Actualizado hace 4 minutos
¿Qué hay de cena? La pregunta que puede provocar el caos en una casa. Piensas. Abres la nevera. La cierras. Piensas. Abres el armario de las conservas. Lo cierras. Vuelves a pensar. Hay salida. Abrir la nevera y encontrar medio limón, un tomate solitario, botes de salsas, media lechuga y un yogur no ayuda demasiado. Pero tampoco hace falta tener una despensa de chef. La clave está en contar con algunos productos comodín que, combinados entre sí, permitan improvisar una cena en pocos minutos. Huevos, conservas, legumbres cocidas, verduras, tortillas de trigo, queso o arroz ya preparado pueden convertirse, con cuatro gestos, en mucho más que una solución de emergencia.
La cocina es imaginación. Un huevo puede ser una tortilla, un revuelto o el acompañamiento de una tostada; un bote de garbanzos puede acabar convertido en ensalada, hummus improvisado o salteado; una lata de bonito puede completar desde una ensalada hasta un wrap.
La fórmula es sencilla: combinar una fuente de proteínas, un alimento que aporte hidratos y algún vegetal, y completar con aceite de oliva, especias, frutos secos, queso o una salsa sencilla. A partir de ahí, las posibilidades se multiplican. No se trata de cocinar todos los días una receta diferente, sino de aprender a mirar los ingredientes de otra manera. Y estas son nuestras 4 propuestas.
HUEVOS: NUNCA FALLAN
Pocos alimentos ofrecen tanto a cambio de tan poco tiempo. Una tortilla francesa puede convertirse en una cena si se acompaña de una ensalada y una rebanada de buen pan. Pero también admite espinacas, champiñones, queso, tomate, calabacín o unas sobras de verduras.
En 10 minutos: tortilla de dos huevos con espinacas y queso con tomate (natural, triturado o frito).
Huevos revueltos.
LAS SOCORRIDAS LATAS
Bonito, atún, caballa, sardinas o anchoas tienen una virtud evidente: no necesitan cocina. Abrir una lata y combinarla con tomate, cebolla, pimientos, huevo cocido, aceitunas y pan puede resolver una cena en cuestión de minutos.
También permiten salir de la clásica ensalada. Una tortilla de trigo rellena de atún, queso, tomate y hojas verdes se convierte en una especie de wrap; el bonito puede acompañar a un arroz blanco ya cocido o que ha sobrado y unas verduras; las anchoas pueden transformar una simple tostada.
En 5 minutos: pan tostado + tomate rallado + bonito + aceite de oliva.
Latas de atún junto a unas tortitas de arroz.
LEGUMBRES EN BOTE
Durante mucho tiempo las legumbres estuvieron asociadas a largas horas de cocción: al puchero. Los botes de garbanzos, lentejas o alubias han cambiado esa ecuación. Bien escurridas y enjuagadas (muy importante esto último), son una base estupenda para una cena rápida.
Garbanzos, tomate, pimiento, cebolla y bonito forman una ensalada completa. Las lentejas pueden mezclarse con verduras salteadas y un huevo. Y los garbanzos, triturados con aceite de oliva, limón y especias, permiten preparar un hummus casero en unos minutos.
En 7 minutos: garbanzos + tomate + cebolla morada + bonito + aceite de oliva.
Ensalada de garbanzos
VERDURAS YA CORTADAS
Las bolsas de ensalada, espinacas o verduras ya cortadas pueden resultar especialmente prácticas en cualquier momento. No tienen el mismo protagonismo que una verdura fresca que acabamos de comprar, pero cumplen una función importante: hacer que comer verduras sea sencillo cuando vamos con prisa.
Algo parecido sucede con las verduras congeladas. Guisantes, brócoli, espinacas o menestras pueden convertirse en una guarnición, mezclarse con huevo o acompañar un arroz o una pasta.
En 10-15 minutos: verduras congeladas salteadas + huevo a la plancha.
Salteado de verduras a la sartén
LA COMPRA QUE LO HACE POSIBLE
No hace falta comprarlo todo. Basta con elegir algunos productos de cada grupo y tenerlos a mano.
- Despensa: conservas de pescado, legumbres cocidas, arroz, tortillas de trigo, frutos secos, encurtidos.
- Nevera: huevos, queso, tomate, hojas verdes, hummus.
- Congelador: verduras, espinacas, guisantes o brócoli.
Con esa pequeña reserva, la cena deja de depender tanto de lo que haya quedado ese día en la nevera. La clave no está en cocinar más, sino en tener ingredientes que permitan cocinar menos y combinar mejor.