Actualizado hace 3 minutos
Dejar unas pechugas de pollo, un trozo de carne o unos filetes de pescado sobre la encimera de la cocina por la mañana para que estén listos a la hora de comer es una costumbre en muchas casas. Parece el método más lógico y cómodo del mundo, pero en realidad es uno de los errores de seguridad alimentaria más graves que se pueden cometer en casa. Aunque a simple vista el alimento parezca estar en buen estado, descongelar a temperatura ambiente convierte la comida en un campo de cultivo perfecto para bacterias peligrosas como la Salmonella, E. coli o Listeria.
La zona de peligro
El problema de dejar la comida fuera de la nevera está en la forma en la que se descongela la pieza. El proceso no ocurre de forma homogénea ya que la capa exterior del alimento se descongela mucho antes que el centro.
Varios medallones de carne de vacuno congelados.
Esta diferencia de temperatura entre el exterior y el interior del producto es lo que los expertos llaman la zona de peligro térmico. En ese rango, las bacterias que sobreviven a la congelación no solo se despiertan, sino que se multiplican a una velocidad muy peligrosa. Para cuando el centro de la pieza se ha descongelado del todo, la superficie lleva horas acumulando bacterias que, en muchos casos, no se destruyen ni siquiera con el cocinado. Esto puede derivar en intoxicaciones alimentarias graves con síntomas como gastroenteritis, fiebres o dolores de estómago.
Descongelar sin riesgos
Para evitar sustos y conservar la calidad de la comida, existen tres alternativas recomendadas por especialistas en higiene alimentaria que sustituyen a hacerlo en la encimera.
La primera opción, y la más segura de todas, es la descongelación lenta en la nevera. Requiere un poco de planificación y basta con pasar el alimento del congelador al estante inferior de la nevera la noche anterior. Al mantenerse por debajo de los 4 grados durante todo el proceso, la comida se descongela poco a poco sin entrar en la zona de riesgo bacteriano.