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El fútbol mundial está en crisis por culpa de intereses económicos y políticos. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha arrastrado al deporte global más importante a una espiral de presiones, denuncias y sospechas que recuerda a los episodios más oscuros de la FIFA. Una serie que parece repetirse cíclicamente a pesar de cambiar de dirigente.
El suizo está ahora mismo acorralado, y su puesto, más en juego que nunca. Por eso, ayer convocó una reunión de urgencia con los miembros de la junta directiva en la oficina regional de su organismo en Rabat. En dicho encuentro, el dirigente suizo pidió disculpas formales por los "errores" cometidos en la gestión de su polémico proyecto económico. Aunque la institución emitió un comunicado ratificando el "pleno apoyo" de la directiva y del secretario general, Mattias Grafström, la grieta con las principales federaciones de Europa cada vez es más grande.
El detonante de la crisis
Todo empezó cuando la FIFA pretendía crear una filial comercial denominada FIFA Forward Enterprise (FFE). Básicamente, la operación orquestada junto al banco JP Morgan consistía en vender a fondos de inversión hasta un 20% del pastel. Hablamos de un movimiento de más de 17.000 millones de euros. El objetivo de crear la FFE era meter en un mismo saco todos los ingresos millonarios que generan los torneos (derechos comerciales, televisión y entradas de los Mundiales absolutos, juveniles y de clubes).
Para que ninguna de las 211 federaciones levantara la voz y aprobara el plan, la FIFA les puso sobre la mesa un cheque de cobro inmediato de entre 20 y 40 millones de dólares por cabeza para financiar nuevas infraestructuras.
El presidente UEFA, Aleksander Ceferin, charla con Gianni Infantino en una imagen de archivo.
Asimismo, la operación vinculaba el concurso de firmas financieras como Thrive Capital —fundada por Joshua Kushner— y el asesoramiento de ejecutivos con trayectoria en la Fórmula 1 como Greg Maffei.
La respuesta de la UEFA no se hizo esperar. El organismo presidido por Aleksander Ceferin calificó la propuesta de "acuerdo turbio, opaco y gestado entre bambalinas", asegurando que el proyecto rebasaba todos los límites éticos de la gobernanza deportiva: "Ninguno de nosotros es dueño del fútbol. No es propiedad de la FIFA para venderlo. El alma y la gobernanza del fútbol no son activos con los que comerciar, especialmente cuando existe una transparencia nula sobre quién obtiene beneficios económicos".
Plan fallido
El rechazo frontal de la UEFA, sumado a las objeciones de plataformas como European Leagues, obligó a la cúpula directiva a paralizar la iniciativa. El propio secretario general de la FIFA, Mattias Grafström, admitió en un memorando interno enviado al personal del organismo —al que tuvo acceso la BBC— que lo sucedido constituía "una serie de acontecimientos lamentables y reprobables".
Aunque Infantino y Grafström enviaron una carta conjunta pidiendo perdón a las 211 federaciones e insistiendo en que nunca fue la intención excluir al Consejo de la FIFA del proceso de decisión, el desgaste político ya era irreversible. Federaciones históricas como la inglesa, la alemana, la galesa y la serbia manifestaron públicamente su pérdida de confianza en el presidente.
De forma paralela, una de las máximas leyendas del fútbol portugués también ha querido tomar partido en esta batalla. En una columna publicada en el diario Daily Mail, el exfutbolista Luís Figo declaró lo siguiente: "Podría escribir 10.000 palabras de los problemas en la FIFA, pero la solución se resume en cuatro: Infantino tiene que irse. Lo que he visto en los últimos días es el comportamiento más bajo, deshonesto, cobarde e interesado que he visto".
La final del Mundial 2030
De fondo en todo este lío asoman las próximas elecciones, donde Infantino se juega la reelección hasta 2031. Y aquí es donde entra en juego el Mundial de España, Portugal y Marruecos. Según apunta The Times, el mandatario suizo habría intentado comprar el apoyo político de los marroquíes en su peor momento poniéndoles en bandeja albergar la final de 2030 en Casablanca (en el estadio Hassan II), una jugada que dejaría a Madrid y al Santiago Bernabéu sin el premio gordo.
Sin embargo, la FIFA ha salido al paso rápidamente para cortar de raíz el rumor. En declaraciones a la agencia EFE, el ente rector del fútbol mundial ha asegurado que es "falso y engañoso" que Infantino haya hecho promesas a dedo sobre el escenario de la final y ha dejado claro que los tiempos y los procesos de elección siguen su curso habitual.
Lío con la Superliga
Por si el escándalo de los fondos de inversión no fuera suficiente, The Guardian acaba de destapar un documento que deja la credibilidad del presidente de la FIFA bajo mínimos. Según un borrador interno de octubre de 2020, Infantino no solo conocía los planes de Florentino Pérez con la Superliga, sino que negoció en secreto para subirse al barco.
El plan era firmar una alianza de doce años y rebautizar el torneo como 'Fifa Superliga'. A cambio de su respaldo, el máximo organismo del fútbol exigía una "acción de oro": un derecho de veto que le garantizaba el control total sobre los directivos, el formato y el reparto del dinero.
Pero el acuerdo iba mucho más allá y pretendía poner patas arriba el calendario histórico del fútbol. El borrador recogía recortes en las ligas nacionales y parones de selecciones, dejándolos en apenas dos ventanas de quince días al año. Todos los clubes participantes pasarían a integrarse en la WFCA (World Football Clubs Association).
Lo más grave de esta filtración es el brutal contraste con la hemeroteca. Cuando el proyecto de la Superliga salió a la luz allá por 2021, el suizo se plantó en el Congreso de la UEFA para asegurar que la FIFA "desaprobaba enérgicamente" la idea. Ahora, podría darse el caso de que meses antes estuviera negociando por detrás para quedarse con el control del torneo.