Cuando Kimi Antonelli dio el salto a la Fórmula 1 fueron multitud las voces que cuestionaban la apuesta de Toto Wolff, jefe de Mercedes, por su juventud. Para todos esos detractores, el riesgo era demasiado elevado para una escudería destinada a seguir relacionándose con el éxito. El italiano era el escogido para suplir nada y nada menos que a Lewis Hamilton, el piloto más laureado de todos los tiempos, el que encabeza las estadísticas de mayor prestigio. Con su salto a la Fórmula 1, el piloto de Bolonia había quemado etapas a un ritmo insospechado. Y ahora, en su segunda temporada en la máxima competición del automovilismo y a una edad en la que la gran mayoría de los pilotos siguen buscando su lugar en la categoría, puede presumir de ser el campeón más joven de la historia a sus 20 años y 68 días. Antonelli ha borrado el récord de precocidad establecido por Sebastian Vettel en 2010, a sus 23 años y 134 días. Además, ha devuelto a Italia a lo más alto 73 años después de que lo hiciera Alberto Ascari. Datos que reflejan la magnitud de la hazaña lograda por un chico al que pocos podían situar durante la pasada pretemporada como gran candidato a ceñirse la corona.
Para comenzar, al arrancar el curso Antonelli no sabía lo que era ganar una carrera de Fórmula 1; su mejor resultado era una segunda posición y a lo largo de todo el 2025 había subido en tres ocasiones al podio. “El Kimi de 2026 está más preparado. Hemos mirado atrás para entender qué fue bien y qué fue mal, y eso ayudó a marcar objetivos para este año”, descubrió el pasado invierno. En ningún momento se situó como candidato al título en un curso que, por otra parte, introducía enormes novedades con el cambio de reglamentación. La parrilla se adentraba en un mundo inexplorado donde la electrificación ganaba trascendencia.
“Va a ser una pelea ajustada”, auguró al cierre de los test, antes de amanecer el periodo de repartición de puntos. Nada más lejos de la realidad. La transformación de Antonelli ha sido bestial. Ha erradicado a la competencia como si llevara toda una vida al volante. Pocas veces se ha podido contemplar semejante inexperiencia mezclada con tal grado de madurez.
Un perfil discreto
Antonelli permaneció muy poco en un segundo plano. Fue segundo en la primera carrera, superado por su compañero, George Russell, señalado como principal candidato a campeón gracias a las bondades de un Mercedes que pronto dio muestras de su superioridad. En la segunda cita del calendario inició una secuencia de cinco victorias. Su talento brillaba a ojos del mundo. Y más importante aún: acreditaba que su candidatura era real gracias a su capacidad para imponerse en diferentes contextos.
En la tercera parada del campeonato se alzó como nuevo líder. Desde entonces ha defendido con honores su condición. Ante cualquier adversidad, el boloñés ha maximizado su rendimiento. No parecía que a bordo del monoplaza viajara un recién salido de la adolescencia, sino alguien curtido en mil batallas. Tampoco tropezó con la tensión; bailó con ella. Apenas ha tenido algún fallo propio de los noveles. Detalles de su regularidad son que es el piloto con menos abandonos de la temporada, solo uno e igualado, qué ironía, con Hamilton, y que ha rubricado la friolera de dieciséis podios.
Pero además también es el piloto con más victorias, hasta nueve ha firmado en diecinueve carreras. De los pilotos en activo, ya es el quinto con más triunfos, situándose a la zaga de Hamilton (73), Max Verstappen (53), Fernando Alonso (32) y Lando Norris (13). Precisamente este último es quien cede el testigo a Antonelli como nuevo monarca del Gran Circo.
Criado en el motor
La historia de Antonelli comenzó mucho antes de que Mercedes lanzara su red. Creció en una familia ligada a la competición. Su padre, Marco, fue piloto de turismos y propietario de un equipo, por lo que los circuitos y el mundo del motor formaron parte de su infancia.
