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En otro mundo, quizás incluso en otro siglo, el grupo getxotarra Smile estaría encabezando festivales de aquí a final del verano. Pero, por lo que sea, su camino en el pop ha sido otro. Sus canciones pegadizas, soleadas y que tienen el potencial suficiente como para sonar sin parar en las emisoras de radiofórmula, se han quedado suspendidas en un limbo, a medio camino entre el indie y el mainstream.
Chispa, de nuevo cantado íntegramente en castellano, es su sexto álbum en dos décadas de trayectoria. Nueve canciones de pop-folk luminoso que cuentan sencillas historias sobre el verano, el amor y el desamor, y que parecen reflejar la vida cotidiana del líder de Smile, John Franks. El cantante y guitarrista de origen británico atiende a la entrevista el día después de haber tocado con su banda, como lo llevan haciendo desde 2023, en la terraza Fangaloka de Getxo en la noche de San Juan.
¿Ir a Fangaloka es como el pistoletazo de salida del verano?
-La noche de San Juan siempre ha sido muy importante para mí. Yo era un mal estudiante y, en mi caso, significaba el comienzo de una libertad durante dos meses y pico en la que, de alguna manera, me olvidaba de las obligaciones del colegio. Era el pistoletazo de salida a mi libertad. Y recuerdo llegar a casa y tirar la cartera y quemar incluso cosas del colegio en la hoguera. Además, para nosotros, que somos muy surfistas, el verano suponía poder pasar días enteros en la playa. Hace unos cuatro años que tocamos en el Fangaloka en la noche de San Juan. Esta vez cayó en martes, un día arriesgado porque al día siguiente hay que trabajar, pero queremos mantener esta fecha porque la llevamos muy dentro y nos apetece siempre celebrarla.
El escritor y guionista Ennio Flaiano decía que “el verano es tan hermoso que el resto de las estaciones giran a su alrededor”.
-Vivimos en un sitio en el que cada estación tiene su propia personalidad. Personalmente, me encanta el otoño; no te voy a decir que me gusta más que el verano, pero sí que tiene las mejores olas. Pero, para Smile, el verano es siempre especial; sobre todo, desde que nos hemos sacado de la manga el Chiringuito Tour, que nació de una manera muy natural y que nunca nos habíamos planteado que iba a ser lo que, al final, nos iba a salvar como grupo. Es nuestro periodo más potente de conciertos. Tocamos tanto o más que cuando estábamos en el punto de mira de las discográficas como posible banda emergente. Ahora que ya no somos adolescentes, nos ha devuelto un poco a aquel espíritu de los inicios en cuanto a emociones fuertes y momentos de máxima felicidad. Estamos viviendo cosas que ni siquiera vivimos cuando éramos adolescentes.
Jack Johnson es de Hawái y Smile y McEnroe, de Getxo. El lugar de origen es importante.
-Mucho. En la margen derecha siempre ha habido mucha cultura musical con influencias británicas y americanas, sobre todo. Aquí, en los 90, surgieron un montón de bandas que emulaban al pop underground anglosajón (Sonic Youth, The Pixies, Teenage Fanclub) y, quieras que no, a nosotros nos ha influido. En nuestra juventud, en el Gwendolyne y la Facto programaban a bandas guapísimas y había muchísima efervescencia musical. Y yo, que estudiaba Bellas Artes y tenía mucho tiempo libre, iba a todos los conciertos que podía. Todo esto te va calando.
Canta a la playa de Laguna en California, el vídeo de Chispa está grabado en la playa asturiana de Verdicio… Toca mojarse y elegir una playa favorita en Euskadi.
-Aizkorri, sin ninguna duda.
Muy cerquita de casa.
-Aparte de que es una playa muy particular porque tiene unas dunas con hierba que la hacen única, he ido mucho y hemos hecho un montón de videoclips ahí. Es la típica playa a la que recurro para hacer cosas y siempre la he tenido muy dentro de mi corazón.
Sonrisas en el chiringuito de la playa
A los miembros de Smile, como a tantas otras bandas desde los Beach Boys hasta los californianos Allah-Las, uno de los estandartes actuales del rock de nostalgia sesentera, les chifla el surf y el estilo de vida que lo rodea. Por eso, quizás era cuestión de tiempo que los getxotarras se buscaran las habichuelas sin alejarse demasiado de la costa.
En su gira Chiringuito Tour 2026, que empezó a finales de mayo y se extiende, de momento, hasta finales de septiembre, la gran mayoría de los conciertos que dan por toda la península se celebran con la brisa del mar como telón de fondo y compañero inseparable. Y para el que aún no lo sepa: las actuaciones de Smile hacen honor a su nombre y son siempre una auténtica fiesta, una celebración gozosa de hora y media de duración.
Muchas de las letras del disco son de desamor, pero la música, quitando en Ni más ni menos, es más bien movida y alegre. ¿Ese contraste es deliberado?
-Siempre ha sido así. De hecho, nos suelen tachar de grupo superoptimista y superalegre, algo que forma parte de lo que nos define como banda, pero no es lo único. City Girl (lanzado en 2013 como sencillo de su álbum Out of Season), que tuvo cierta repercusión en su momento, ya era una canción de desamor. Do as I Want, que fue el single del segundo disco (All Roads Lead to the Shore, 2011) es otra canción que parece alegre porque suena un ukelele y vuelve a hablar de desamor. Este contraste es una constante en nuestra música, porque no nos apetece hacer algo que sea tan triste y oscuro. Tratamos de compensar unas letras más apagadas con una música luminosa y no caer así en la penumbra.
Siguen reivindicando el ukelele después de que los músicos indies hicieran bandera de él hace 15 años. ¿Es un pequeño gran instrumento?
-El ukelele sobre todo lo utilizamos en directo, en unas cuatro o cinco canciones. En el indie tuvo su momento de apoteosis y luego se empezó a abusar de él en anuncios buenrolleros de cervecitas, donde se desvirtuó al pobre instrumento y hubo mucha gente que le cogió paquete. Nosotros seguimos siendo fieles al ukelele porque nos parece un instrumento maravilloso. A mis amigos les digo que George Harrison lo usaba mucho antes de que saliera hasta la sopa en televisión.
De este disco han dicho que “no se trata de volver atrás. Se trata de no dejar de vibrar hacia adelante”. ¿Qué te da y te quita el paso del tiempo?
-Con el tiempo algunas cosas pueden costar más, sobre todo en el plano físico. Pero creo que es un cliché pensar que, a medida que nos vamos haciendo mayores, perdemos la capacidad de emocionarnos. Aunque ya no podamos disfrutar de la novedad de la primera vez, tenemos que esforzarnos por seguir emocionándonos. Hay que estar más despiertos psicológicamente, más abiertos a lo que nos rodea, y estar dispuestos a que las cosas nos sigan tocando el alma.
¿El secreto de la supervivencia del grupo es que simplemente son unos amigos que se lo pasan bien encima de un escenario?
-Nos encanta tocar y nos encanta salir de gira. Pero es que nos gusta todo el proceso, que al final se convierte en una especie de Gran hermano; una convivencia pura y dura en la que compartes todo con tus compañeros.