Vida y estilo

Gurutze Díez, experta en inteligencia emocional: “No podemos pretender estar bien todo el tiempo”

Gurutze Díez, autora de ‘Volver a ti’, propone detenerse, escuchar al cuerpo y dejar de luchar contra las emociones para recuperar el contacto con una misma. Su propia experiencia con el cáncer, el duelo y una profunda crisis personal marcó un punto de in
Gurutze Díez es experta en inteligencia emocional. / G.D.

Gurutze Díez conoce de cerca lo que significa vivir en piloto automático. Una enfermedad, el cáncer que sufrió con 28 años, la obligó a detenerse y a hacerse preguntas que hasta entonces había ido posponiendo. Aquella experiencia marcó un antes y un después en su vida y también en su trayectoria profesional. Formada en inteligencia emocional, neuropsicología y trabajo somático, hoy acompaña a personas y empresas en procesos relacionados con el bienestar emocional. En su libro Volver a ti propone un viaje hacia el autoconocimiento basado en algo tan sencillo, y tan difícil, como parar y escucharse.

QUIÉN ES

Gurutze Díez Rodrigo es experta en inteligencia emocional y formadora en bienestar y gestión emocional. Su trayectoria comenzó vinculada a la educación, donde desarrolló el proyecto Siente, una iniciativa de educación emocional y atención plena para el ámbito educativo. Tras su propia experiencia con el cáncer, a los 28 años, orientó buena parte de su formación y actividad profesional hacia el conocimiento y acompañamiento de los procesos emocionales. Se ha formado también en neuropsicología, mindfulness y trabajo corporal, y actualmente desarrolla formaciones y programas de bienestar emocional y gestión del estrés para diferentes contextos laborales. Es autora de Volver a ti, un libro que plantea parar, escucha el cuerpo y salir del piloto automático.

Vivimos con la sensación de no llegar a todo. ¿Estamos normalizando demasiado el agotamiento?

Sí. Creo que lo vivimos como parte natural de nuestro día a día, como algo que le está pasando a la mayoría de la sociedad, nos hemos acostumbrado a trabajar y a vivir a un ritmo que no es saludable.

¿Cuándo deja el estrés de ser una respuesta normal ante determinadas circunstancias y empieza a convertirse en un problema?

Cuando nos estresamos ya por todo; vivimos en una sociedad en la que parece que cualquier situación que nos hace sentir mal no está normalizada. Huimos del miedo, de la tristeza y del dolor porque no tenemos herramientas para gestionar esas emociones. En algunas sesiones me ha pasado que llega una persona con un proceso normal de tristeza y lo que quiere es que le dé una pastilla para dejar de sentirse así, pero creo que parte del proceso de estar bien consiste precisamente en transitar también esa parte incómoda.

¿Por qué nos cuesta tanto parar incluso cuando sabemos que debemos hacerlo?

Porque estamos metidos en un río, en una vorágine de trabajo y de obligaciones; salir del piloto automático muchas veces es muy difícil. El río te lleva, y un día paras y dices ¿Cómo he llegado hasta aquí? Lo ves, pero muchas veces no tenemos herramientas para poder parar. Y hay otro factor importante que es el miedo que hace que todo se bloquee todavía más. Puede ocurrir con un cambio de trabajo, con una relación de pareja que no funciona... Aunque sepamos que estamos mal, el miedo puede impedirnos salir de esa situación.

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¿Qué señales nos está dando el cuerpo cuando llevamos demasiado tiempo funcionando al límite?

Hay señales corporales muy claras: la respiración, la tensión muscular, los problemas de estómago, el insomnio... También podemos estar más reactivos, por ejemplo, con el enfado; el cuerpo nos está dando información constantemente y tenemos que aprender a escucharlo. Además, hay otras muchas señales interiores.

¿Qué diferencia hay entre estar cansado, estar estresado y encontrarse realmente en una situación de agotamiento emocional?

El cansancio normal desaparece cuando descansas y no te genera dificultades en tu día a día; no hay una señal de alerta que te diga que está pasando algo. Con el estrés empiezas, por ejemplo, a dormir peor, a estar más reactivo, a sentir que algo está cambiando; en el agotamiento emocional hay una línea muy fina que puede acercarte a una depresión, ya que no te permite ser funcional. En numerosas ocasiones el estrés sostenido acaba trayendo otros problemas, desde una depresión hasta una enfermedad somatizada.

En su caso, la enfermedad supuso un punto de inflexión. ¿Qué ocurrió?

Cuando tuve cáncer, con 28 años, el médico me preguntó si me había pasado algo. Hasta entonces nunca había asociado algo traumático con una enfermedad y aquella pregunta me hizo pensar; la enfermedad me obligó a parar. Yo estaba en plena vorágine y, de repente, el oncólogo te dice que tienes que parar. Recuerdo estar en la cama, mirando al techo de la habitación de mi madre, y tener una sensación muy clara: me había metido en una vida que era la que tocaba, pero de una manera consciente no sabía qué quería hacer. Ahí se abrieron muchas preguntas y empecé a encontrar respuestas. Ha sido un proceso de dejar de posponer, de poder reinventarme y de abrir puertas.

Se habla mucho de ansiedad. ¿Sabemos identificarla o estamos llamando ansiedad a cualquier malestar?

A cualquier malestar. No venimos de una cultura en la que se nos haya enseñado a gestionar las emociones. Queremos una pastilla que nos quite aquello que estamos sintiendo, pero una parte del proceso de sanar y de estar bien es transitar esa parte incómoda.

¿Qué significa realmente escucharse?

