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“El ciclismo se parece cada vez más a la Fórmula-1 donde unos pocos se llevan lo mejor y el resto, malvive. Ese modelo que se ve en el WorldTour se está trasladando al campo amateur y si esto sigue así, también llegará a los juveniles”, reflexiona David Etxebarria, que el próximo curso dirigirá el Surne Bilbao Cycling élite y sub'23 después de pilotar al Eulen-Amenabar durante los últimos ocho cursos.
Antes dirigió el Aldro, el Cafés Baqué y el Koplad. Con 17 años al volante de equipos aficionados, el de Abadiño, actual seleccionador de Euskadi, tuvo que dejar la formación guipuzcoana ante la imposibilidad de que esta pudiera crecer.
“Desde la gerencia se tomó esa decisión porque cada vez es más difícil que este tipo de equipos se puedan desarrollar. No hablamos de ganar carreras. Es incluso complicado competir para estar delante. Te dejan sin sitio”.
Desaparición de equipos
La desaparición a final de la presente campaña del Eulen-Amenabar, 16 años en la categoría, que continuará con el equipo femenino, la del Gomur cántabro, otro gran clásico con tres décadas de presencia, y la posible caída del Finisher debido al efecto arrastre de la desaparición del equipo profesional, deja tocada la categoría, que a finales de 2023 fue testigo del repliegue del Cafés Baqué, un equipo modélico, con un patrocinador que apoyó sin fisuras durante cuatro décadas a la formación, dijo adiós al campo amateur y se centró en categoría juvenil por un problema que parece años aún más enquistado años después.
La desaparición del Baqué fue un aviso a navegantes y el síntoma de que algo no funcionaba correctamente en un modelo en el que cada vez es más complicado subsistir, sobre todo para las formaciones que siempre han servido de bisagra entre los planteamientos más humildes y los filiales, que cuentan con el cobijo de estructuras profesionales. En busca del camino más corto y exitoso, los ciclistas tratan de llegar a esas formaciones para acelerar el paso al profesionalismo. Esta lógica perversa se ha acelerado.
La deforestación de equipos continúa y la categoría corre el riesgo de abrir una falla insalvable entre los equipos más modestos, cuyo coste anual va entre los 35.000 y 50.000 euros, y los más poderosos, los filiales, que cuentan con el amparo de estructuras profesionales y son la salida natural para acceder al campo profesional además de contar con la ventaja de poder negociar en grupo tanto la ropa, las bicis como los vehículos necesarios. Una inversión siempre costosa.
Ciclistas del Eulen-Amenabar recorren el pasillo de honor en su adiós.
Aceleración del cambio
Entre medias, escuadras con presupuestos que se mueven entre los 100.000 y los 150.000 euros de inversión anual, son testigos directos de cómo sus opciones de asomarse a los puestos nobles ha caído por la voracidad que muestran equipos más pudientes. El cambio de paradigma se ha acelerado en los últimos cursos.
“Antes, durante los dos o tres primeros años podías contar con buenos corredores, que hacían puestos y ganaban alguna carrera. Eso ha cambiado porque los filiales tocan a esos corredores en cuanto hacen un top-10 o un top-5 en los dos primeros años. Se quedan con todo. Los chavales saben que para dar el salto tienen que, de algún modo, pasar por los filiales. Eso antes no era así por norma. Cuando ha ocurrido de forma más asidua, se dejaba que esos corredores pudieran crecer en los equipos de clase media y ya en el último año incorporarse a un filial”, analiza David Etxebarria, seleccionador de Euskadi de ciclismo en las dos últimas campañas.
Paula Ostiz, Irati Aranguren y Ayala Serrano debutan el Mundial de ruta sub'23
Paula Ostiz, campeona del Mundo júnior el pasado curso, debuta este jueves en la ruta sub'23 del Mundial de Montreal con la idea de dejarse ver y hacerlo lo mejor posible. Junto a la iruindarra, formarán en el selección española Irati Aranguren y Ayala Serrano.
Las tres se estrenan en la categoría en una carrera de lo más exigente, con 134 kilómetros y 10 ascensiones al repecho de Voie Caimilien-Houde, una subida de 1,6 kilómetros y una pendiente media del 7,7% que será la que marque el destino de la carrera.
En categoría júnior masculina, Benjamín Noval intentará firmar el oro en línea tras su conquista en la crono sobre un trazado con las mismas características. El iruindarra Luca Martínez acompañará al asturiano.
En paralelo a la disputa de los Mundiales, la CRO Race vivió su segunda jornada, resuelta al igual que la primera, al esprint. La victoria se la adjudicó Carl-Frederik Bévort. Sebastián Molano, tercero en meta, continúa en el liderato.
El de Abadiño se muestra muy preocupado por la deriva de la categoría. “Creo que la cantera es para hacer profesionales, para que los chavales aprendan el oficio, no para ganar y ganar carreras. El modelo que existe ahora está replicando lo que estamos viendo con las grandes estructuras, que se nutren de cualquiera que sobresalga, aunque sea juvenil. Y no digamos ya de equipos más pequeños. Curiosamente, esas formaciones que ven capado su crecimiento porque les quitan a los mejores y se quejan al respecto, repiten el modelo en la categoría amateur”.
Peligro de ruptura
La escasísima posibilidad de asentamiento y de crecimiento de los equipos que sirven de bisagra o de paso intermedio, implica, a medio plazo, desequilibrar la categoría del todo y concentrar en dos o tres equipos la relación con la victoria.
“El peligro de que todo se rompa está ahí. Para los sponsors sostener inversiones cercanas a los 150.000 euros sin apenas posibilidades de ganar o estar delante es complicado. Llega un momento en que no salen las cuentas porque el retorno a la inversión no existe apenas en una deporte donde invertir es algo valiente”, describe David Etxebarria, que considera prioritario un cambio de enfoque en la categoría para que esta no se convierta con el tiempo en un modelo irrelevante para la mayoría y solo rentable para los más poderosos.
“Creo que nos tenemos que sentar todos los equipos, las federaciones e instituciones y poner en común qué es lo que queremos para el futuro de la categoría. Se habla mucho de cantera, pero este modelo, con este planteamiento, está muy lejos de lo que supone la formación y la convivencia de todos. Cada uno tiene que tener su espacio propio para desarrollarse de la mejor manera posible con el objetivo de poder coexistir todos”.
Se corre el riesgo, advierte Etxebarria, de que “el pelotón llegue a ser de 120 corredores y 75 de ellos pertenezcan a plantillas de filiales que se reparten todas las victorias sin que nadie pueda ni acercarse”. “Me pregunto si eso es lo que queremos para el futuro del ciclismo vasco porque nos estamos acercando de forma peligrosa a un punto sin retorno”, cierra el seleccionador de Euskadi ante la perspectiva de un pelotón aficionado que se agrieta.