Actualizado hace 4 minutos
Desde Oriñón, junto a Vanessa, Zoe, Mireia, Kakun y Amaia, recorrimos una sorprendente ruta circular que combina playas salvajes, senderos de montaña y algunas de las vistas más impresionantes de la costa cántabra. Nueve kilómetros que demuestran que no hace falta alcanzar grandes cumbres para vivir una aventura inolvidable.
DATOS PRINCIPALES
· Kilómetros: 9,5
· Desnivel positivo: 500+
· Duración: corriendo 1:30h / Caminar - correr: 2:10h / Senderismo 3:20 (+30 min niños)
LLEGADA AL PUNTO DE PARTIDA
· Desde Bilbao salimos por la parte norte para tomar la A-8 dirección Santander. Salimos por la 160 para coger la carretera de Sonabia/Oriñón. Giramos a la derecha para llegar al destino
· Desde Donostia, cogemos la autopista hasta Bilbao para después por la A-8 llegar hasta la salida 160 y tomar la carretera que nos lleva a Oriñón.
· Desde Vitoria, cogemos carretera dirección Altube para coger la autopista hasta Bilbao donde accedemos a la A-8 y seguimos lo anteriormente citado.
· Desde Pamplona, salimos por la AP-15 y la A-10 hasta Alsasua donde tomamos la N-1 dirección Madrid hasta Vitoria. Tomamos la salida 352 dirección Bilbao y seguimos lo anteriormente indicado.
DESCRIPCIÓN
Algunas salidas a la naturaleza se quedan grabadas por una cima o por un paisaje, otras, como esta, lo hacen por la suma de muchas pequeñas cosas: el ambiente del grupo, las conversaciones durante la marcha, la luz perfecta, el sonido del mar acompañándote desde abajo y esa sensación de estar caminando por uno de los rincones más espectaculares de la costa cantábrica. Esta vez la aventura comenzó en Oriñón, acompañado por cinco mujeres que, además de compartir miles de seguidores en redes sociales, demostraron una enorme pasión por la naturaleza y las actividades al aire libre: Vanessa @ilovemelita, Zoe @zoedelaconcepcion, Mireia @mirmarher, Kakun @kakun y Amaia @_amaialarrinaga.
El sendero al arrancar va cogiendo altura al lado de la playa de Sonabia
El objetivo era visitar los famosos Ojos del Diablo, esas impresionantes ventanas naturales excavadas en la roca del Monte Candina que se han convertido en uno de los lugares más fotografiados de Cantabria. Una ruta relativamente corta pero que ofrece mucho más de lo que indican los números.
El día amaneció completamente despejado. Sin nieblas, sin brumas costeras y prácticamente sin viento. De esos días en los que el azul del mar parece más intenso de lo habitual y la visibilidad permite perder la mirada durante kilómetros. La primera parte del recorrido transcurre hacia Sonabia, donde montaña y mar viven prácticamente abrazados. Mientras avanzábamos por los senderos cercanos a la costa, resultaba imposible no detenerse continuamente para contemplar el paisaje.
Las vistas son espectaculares
A nuestra derecha, el Cantábrico se mostraba inmenso y tranquilo. A nuestra izquierda, las laderas del Candina se elevaban de forma abrupta anunciando que la tranquilidad inicial tenía los minutos contados. Entre charla y charla, fotografías y alguna que otra parada, fuimos ganando altura de forma cómoda. Avanzábamos saboreando cada paso, transitando por un sendero que parece diseñado para quienes disfrutan tanto observando como caminando.
Comenzamos con las zonas mas empinadas entre rocas
La aparente amabilidad de la ruta cambia. La pendiente comienza a endurecerse y el terreno pasa a ser mucho más rocoso. La parte intermedia de la subida fue, sin duda, la más exigente de toda la jornada. Grandes bloques de roca, pasos incómodos y una inclinación cada vez mayor nos obligaron a concentrarnos en cada apoyo.
CONSEJOS PARA REALIZAR ESTA RUTA
Hidratación. No tenemos fuentes por el camino, por lo que hay que tener en cuenta de llevar bien de agua ya que mucha parte del recorrido es sin sombra.
Calzado. En cuanto al calzado, llevar uno con buen agarre en roca, ya que hay tramos que es importante.
Dificultad. Ruta muy sencilla con el único pero del desnivel a salvar. En cuanto a la orientación fácil de seguir pero no pasa nada por llevar el track.
Hablamos de una ascensión donde conviene avanzar con atención. En varios puntos tuvimos que ayudarnos de las manos para superar algunos resaltes y sortear zonas especialmente pedregosas. Precisamente ese carácter más salvaje es lo que hace tan atractivo este itinerario. Sonabia se quedaba abajo, y la famosa silueta de La Ballena, ese curioso saliente rocoso que parece emerger del mar, aparecía cada vez más pequeña. Hubo momentos en los que costaba decidir si seguir avanzando o quedarse simplemente contemplando el paisaje.
