenía ni idea de qué hablaba; pensé que bromeaba”, recuerda Vozinha en una entrevista concedida a The Observer. Después, una periodista le enseñó su teléfono. Ya tenía más de un millón.
Resulta que aquella actuación no fue pasajera, porque un buen día en el trabajo lo tiene cualquiera. Arropados por los guantes de Vozinha, Cabo Verde continuó avanzando y el portero siguió alimentando el fenómeno. Los Tiburones Azules empataron con Uruguay (2-2), dejaron su portería a cero frente a Arabia Saudí y alcanzaron los octavos de final, donde la finalista Argentina necesitó la prórroga para imponerse por 3-2. Contra la campeona sudamericana, el guardameta realizó ocho paradas. Terminó el Mundial con 18 intervenciones en cuatro partidos. Fue elegido en el once ideal del torneo por los aficionados. El fútbol le había concedido una dimensión que nunca soñó. Y ahí comenzó la otra parte de la historia.
"Escogería mi vida de antes"
“He perdido mi paz y tranquilidad. Ya no tengo privacidad, o al menos mucha menos que antes”, explica casi tres meses más tarde. “Ahora salgo, voy a un restaurante, y siempre hay alguien que quiere sacarse una foto conmigo o pedirme un autógrafo. O peor aún, alguien que me graba. Eso es lo que más ha cambiado en mi vida, y no creo que pueda hacer nada al respecto”, describe. Vozinha ha descubierto que la fama puede convertirse en una carga. Y la frase que mejor resume su presente es la siguiente: “Si me dieran a elegir entre la vida que tengo hoy y la que tenía antes, escogería la de antes”.
En la búsqueda de la normalidad, llegó a desconectarse de las redes. “Decidí desactivar las notificaciones de Instagram para no caer en la tentación de estar revisando quién me seguía”, relata. Pero mientras, sus amigos se encargaban de mantenerle informado sobre los famosos que se habían sumado al fenómeno. La exposición alcanzó a su familia. Seguidores comenzaron a acudir a la casa de su madre en Cabo Verde para pedirle fotografías o simplemente conversar con ella. “No estoy allí, así que no puedo ayudarlos. Tienen que aprender a convivir con la situación y a establecer límites”, comenta.
Las marcas también trataron de sacar partido del fenómeno. “Sé que durante el Mundial hubo muchas empresas y marcas que querían colaborar conmigo, pero mientras competíamos solo hice una colaboración promocional, con UFL Mobile. No sé qué ofertas podrían llegar en el futuro, pero por ahora no quiero trabajar con ninguna marca de tabaco, alcohol o apuestas”, comenta.
Vozinha, durante el partido contra España que le catapultó a la fama.
Cambio de club y nominado al Trofeo Yashin
El cambio no fue únicamente personal. La Copa del Mundo convirtió a un portero que militaba en la segunda categoría portuguesa en una figura reconocida en todo el planeta. Ello le abrió puertas. En agosto, Vozinha fichó por el Colo-Colo, el club más prestigioso de Chile, el único de este país que ha levantado la Copa Libertadores. El portero firmó como agente libre después de terminar su contrato con el Chaves. “No recibí ofertas de Estados Unidos y hubo algún contacto desde Arabia Saudí, pero nada concreto”, recuerda.
El Mundial había dejado otra consecuencia inesperada: en septiembre, Vozinha apareció entre los diez candidatos a recibir el Trofeo Yashin, el premio que reconoce al mejor guardameta de la temporada. Su nombre aparecía entre los de Yassine Bounou Bono (Al-Hilal), Thibaut Courtois (Real Madrid), Joan García (Barcelona), Gregor Kobel (Borussia Dortmund), Emiliano Martínez (Chelsea), Édouard Mendy (Al-Ahli), David Raya (Arsenal), Matvey Safonov (Paris Saint-Germain) y Unai Simón (Athletic). “Nunca imaginé que pudiera pasar. Era impensable, pero estoy agradecido a quienes pensaron en mí. Estar en esa lista ya es un gran honor”, admite.
El Josimar de siempre
Pese a todo, pese que “el Mundial no solo cambió mi vida, sino la de todo Cabo Verde”, como reconoce, se abraza a la naturalidad. “Voy a continuar siendo el mismo Vozinha, el Josimar de siempre. Amo el fútbol y para mí está en primer lugar, las otras cosas van después”, expresó durante su presentación con el Colo-Colo. “Es agradable sentirse como una especie de embajador, pero quiero dejar claro que lo que logramos fue un esfuerzo colectivo”, comenta desde el balcón de la humildad.
La contradicción es que Vozinha no se siente cómodo siendo una celebridad, pero a la vez puede aprovechar esa notoriedad para hacer visible al país al que representa. “Hicimos historia y lo mejor sería poder aprovechar ese impulso para desarrollar nuestro país y mejorar las condiciones de vida de nuestra gente”, prosigue.
Aún tiene tiempo para escribir algún que otro célebre capítulo. Antes del Mundial y ante la extinción de su contrato con el Chaves había barajado colgar los guantes. Pero en julio decidió prolongar su carrera. Pretende jugar “uno o dos años más, incluso quizá tres”.
El fútbol le dio lo que cualquier jugador sueña: reconocimiento, una actuación inolvidable y una oportunidad de rendir en un escenario mayor. Sin embargo, también le privó aquello que ahora valora aún más: el anonimato y su privacidad. “Mucha gente quiere ser famosa y tener una presencia pública, pero solo ven el lado positivo de esa realidad”. Porque la vida después de la fama no tiene por qué ser mejor. Al menos, no para Vozinha, un tipo sencillo al que un partido de fútbol le transformó. Este es el reflejo de su experiencia.