La fuga del excandidato presidencial ultraderechista Flávio Bolsonaro hacia EE.UU. tras ser derrotado en la segunda vuelta electoral por Luiz Inácio Lula da Silva, ha desatado una profunda sacudida política y judicial en Brasil. El senador, de 45 años, abandonó el país desafiando una orden directa del Tribunal Supremo que le prohibía salir del territorio nacional y le exigía entregar sus pasaportes en un plazo máximo de 24 horas. La fuga se produjo tras una jornada dominada por el hermetismo, la confusión entre sus propios aliados y una maniobra clandestina a través de las fronteras sudamericanas.
El desencadenante del incidente fue la petición de la Policía Federal al magistrado Alexandre de Moraes para aplicar medidas cautelares contra el legislador por una causa bajo secreto de sumario. Pese a publicar un vídeo en sus redes afirmando que "nunca" pensó en huir, que se defendería de una "aberración" y que entregaría sus documentos, los pasaportes tuvieron que ser cancelados por las autoridades al vencer el plazo. Para entonces, la ruta de escape ya estaba en marcha. Tras informaciones contradictorias e incluso desmentidos de su entorno que tachaban la huida de "mentira", la Dirección Nacional de Migraciones de Argentina confirmó que el excandidato, su esposa Fernanda y sus dos hijas cruzaron la frontera terrestre por el puente Tancredo Neves en Puerto Iguazú.
Poco después de su ingreso en Argentina, la familia abordó un vuelo privado en un avión Gulfstream G400 con destino a la ciudad ecuatoriana de Guayaquil, desde donde continuaron el trayecto hasta aterrizar en el aeropuerto Opa Locka de Miami. La llegada a suelo estadounidense contó con el respaldo expreso de la Administración de Donald Trump, quien tildó las elecciones brasileñas de "fraudulentas" y aseguró: "Creo que son buenas personas; por supuesto aprobaría que estuviesen aquí".
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Desde Brasilia, el presidente reelecto Luiz Inácio Lula da Silva calificó la marcha de su rival como "vergonzosa" y aseguró que "quien no debe, no teme, por lo que quien sale escondido de su país, debe alguna cosa". Tras recordar que él mismo decidió permanecer en Brasil durante sus propios procesos para probar su inocencia, el oficialismo reaccionó solicitando a la justicia la prisión preventiva del senador y su inclusión en la lista de alerta roja de Interpol.
Las investigaciones
Flávio Bolsonaro afronta dos investigaciones en la Corte Suprema por blanqueo de capitales, corrupción y evasión de divisas. La primera aborda la presunta financiación ilegal de una película sobre su padre a través del banquero Daniel Vorcaro, a quien solicitó 134 millones de reales a través de varios audios que han sido interceptados. La segunda causa se centra en un entramado por supuesto lavado de dinero, que está bajo secreto de sumario, vinculado al mundo de las apuestas deportivas operado por su amigo Willer Tomaz. Además, Bolsonaro arrastra sombras por sus antiguos nexos con grupos paramilitares en Río de Janeiro y denuncias sobre la contratación de funcionarios "fantasma" durante su etapa como diputado en esta misma ciudad, con el objetivo de quedarse con parte del salario de estos.
Con esta fuga, el senador se suma a una extensa lista de figuras bolsonaristas refugiadas en el exterior para esquivar condenas judiciales. Entre ellos destaca su hermano Eduardo Bolsonaro, quien reside en EE.UU. tras ser condenado por coacciones a la justicia y difamación. También se encuentran en el extranjero el exdirector de la inteligencia brasileña Alexandre Ramagem y la exdiputada Carla Zambelli, mientras que el exdirector de la Policía de Carreteras Silvinei Vasques fue detenido en Asunción en un intento fallido de huida.
Al perder la carrera presidencial y no revalidar su escaño en la Cámara Alta, Flávio Bolsonaro quedará sin cargo público por primera vez desde 2003, lo que dejará sus procesos en los tribunales sin el escudo institucional.