La desigualdad salarial entre hombres y mujeres no se reduce únicamente a la cantidad que se cobra por un determinado trabajo. También está relacionada con el tipo de empleo y de jornada al que acceden unas y otros y con una distribución de los cuidados que todavía no es igualitaria.
Las mujeres tienen una mayor presencia en el trabajo a tiempo parcial y continúan asumiendo una mayor carga de las tareas domésticas y del cuidado familiar, circunstancias que pueden repercutir en sus ingresos y en sus trayectorias laborales.
A esta realidad se suman las diferencias de renta procedente del trabajo que todavía existen entre hombres y mujeres. En Álava, los datos de Eustat reflejan esa distancia: en 2023, la renta media del trabajo fue de 11.820 euros entre las mujeres y de 17.541 euros entre los hombres.
El próximo 18 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Igualdad Salarial, una fecha que busca visibilizar las diferencias económicas que todavía existen entre mujeres y hombres en el mercado laboral.
Imagen de una protesta de las trabajadoras de limpieza en la puerta de la oficina de Correos de Pamplona
La brecha no se limita únicamente a la cantidad que se percibe por un determinado trabajo: también está relacionada con las condiciones en las que unas y otros desarrollan su vida laboral, con el tipo de jornada, la participación en distintos sectores y las interrupciones o reducciones de jornada vinculadas a las responsabilidades familiares.
En este escenario, las mujeres siguen asumiendo en mayor medida parte de las tareas de cuidados, una circunstancia que puede repercutir directamente en sus ingresos y en su trayectoria profesional. Con motivo de esta jornada, los datos de Eustat permiten poner el foco en Álava y analizar, con cifras, cuál es la situación de los ingresos procedentes del trabajo de mujeres y hombres y hasta qué punto persisten las diferencias entre ambos sexos.
“ La brecha no se limita únicamente a la cantidad que se percibe por un determinado trabajo: también está relacionada con las condiciones en las que unas y otros desarrollan su vida laboral, con el tipo de jornada, ... ”
La experiencia de Ainhoa –nombre ficticio para preservar su anonimato– pone rostro a una de las situaciones que pueden marcar la trayectoria laboral de una mujer después de ser madre. Tiene tres hijos y trabaja como enfermera en una residencia. Tras el nacimiento de su primer hijo, ella y su marido recurrieron a la ayuda de sus respectivas familias para poder mantener sus jornadas laborales.
Con la llegada del segundo hijo, Ainhoa redujo su jornada. Nueve años después, aquella decisión continúa condicionando su dedicación al empleo.
De hecho, con la llegada de su tercer hijo, dio un paso más y redujo su jornada hasta el 25%. En la práctica, trabaja únicamente algunas noches al mes.
Ainhoa asegura sentirse feliz con la organización familiar que ha elegido y no se arrepiente de haber tomado esa decisión. Pero su situación también evidencia el coste laboral y económico que puede acompañar a una reducción tan importante de la jornada: mientras su dedicación al empleo se ha reducido hasta una cuarta parte, su marido ha continuado desarrollando su carrera profesional hasta convertirse en jefe de una empresa.
Trabajadores en la sala de reuniones
¿DECISIÓN INDIVIDUAL?
El caso de Ainhoa no puede entenderse únicamente como una decisión individual. Los datos de Eustat muestran que las mujeres tienen una presencia mucho mayor que los hombres en las jornadas parciales. En Álava, en 2024, el 18,5% de las mujeres ocupadas trabajaba a tiempo parcial, frente al 8,4% de los hombres. La proporción femenina era, por tanto, más del doble que la masculina.
Pero incluso cuando se compara la remuneración por hora de trabajo, la diferencia entre hombres y mujeres no desaparece.
La diferencia también aparece cuando se compara la ganancia por hora de trabajo. Según el indicador de Eustat, la brecha salarial de género se situó en el 3,6 % en Euskadi en 2023, calculada a partir de la ganancia bruta media por hora normal de trabajo. Esto significa que la ganancia media por hora de las mujeres fue un 3,6 % inferior a la de los hombres. Al expresarse en términos de ganancia por hora, este indicador permite analizar las diferencias en la remuneración por cada hora de trabajo, en lugar de comparar únicamente los ingresos acumulados a lo largo del año.
En Álava, la diferencia también se refleja en los ingresos procedentes del trabajo. Las mujeres alavesas tuvieron en 2023 una renta media del trabajo de 11.820 euros, frente a los 17.541 euros de los hombres, una diferencia de 5.721 euros. Los datos de Eustat muestran así una distancia significativa en la renta procedente del trabajo entre ambos sexos. Esta diferencia se mantiene pese a la evolución de los ingresos y refleja una desigual distribución de la renta.
Por último, cabe destacar que la brecha salarial entre hombres y mujeres no es igual en todos los territorios ni en todas las actividades económicas. En Euskadi alcanza el 16,47 %, una cifra inferior al 17,09 % registrado de media en el conjunto del Estado. La diferencia salarial es mayor en determinados colectivos y situaciones laborales, especialmente entre las personas de mayor edad y también entre las más jóvenes, en el sector privado, en los empleos a tiempo parcial y entre la población extranjera. Los últimos datos de la Encuesta de Estructura Salarial, correspondientes a 2022, sitúan en el 17,09 % la diferencia salarial media entre hombres y mujeres.