Hay ingredientes que entran en la cesta de la compra casi por inercia. Las patatas son uno de ellos. Baratas, fáciles de encontrar y capaces de aguantar semanas bien conservadas, suelen acabar relegadas al papel de acompañamiento: fritas junto a un huevo, cocidas al lado de unas vainas o asadas alrededor de una pieza de carne. Sin embargo, pocas cosas hay en la despensa capaces de transformarse tanto gastando tan poco.
Cuando toca ajustar el presupuesto, no hace falta resignarse a comer varios días el mismo plato ni llenar la despensa de productos diferentes. Una misma base puede convertirse en tres comidas que poco tienen que ver entre sí: unas patatas aplastadas y crujientes acompañadas de huevo y una salsa de yogur; una ensalada templada con garbanzos que también puede viajar en táper; y unas patatas rellenas de cebolla y queso, gratinadas hasta conseguir una superficie dorada.
La clave está también en la compra. Patatas, huevos, cebolla, un bote de garbanzos, yogur y queso forman una cesta sencilla cuyos ingredientes se reparten entre las tres preparaciones en lugar de terminar olvidados a medias en la nevera. Tres recetas fáciles, completas y diferentes para demostrar que reducir el gasto no significa necesariamente reducir el plato.
No todas las patatas sirven para lo mismo
Aunque en la frutería puedan parecer intercambiables, elegir bien la patata puede cambiar bastante el resultado. Las variedades con más almidón y una textura más harinosa tienden a romperse con facilidad, pero precisamente por eso funcionan bien para asar, hacer purés o conseguir exteriores crujientes. Las más firmes y con mayor contenido de agua mantienen mejor la forma después de cocerlas, por lo que resultan más apropiadas para ensaladas, guisos o preparaciones en las que interesa encontrar los trozos enteros.
Para estas tres recetas tampoco hace falta convertir la compra en una clase de botánica. Una patata de uso general o indicada para cocer y asar permite resolver las tres preparaciones. Conviene escoger piezas firmes, sin zonas verdes ni brotes abundantes y, si es posible, de un tamaño parecido para que los tiempos de cocción sean similares.
También importa cómo se guardan. Mejor en un lugar fresco, seco, oscuro y ventilado, fuera de bolsas de plástico cerradas y lejos de la luz, que favorece la aparición de zonas verdes. Y no necesitan frigorífico: bien almacenadas pueden convertirse precisamente en ese fondo de despensa al que recurrir cuando queda poco en casa y todavía hay varias comidas por resolver.
Patatas aplastadas crujientes con huevo y chimichurri casero
Unas patatas, un par de huevos y unos cuantos básicos de despensa bastan para preparar un plato que tiene poco de comida de supervivencia. Las patatas quedan tiernas por dentro y muy crujientes en los bordes, la yema funciona casi como una salsa y un chimichurri sencillo aporta frescor, acidez y un ligero punto picante. Una cena completa para dos con muy pocos ingredientes.
Para 2 personas
Ingredientes
- 500 g de patatas pequeñas o medianas
- 2 huevos
- Aceite de oliva
- Sal
- Pimienta negra
Para el chimichurri
- 1 diente de ajo
- Un buen puñado de perejil fresco
- 3 cucharadas de aceite de oliva
- 1 cucharada de vinagre
- 1/2 cucharadita de orégano seco
- 1/2 cucharadita de pimentón
- Sal
- Pimienta negra
- Una pizca de cayena o guindilla, opcional
Tiempo: 35-40 minutos
Dificultad: fácil
Elaboración
Lavar bien las patatas y cocerlas enteras y con piel en agua con sal durante unos 15-20 minutos, dependiendo de su tamaño. Deben quedar tiernas al atravesarlas con la punta de un cuchillo, pero sin llegar a deshacerse. Escurrirlas y dejarlas reposar unos minutos para que pierdan el vapor y se seque bien la superficie.
Colocarlas separadas sobre una bandeja y aplastarlas con cuidado utilizando la base de un vaso hasta dejarlas de aproximadamente dos centímetros de grosor. No importa que la piel se abra y aparezcan bordes irregulares: precisamente esas zonas serán las que más se tuesten.
Pincelar las patatas con un poco de aceite, salpimentar y cocinar en el horno a 220 ºC durante 15-20 minutos, hasta que estén doradas y crujientes. También pueden prepararse en freidora de aire a 200 ºC durante 12-15 minutos, comprobando el punto durante los últimos minutos.