Para mí tiene mucho que ver con preguntarte quién eres y qué quieres. Durante muchos años estuve cuidando a los demás: a mis padres, a mis hijos... Soy muy cuidadora y siempre estaba dándome a todo el mundo, pero olvidándome de mí, incluso había una desconexión de mí como mujer. Parar fue poder preguntarme ¿Quién soy yo? ¿Qué quiero? A veces necesitamos una crisis existencial para hacernos esas preguntas; en mi caso, la enfermedad fue esa parada obligatoria.

¿Se puede aprender a gestionar las emociones?

Yo hablaría más de aprender a no luchar contra ellas; mi enfoque es dejar de luchar. Si estoy triste, puedo darme espacio para llorar, la cuestión es preguntarme hasta qué punto voy a dejar que el miedo tome el volante de mi vida, las emociones están ahí y podemos aprender a relacionarnos con ellas de otra manera. Muchas veces queremos quitarnos inmediatamente el malestar, por eso en el libro propongo más bien transitarlo, darle espacio.

¿Qué papel desempeña la resiliencia? ¿Se nace con ella o puede entrenarse?

El ser humano tiene una capacidad de resiliencia brutal que muchas veces no conocemos hasta que nos pasan cosas importantes. Si hace años me hubieran dicho que iba a vivir determinadas pérdidas, probablemente habría pensado que no podría soportarlo, pero somos capaces de seguir adelante porque ocurre algo, esa capacidad de resiliencia se activa si queremos salir adelante.

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¿Existe el riesgo de convertir la resiliencia en otra exigencia: tienes que ser fuerte, tienes que superar lo que te ocurre?

Sí, y creo que es importante diferenciar resiliencia de obligación de estar bien. No se trata de tener que ser fuerte todo el tiempo ni de superar rápidamente aquello que nos ocurre. Precisamente por eso defiendo la necesidad de normalizar las emociones y humanizarlas. Habrá momentos de tristeza, de dolor o de miedo. Lo importante es poder transitarlos sin culpa.

Su experiencia vital fue determinante para orientar su trayectoria profesional. ¿Qué aprendió de aquella etapa?

Lo he aprendido todo; ha sido una etapa fundamental y no cambiaría lo que ha pasado. Ojalá estuviera mi madre, por supuesto, pero en cuanto a la enfermedad he aprendido muchísimo; ha cambiado mi filosofía de vida porque he aprendido a vivir más en el presente y a no dar importancia a cosas que realmente no la tienen. Para mí, algo importante es irme bien a la cama, en paz, y cuidar a la gente que quiero. Mostrar el amor en el día a día, además profesionalmente tengo una certeza interna: si yo he podido transitar determinadas situaciones, otras personas también pueden. Haber pasado por ello me permite entender mejor los procesos de los demás y ayudarles a transitarlos sin culpa.

¿Cuál es el error más habitual cuando intentamos gestionar el estrés por nuestra cuenta?

Buscar un estado permanente de bienestar; la gente quiere estar bien todo el tiempo y eso no existe. Lo que podemos conseguir es relacionarnos mejor con lo que nos pasa. Puede haber tristeza y dolor, pero no tiene por qué existir el mismo nivel de sufrimiento. Tenemos una expectativa demasiado alta de lo que significa estar bien. Me gusta decir que nunca vamos a conseguir estar bien todo el tiempo, debemos de salir de esa dualidad entre estar bien y estar mal, ya que habrá momentos de calma y momentos incómodos, y todos forman parte de la vida.

¿Qué papel juegan las redes sociales y la sobreinformación en todo esto?

La cantidad de estímulos constantes y la sobreinformación son una bomba de relojería para el estrés ya que recibimos información continuamente y, además, muchas veces es contradictoria. Por eso es importante tener momentos sin teléfono, desconectar de las pantallas y recuperar también el contacto con la naturaleza; cada vez estamos más aislados de ella.

¿Qué pueden hacer las empresas para no limitarse a organizar talleres de bienestar mientras mantienen entornos que generan estrés?

Esta es la clave; no se trata simplemente de que las empresas hagan talleres. Lo que deben hacer es aprender a generar entornos que no provoquen ese estrés constante; no busco ser un ibuprofeno para las empresas. Hay que ir a la raíz, analizar qué está provocando ese estado y hacer cambios prácticos para que las personas no vivan continuamente al límite.

¿Y qué pretende aportar Volver a ti a una persona que siente que lleva demasiado tiempo viviendo en piloto automático?

Sobre todo, ejercicios prácticos que permitan reflexionar y encontrarse con uno mismo. Es un viaje. El libro está dividido en varios bloques, el primero tiene que er con ese despertar, con empezar a ver cosas que quizá hasta entonces no veíamos; el segundo invita a escuchar lo que sentimos y dar espacio a emociones como la rabia, el asco o el miedo; después, está el cuerpo, volver a él, identificar sus señales de alerta y aprender a hacer pausas. Yo, por ejemplo, me ponía una alarma y hacía un par de respiraciones. Con toda esa información, podemos preguntarnos en qué punto estamos y qué queremos hacer. Es un viaje hacia una misma.

¿Para quién puede convertirse su libro en ese primer paso para detenerse y empezar a escucharse?

Para cualquier persona que quiera comprenderse un poco más, conocerse y dar el primer paso hacia un cambio. Aunque cada vez hay más hombres, las mujeres estamos especialmente en este proceso, porque muchas veces hemos aprendido a cuidar de los demás antes que de nosotras mismas. Volver a ti es para cualquier persona que quiera parar, escucharse y empezar a preguntarse qué necesita realmente.

03/10/2026