Actualizado hace 3 minutos
Llegó a París el 15 de agosto. El movimiento era insospechado pocas semanas antes. El eco del Mundial todavía retumbaba en los oídos. La imagen del gol frente a Argentina aún recorría el planeta. Con una patada a un balón se había sacudido las dudas que generó a lo largo del torneo, las del delantero que debe demostrar que es delantero. Las dudas que siempre han viajado en la maleta, las de un futbolista que, después de una ocasión fallada, volvía a encontrarse con la pregunta sobre si realmente había nacido para vivir entre los grandes. Poco más de un mes después de su mudanza al Paris Saint-Germain, se ha convertido en la mejor noticia del campeón de la Champions League. Es uno de los nombres del momento del fútbol europeo: Ferran Torres.
Recaló en el equipo de Luis Enrique Martínez como alternativa a Ousmane Dembélé, Khvicha Kvaratskhelia y Désiré Doué, el tridente que aterrorizó al Viejo Continente la pasada temporada y también la anterior. Resulta que esta línea ofensiva no está ofreciendo sus mejores prestaciones en el arranque del curso. Entonces Ferran ha encontrado minutos donde parecía que no lo tendría sencillo. Y el atacante de Foios ha respondido.
Un gol cada 47 minutos
Siete goles en seis partidos con el PSG. Siete goles después de haber marcado el más importante de su carrera. Siete goles en un equipo que acababa de proclamarse campeón de Europa por segunda campaña consecutiva y que lo ha incorporado para seguir alimentando una maquinaria ofensiva acostumbrada a vivir bajo máxima exigencia. Y siete goles que han llegado con una particularidad que explica la dimensión de su aterrizaje en París: sus siete disparos entre los tres palos con el PSG han terminado con el balón en la red. Su registro es demoledor: anota un gol cada 47 minutos.
El último sucedió en el Vélodrome. Ante el Olympique de Marsella, en el conocido como Le Classique, probablemente el duelo de mayor rivalidad en la liga francesa. El escenario que no admitía indiferencias. El PSG acudía con necesidad reivindicativa. Ferran empezó en el banquillo y entró en el minuto 59. Seis minutos después, Doué encontró su desmarque y el valenciano atacó el balón con la cabeza para adelantar al PSG. Después, Marquinhos hizo el 1-2 definitivo. El campeón del mundo volvió a marcar y el PSG volvió a ganar.
"Un estado de forma increíble"
De nuevo, no necesitó un partido completo para anotar. Es, precisamente, una de las diferencias que más llaman la atención en este comienzo de una nueva etapa. Se ha saltado cualquier proceso de adaptación. “Ferran Torres está en un estado de forma increíble”. La frase de Luis Enrique es contundente. El entrenador que mejor conoce al futbolista que acaba de aterrizar en París –Ferran le define como “un padre para mí desde que llegué a la selección española”, según explicó al diario AS– es también quien más ha insistido en que detrás de esta explosión no hay ningún accidente. El técnico asturiano ya había definido al delantero durante la pretemporada como “un jugador de nivel internacional”, capaz de “jugar en cualquier posición del ataque” y con “una gran mentalidad”.
Ahora la descripción parece quedarse corta. En los últimos tiempos, solo Zlatan Ibrahimovic inició una temporada con mejores números. Pero eso teniendo en cuenta únicamente los partidos disputados, no los minutos, que convierten el momento de Ferran en aún más decisivo. “Está volando”, declaró Vitinha después del gol del Vélodrome. El centrocampista portugués empleó al valenciano como referencia para reclamar al resto del equipo una eficacia semejante: “Tenemos que hacer todo lo posible para estar a ese nivel en términos de eficacia”.
Ferran Torres celebra uno de sus goles con el PSG.
En su estreno en la Champions con la nueva camiseta, Ferran firmó tres goles en solo 73 minutos. Los otros cuatro tantos han llegado en la Ligue 1, en solo cinco partidos y 252 minutos de participación; es decir, ha marcado cada 24 minutos en competición europea y cada 63 en la competición doméstica. Se trata de una nueva escena para el futbolista, que durante mucho tiempo ha escuchado conversaciones que cuestionaban su capacidad: cuántas ocasiones necesitaba para marcar, cuántas oportunidades había desaprovechado, cuánto podría aportar si consiguiera gozar de continuidad… París le ha cambiado.
No es que Ferran sea otro después del gol en la final del Mundial. El pasado curso desató su capacidad goleadora con 21 tantos, 16 de ellos en LaLiga, lo que le permitió compartir el Trofeo Zarra con Lamine Yamal. Así cerró su etapa en Barcelona, de donde emigró después de cuatro años y medio, 207 partidos, 65 goles, 23 asistencias y siete títulos. El propio club catalán, que ingresó 50 millones de euros por el traspaso –cifra que se aproxima a lo que se pagó por él al Manchester City–, le despidió dejando constancia de su marcha se producía después de haber alcanzado una de las cifras goleadoras más importantes de su etapa como azulgrana.
En busca de protagonismo
Sin embargo, Ferran quería protagonismo. Deco lo admitió al explicar su salida. El director deportivo azulgrana resumió la decisión desde una doble perspectiva, la futbolística y la personal: “Quería más protagonismo. Si un jugador quiere salir, le tenemos que escuchar”. Y añadió: “El fútbol es un tema anímico y de cabeza”. Unas palabras estas últimas que adquieren significado desde la perspectiva parisina.
Luis Enrique parece haber dado a Ferran lo que necesitaba. El asturiano conoce sus movimientos, sus condiciones, sus defectos y, sobre todo, el tipo de delantero que puede llegar a ser cuando recibe confianza. Y es que Ferran no necesita únicamente jugar de nueve. Necesita espacios, movilidad, libertad para aparecer en la izquierda, en la derecha o entre líneas. Necesita atacar el área desde diferentes alturas. Y necesita sentir que un error no modifica inmediatamente su estatus.
El gol que cambió su vida
En París parece estar encontrando ese ecosistema que le ha permitido dar continuidad al momento más importante de su carrera deportiva. Aquel 19 de julio en Nueva York. Minuto 106 de partido. España y Argentina se debatían en la final de la Copa del Mundo. El marcador seguía sin moverse. Ferran Torres, que había comenzado en el banquillo, accedió al campo en la segunda mitad. En la prórroga, apareció. Gol. España era la campeona del mundo.
El futbolista que tantas veces había sido examinado por sus ocasiones falladas terminó marcando el tanto que decidió la final del torneo más importante del planeta. Después fue elegido MVP del partido. “Es una liberación muy grande”, explicó entonces. Y añadió: “He sido una persona muy criticada”. Y es que no se puede comprender al Ferran actual sin esas palabras. Aquel día cambió la posición en la que afronta las críticas. Se sacudió un peso que quizá es lo que ahora le permite “volar” en París.