Mientras se doran, preparar el chimichurri: Picar muy finos el ajo y el perejil y mezclarlos con el orégano, el pimentón y, si se quiere un poco de alegría, una pizca de cayena. Añadir el vinagre y el aceite, salpimentar y mezclar bien. Dejar reposar unos 10 minutos para que los sabores se integren.
Preparar los huevos a la plancha o fritos con poco aceite, procurando que la clara quede cuajada pero la yema permanezca líquida.
Repartir las patatas recién hechas entre los dos platos, colocar un huevo sobre cada ración y terminar con varias cucharadas de chimichurri. Al romper la yema, esta se mezcla con el aliño y se cuela entre los bordes crujientes de las patatas.
Patatas aplastadas, crujientes por fuera y tiernas por dentro, con tres acompañamientos sencillos y llenos de sabor.
El truco para conseguir el crujiente
Hay dos detalles importantes: secar y separar. Después de cocer las patatas conviene dejarlas unos minutos al aire para eliminar humedad. Y una vez aplastadas necesitan espacio entre ellas. Si se colocan demasiado juntas, acumulan vapor y se ablandan en lugar de tostarse.
Un chimichurri para aprovechar
Merece la pena preparar un poco más. Guardado en un recipiente cerrado en el frigorífico puede utilizarse después para aliñar unos garbanzos, acompañar verduras, huevos o dar vida a un pescado sencillo. Así, los mismos ingredientes que compramos para una receta ayudan a resolver las siguientes.
Ensalada templada de patata y garbanzos con chimichurri
La segunda vida de la patata cambia por completo de registro. Aquí se combina con garbanzos para conseguir un plato sencillo, saciante y perfecto para llevar en táper, sin necesidad de recurrir a carne o pescado. El mismo chimichurri de la receta anterior sirve como aliño y demuestra que repetir ingredientes no significa repetir comida.
Para 2 personas
Ingredientes
- 400 g de patatas
- 200 g de garbanzos cocidos y escurridos
- 1/2 cebolla
- 2 huevos
- 3-4 cucharadas del chimichurri de la receta anterior
- 1 cucharadita de vinagre, si fuera necesario
- Aceite de oliva
- Sal
- Pimienta negra
- Pimentón, opcional
Tiempo: 25 minutos
Dificultad: muy fácil
Elaboración
Lavar las patatas y cocerlas con piel en agua con sal hasta que estén tiernas pero mantengan la forma. Dependiendo de su tamaño necesitarán aproximadamente 20 minutos. Dejarlas templar ligeramente, pelarlas si se prefiere y cortarlas en trozos irregulares de tamaño similar.
Mientras se cuecen, aclarar los garbanzos bajo el grifo y escurrirlos muy bien. Calentar una sartén con una pequeña cantidad de aceite y saltearlos durante 4-5 minutos, hasta que pierdan humedad y comiencen a dorarse. Se puede añadir una pizca de pimentón al final.
Cocer los huevos durante unos 9-10 minutos, enfriarlos, pelarlos y cortarlos en cuartos.
Cortar la cebolla en tiras muy finas. Si se quiere suavizar su sabor, puede dejarse durante diez minutos en agua fría y escurrirse bien antes de incorporarla.
Mezclar las patatas todavía templadas con los garbanzos y la cebolla. Añadir tres o cuatro cucharadas del chimichurri y remover con cuidado para que las patatas absorban parte del aliño sin romperse. Probar y corregir de sal, pimienta o vinagre si fuera necesario.
Repartir en dos platos y terminar con el huevo cocido.
Tres pasos sencillos: cocer las patatas, mezclarlas con los garbanzos y el huevo y terminar con abundante chimichurri.
El truco: aliñarla cuando aún está templada
No conviene esperar a que la patata esté completamente fría. Cuando todavía conserva algo de calor absorbe mucho mejor el aliño, de modo que el sabor no queda únicamente en la superficie. Eso sí, debe estar templada y no recién salida del agua para evitar que se rompa al mezclarla.
Una receta pensada también para el táper
Puede prepararse la noche anterior y conservarse en un recipiente cerrado en el frigorífico. Para llevarla fuera de casa, es preferible reservar una pequeña cantidad de chimichurri y añadirla justo antes de comer para devolverle jugosidad.
Además, admite perfectamente lo que haya quedado en la nevera: unas aceitunas, medio pimiento, zanahoria rallada o unas hojas verdes pueden incorporarse sin necesidad de comprar ingredientes expresamente.
