El partido del Kremlin, Rusia Unida (RU), ha revalidado con creces la mayoría constitucional en las elecciones legislativas y regionales celebradas del 18 al 20 de septiembre, obteniendo el mejor resultado de su historia. Con más del 95% de los votos escrutados, los oficialistas se proyectan con 355 de los 450 escaños de la Duma o cámara de diputados, una holgada cifra que supera el récord de 343 parlamentarios logrado en 2016 y los 301 asientos necesarios para acometer reformas en la Carta Magna. Esta rotunda victoria otorga al presidente ruso, Vladímir Putin, carta blanca para dar continuidad a la política de antagonismo con Occidente y a la campaña militar en Ucrania.
En este sistema mixto —donde la mitad de los escaños de la cámara baja se reparten por listas y la otra mitad por circunscripciones—, RU cosechó el 57,83% de los sufragios de partido (147 escaños) y sumó 208 actas por distritos. Los resultados rebasan ampliamente la representación de la formación en la cámara saliente, fijada en 324 diputados, y consolidan un dominio institucional pleno a pesar de los severos problemas sociales y económicos derivados de cuatro años y medio de guerra.
Ni los ataques de drones —Moscú encajó el domingo la mayor incursión de la contienda—, ni las restricciones en internet o el déficit de combustible frenaron la maquinaria electoral del oficialismo, que movilizó a su base tradicional de pensionistas, militares y funcionarios. El secretario general de RU, Vladímir Yákushev, destacó el triunfo en todas las regiones, incluidas las cuatro anexionadas en territorio ucraniano.
A gran distancia del oficialismo figuraron los comunistas, que sumaron 40 escaños (13,81% por listas y cinco distritos), seguidos del ultranacionalista Partido Liberal Democrático con 25 diputados (8,98%), y los liberales de Nueva Gente, con 20 (7,96%). Por su parte, la formación Rusia Justa no accedió por listas pero logró 4 parlamentarios en circunscripciones directas. Los resultados decepcionaron las expectativas de los analistas independientes y de la oposición en el exilio, que había instado a respaldar a estas fuerzas mediante el denominado "Voto Inteligente" para restarle poder a la candidatura gubernamental.
La paz, excluida
La oposición abiertamente pacifista quedó fuera del hemiciclo. El partido Yábloko, excluido de las listas por decisión del Tribunal Supremo, no obtuvo ninguna acta, alcanzando únicamente segundos puestos en distritos de la capital. Su líder, Nikolái Ribakov, aseveró que la formación "habría sido el segundo partido más votado en los primeros comicios parlamentarios de toda la guerra si hubiera figurado en las papeletas".