Al igual que ocurre con la sandía, comprar un melón entero puede parecer una lotería. Al ser una fruta de piel gruesa, es imposible saber a simple vista qué aspecto tiene la pulpa. Además, el melón es una fruta delicada y aunque puede ablandarse un poco después de ser recolectado, el nivel de azúcar no aumenta una vez que se corta de la planta. Si te llevas a casa una pieza verde, se quedará verde para siempre. Por suerte, la corteza del melón también revela datos muy importantes sobre su contenido de azúcar si sabemos exactamente en qué detalles fijarnos.
El melón tiene unas propiedades altamente diuréticas.
El primer paso consiste en analizar el color y el aspecto de la piel, especialmente en la variedad más común, el melón piel de sapo. Debes buscar las llamadas grietas o escriturado de la corteza, esas líneas rugosas que parecen las de una red. Al contrario de lo que mucha gente piensa, una piel lisa y perfecta no es buena señal. Cuantas más grietas y rugosidades tenga el melón, más dulce estará, ya que estas marcas indican que la fruta ha alcanzado su madurez plena bajo el sol. Además, la mancha de apoyo (la zona que tocaba el suelo en la mata) debe tener un tono amarillo crema u ocre, nunca blanco ni verde.
La prueba del peso
Una vez seleccionado el melón por su aspecto, llega el momento de comprobar su consistencia y agarre. Coge el fruto con las manos y pésalo. A igualdad de tamaño entre dos piezas, quédate siempre con el melón que se note más pesado. Esto demuestra que la fruta está llena de jugo y que su pulpa es densa y compacta. Si se siente ligero o hueco, es muy probable que esté seco o acorchado por dentro.
El truco definitivo para confirmar que un melón está dulce se encuentra en sus dos extremos: el rabo (pedúnculo) por un lado, y la base (el lado opuesto) por el otro. Agarra el melón y presiona suavemente con los pulgares en la base, alrededor de la corona. Si la zona cede ligeramente de forma elástica, significa que el melón está en el punto perfecto. Si está duro como una piedra, le faltan días; y si los dedos se hunden demasiado, está pasado. Además, si el melón está listo para comer, el rabo se empezará a agrietar o a soltar con facilidad, y la base desprenderá un aroma dulce y afrutado inconfundible.