Patatas rellenas de cebolla, bacón, huevo y queso gratinado
La tercera preparación convierte la patata en su propio recipiente. Crujiente por fuera y cremosa por dentro, se rellena con su propia pulpa, cebolla pochada, pequeñas virutas de bacón y queso, antes de coronarla con huevo y darle un último golpe de calor. Una receta sencilla y contundente en la que un poco de bacón basta para aportar ese punto ahumado y sabroso sin disparar el presupuesto.
Para 2 personas
Ingredientes
- 2 patatas grandes, unos 500-600 g
- 1/2 cebolla
- 2 huevos
- 40-50 g de bacon en tiras o taquitos
- 60 g de queso rallado
- 1 cucharada de aceite de oliva, si fuera necesaria
- Sal
- Pimienta negra
- Orégano o pimentón, opcional
Tiempo: 35-40 minutos
Dificultad: fácil
Elaboración
Lavar muy bien las patatas, secarlas y pincharlas varias veces con un tenedor. Cocinarlas enteras y con piel en el microondas durante unos 8-12 minutos a máxima potencia, dándoles la vuelta a mitad de cocción. El tiempo dependerá tanto del tamaño de las patatas como de la potencia del aparato. Deben quedar completamente tiernas al atravesarlas con un cuchillo.
También pueden asarse directamente en el horno a 200 ºC durante unos 45-60 minutos, aunque el microondas permite reducir considerablemente tanto el tiempo como el gasto energético para esta primera cocción.
Mientras se hacen las patatas, colocar el bacon en una sartén fría y cocinarlo a fuego medio hasta que comience a dorarse y suelte parte de su grasa. Retirarlo y reservarlo.
En esa misma sartén, aprovechar la grasa que haya quedado para cocinar la cebolla cortada muy fina. Si fuera insuficiente, añadir una pequeña cantidad de aceite. Cocinar a fuego medio hasta que quede tierna y ligeramente dorada.
Cuando las patatas estén listas, dejarlas reposar unos minutos para poder manipularlas sin quemarse. Cortarlas por la mitad a lo largo y vaciar parte de la pulpa con ayuda de una cuchara, dejando aproximadamente un centímetro junto a la piel para que mantengan su forma.
Machacar la pulpa extraída con un tenedor y mezclarla con la cebolla pochada, el bacon y aproximadamente la mitad del queso. Añadir pimienta y probar antes de incorporar sal, ya que tanto el bacon como el queso aportan bastante por sí solos.
Rellenar de nuevo las cuatro mitades de patata con la mezcla y formar un pequeño hueco en el centro de cada una.
Separar las claras de las yemas. Repartir las claras entre las patatas, cubrir con el queso restante y llevar al horno o a la freidora de aire hasta que la clara esté prácticamente cuajada y el queso comience a fundirse y dorarse.
Añadir entonces las yemas y cocinar uno o dos minutos más, únicamente hasta que estén calientes pero todavía cremosas. Terminar con pimienta recién molida y, si se desea, una pizca de pimentón u orégano.
Patatas rellenas de queso fundido y coronadas con crujientes virutas de bacon y cebollino.
El truco: aprovechar hasta la grasa del bacon
Cocinar primero el bacon permite utilizar la pequeña cantidad de grasa que libera para pochar después la cebolla sin necesidad de añadir apenas aceite. Además de ahorrar un ingrediente, la cebolla recoge parte de su sabor ahumado y lo reparte después por todo el relleno.
También con jamón serrano
El bacon puede sustituirse por 40 gramos de jamón serrano cortado en pequeñas virutas. En este caso no hace falta cocinarlo durante demasiado tiempo: puede añadirse a la cebolla durante el último minuto o incorporarse directamente al relleno.
Conviene también prescindir de la sal hasta probar la mezcla, porque entre el jamón y el queso puede ser más que suficiente.
Una receta para vaciar la nevera
El relleno admite pequeñas cantidades de ingredientes que hayan quedado de otras comidas: medio pimiento, unas verduras asadas, restos de pollo, un trozo de queso que empieza a secarse o incluso unos champiñones.
No hace falta reproducir siempre exactamente la misma combinación. La patata y el huevo ponen la base; el relleno puede adaptarse a lo que haya en casa, que es precisamente una de las maneras más sencillas de ahorrar sin terminar tirando comida.
etece está simplemente en encontrar una vida nueva para aquello que siempre está en la despensa.