Actualizado hace 2 minutos
Hubo un tiempo en el que quedarse en casa parecía casi un mal plan, una pérdida de tiempo. Salir, viajar, encadenar una actividad con otra y tener una agenda muy apretada era sinónimo de éxito social. Sin embargo, algo ha cambiado y hoy, cada vez más personas encuentran placer precisamente en lo contrario: bajar el ritmo, cerrar la puerta y disfrutar de su propio refugio. A eso se le llama Home Cocooning y muchos llevan años practicándolo sin saber que tenía nombre.
Un lugar donde estar bien
El término Cocooning procede de la palabra inglesa cocoon (capullo) y fue acuñado en los años ochenta por la analista de tendencias Faith Popcorn. Ya entonces predijo que los hogares ganarían protagonismo en la vida cotidiana y no iba desencaminada. Internet, las plataformas de entretenimiento y la pandemia del coronavirus terminaron de convertir la casa en algo más que un lugar donde vivir.
Según el informe The New Habitat 26-27, elaborado por APE Grupo junto a diferentes organizaciones, vivimos “una nueva forma de concebir el espacio doméstico”, adaptado no solo a necesidades prácticas, sino también emocionales. Porque el Home Cocooning no consiste solo en decorar bonito, sino en crear espacios que nos hagan sentir bien, casas en las que apetezca cocinar sin prisas, leer un rato después de cenar o simplemente sentarse en silencio con una luz tenue y una manta suave.
Una mujer toma una bebida caliente sentada en un sofá.
Casas con menos estímulos
La clave de esta tendencia está en las sensaciones que el hogar transmite, por lo que la luz cálida, los tejidos agradables, el orden visual o el silencio importan cada vez más. Queremos casas funcionales, prácticas, flexibles y cómodas, pero también acogedoras y personales que se adapten perfectamente a nosotros.
La neurocientífica Nazareth Castellanos, autora del libro El puente donde habitan las mariposas, habla además del poder del silencio como una especie de “gimnasio para la mente”. No se trata de vivir callados, sino de reducir el exceso de estímulos con recursos como unas cortinas gruesas, una alfombra o unos cojines capaces de amortiguar el sonido y hacer que la casa respire calma.
Detalle de una decoración cálida y acogedora para un salón.
El objetivo no es tener una casa de catálogo, pero es esencial evitar el caos visual porque mientras un entorno abarrotado mantiene al cerebro en alerta constante, los espacios despejados ayudan a liberar tensión.
Luz, color y materiales
La iluminación es otro de los pilares del cocooning. La luz natural es la gran protagonista de día con ventanas despejadas, cortinas ligeras y colores suaves que la dejen pasar, y al caer la tarde, es el momento de las lámparas indirectas, las velas y los puntos de luz cálidos que ayudan al cuerpo a entender que toca descansar.
En cuanto a los colores, dominan los tonos neutros cálidos, los tierra, los verdes suaves y los azules apagados que transmiten calma y seguridad. Esto no quiere decir renunciar a tonalidades más intensas y es que la clave está en el equilibrio y en elegir una paleta con la que uno se sienta identificado.
A la hora de amueblar y de decorar, los materiales también importan. La madera aporta calidez inmediata; las fibras naturales, sensación de refugio; y los textiles mullidos convierten cualquier rincón en un lugar donde pasar un buen rato. El sofá vuelve a ser el rey de la casa y los dormitorios buscan parecer pequeños hoteles tranquilos donde descansar de verdad.
Y qué decir de los aromas: los olores a limpio, a flores suaves o a madera ayudan a crear esa sensación de bienestar casi instantánea que hace que, al entrar en casa, el cuerpo se relaje.
Los expertos recuerdan, no obstante, que el Home Cocooning funciona cuando es una elección saludable y equilibrada. Disfrutar de la casa no significa aislarse del mundo ni renunciar a la vida social, sino convertir el hogar en un espacio donde recargar energía.