El joven Kimi encontró temprano su espacio en el karting. Allí comenzó a exhibir una velocidad que no pasó inadvertida para los responsables de las principales estructuras de formación. Mercedes lo incorporó a su programa de jóvenes pilotos en abril de 2019, cuando contaba con doce años. Fue campeón europeo en 2020 y 2021.
La escudería de Brackley llevaba tiempo buscando talentos capaces de garantizar su futuro y encontró en el italiano un proyecto que merecía atención. Su progresión justificó aquella apuesta. Antonelli no necesitó acumular temporadas para demostrar que estaba preparado para dar el siguiente paso. En las categorías inferiores fue encadenando éxitos con una naturalidad poco habitual.
En 2022 conquistó los campeonatos italiano y alemán de Fórmula 4. En el primero logró once victorias, mientras que en el segundo sumó otras nueve. La temporada siguiente amplió su dominio a la Fórmula Regional, con los títulos de Oriente Medio y Europa, dos campeonatos que confirmaron su capacidad para adaptarse a distintos coches, circuitos y condiciones de competición. Su nombre empezó a sonar en las conversaciones sobre el futuro de la Fórmula 1.
El salto a la Fórmula 2 llegó en 2024. Terminó sexto en la general, con dos victorias, en Silverstone y Budapest, y cuatro podios. No fue una temporada de dominio, pero sí una experiencia suficiente para que Mercedes mantuviera su confianza. La decisión estaba tomada: pasaría directamente al siguiente escalón, la Fórmula 1.
La oportunidad definitiva apareció con la marcha de Hamilton a Ferrari. El asiento que dejaba libre el heptacampeón era uno de los más codiciados. Mercedes podía recurrir a un piloto experimentado o apostar por el talento que llevaba años formando en su propia estructura. Wolff eligió la segunda opción. Antonelli tenía 18 años y debía compartir garaje con Russell, un piloto consolidado.
La decisión generó expectación, pero también interrogantes. El italiano llegaba a un equipo que había conquistado ocho campeonatos de constructores consecutivos entre 2014 y 2021 y que conocía perfectamente la exigencia de competir por los puestos de cabeza. Su margen de adaptación era reducido.
Antonelli, a bordo del Mercedes en México.
En México llega la culminación
En 2026 ha llegado la confirmación. El Gran Premio de México, con aún cuatro carreras por disputarse, proyectó a un Antonelli campeón. El italiano tenía que finalizar entre los nueve primeros y acabó tercero, por detrás de Verstappen, que plasmó la tercera victoria del año, y Hamilton, segundo. Nada más proclamarse el italiano, estalló en sollozos. No podía contener las lágrimas. Solo Juan Manuel Fangio, Jacques Villeneuve y Hamilton lograron ser campeones en su segundo año. “Lo hemos conseguido. Sin Mercedes y mi familia no estaría aquí. Estoy agradecidísimo. Estoy sin palabras, intentando procesarlo todo. Es increíble. Ahora con ganas de más peleas en el futuro”, acertó a decir, confesando que “este fin de semana he estado un poco más tenso”.
La dimensión de su temporada se entiende mejor al atender al contexto de su edad y experiencia. Su evolución ha sido acelerada, pero no improvisada. Detrás del campeón hay años de formación, una estructura que ha acompañado cada etapa de su desarrollo y una decisión de Mercedes que exigía convicción para colocarle en uno de los asientos más exigentes.
También ha tenido que convivir con una presión que no es sencilla de gestionar. La atención sobre su figura ha crecido al mismo ritmo que sus resultados. En ese escenario, el joven de sonrisa angelical y rostro de no haber roto un plato, ha ido construyendo su propia identidad, sin limitarse a ocupar el espacio de Hamilton. Antonelli ha llevado a Mercedes a celebrar un título que confirma el acierto de su apuesta por la cantera. Ha llegado antes que nadie al título y ha devuelto a su país a un lugar que llevaba más de siete décadas esperando.
Aquel niño que Mercedes incorporó a su programa en 2019 ya no es una promesa. Kimi Antonelli es campeón del mundo de Fórmula 1. Y ahora la cuestión es: ¿hasta dónde podrá llegar este joven talento?