Un momento de descanso antes de continuar
UN PAISAJE DE LEYENDA
Cuando por fin aparecen los Ojos del Diablo, uno entiende perfectamente por qué este lugar se ha convertido en un destino imprescindible para tantos senderistas. Estas impresionantes cavidades naturales, se han formado durante miles de años por la acción de la erosión sobre la roca caliza del macizo. Vistos desde determinados puntos parecen los ojos de una gigantesca criatura observando el mar desde las alturas. Las formas caprichosas de la roca y la ubicación de estos enormes ventanales naturales han alimentado durante años historias y leyendas entre los habitantes de la zona. Y la verdad es que, cuando te sitúas bajo esos enormes arcos rocosos y miras hacia el Cantábrico, resulta fácil comprender por qué la imaginación encontró aquí inspiración. La imagen es sencillamente brutal.
Los ojos del diablo
A través de las dos grandes aberturas se enmarca el mar como si la propia montaña hubiera construido un gigantesco mirador natural. Este es uno de esos lugares que, por muchas fotografías que hayas visto previamente, siempre superan las expectativas cuando llegas en persona. Fotos, risas, conversaciones y esa sensación compartida de estar disfrutando de un rincón realmente especial. No había ninguna prisa por marcharse.
Las vistas desde la parte alta de los Ojos del Diablo
Otra de las curiosidades que hacen único este lugar es que el Monte Candina alberga una de las colonias de aves más singulares de Europa. Sus impresionantes acantilados son el hogar de una comunidad de buitres leonados que anida frente al mar, algo extraordinariamente poco habitual en esta especie. Diversas fuentes especializadas destacan que se trata de un enclave único en el ámbito europeo por la ubicación costera de estas aves. Durante la ruta tuvimos la suerte de observar varios ejemplares aprovechando las corrientes de aire que ascendían desde los acantilados. Verlos planear sobre el Cantábrico aporta todavía más espectacularidad al entorno.
DE REGRESO
Después de disfrutar del lugar iniciamos el descenso en dirección al área recreativa de Liendo. Si la subida había sido exigente, la bajada permitió relajarse y disfrutar nuevamente del paisaje con otra perspectiva. Poco a poco fuimos dejando atrás la roca dominante de la zona alta para adentrarnos en un terreno más cómodo. Desde el área recreativa únicamente quedaba completar el regreso por carretera hasta Oriñón, cerrando así una circular muy variada y entretenida.
El grupo al completo en los Ojos del Diablo
Vivimos en una época en la que muchos lugares se hacen famosos por una imagen viral en redes sociales. Los Ojos del Diablo podrían ser uno más de esos destinos. Sin embargo, después de recorrer esta ruta puedo decir que lo mejor no son únicamente los famosos arcos. Lo mejor es el conjunto. Es la salida del sol iluminando la costa. Es el contraste entre el verde de las laderas y el azul intenso del mar. Es la subida exigente entre roca. Son los buitres planeando sobre los acantilados. Son las conversaciones compartidas durante el camino. Y es esa sensación de libertad que aparece cuando te encuentras sentado bajo los Ojos del Diablo observando el horizonte. Porque al final, los lugares más especiales no son siempre los más altos ni los más lejanos. A veces están a apenas unos pocos kilómetros de distancia y te regalan recuerdos capaces de durar mucho más que cualquier fotografía.
PLANES ALTERNATIVOS
Hoy proponemos un par de planes extras para ampliar la jornada:
· Pasear por el casco histórico de Castro Urdiales: Apenas a unos kilómetros de Oriñón, Castro Urdiales es una de las localidades con más patrimonio de toda la costa cantábrica. Su imagen más reconocible la forman la Iglesia de Santa María de la Asunción, el castillo-faro y el puente medieval, un conjunto monumental declarado Bien de Interés Cultural. Perderse por sus calles, recorrer el puerto pesquero y disfrutar de sus terrazas permite descubrir el importante papel que desempeñó la villa como puerto comercial y marinero a lo largo de los siglos. Además, el paseo marítimo ofrece magníficas vistas del Cantábrico para completar una jornada que ya habrá comenzado entre acantilados y montañas.
· La excursión a dos cercanas cuevas. Por un lado, a la cercana cueva de Covalanas. Mas popularmente conocida como la cueva de las ciervas rojas se encuentra en la ladera del Monte Pando, muy cercano a Lanestosa y fue descubierta en 1903. Se trata de una cueva de reducidas dimensiones que presenta dos galerías Una de ellas, alberga pinturas rupestres paleolíticas. La segunda se encuentra en el municipio cántabro de Ramales de la Victoria y se trata de la cueva de Cullalvera. Forma parte de un complejo cárstico de 12 kilómetros de recorrido donde la acción del agua sobre la roca, con el tiempo han configurado una cavidad monumental como muestra su espectacular boca de entrada, con 14 m. de ancho por 28 m. de alto. De ésta surge una fuerte y fresca corriente de aire que advierte al visitante de la cueva antes de ser visualizada. El entorno es un espacio mágico.
Para retomar fuerzas después de la ruta en Oriñón disponemos de muchos lugares para tomar algo, otra opción es Castro, Laredo e incluso una terraza en Sonabia