Vida y estilo

“El ejercicio no puede convertirse en estrés en sí mismo”

Moverse es “una necesidad biológica para el cerebro”, sostiene el neurocientífico investigador José Luis Trejo, quien también advierte de los riesgos del sedentarismo: “Hay que dejar de pasar tantas horas sentados frente a la tele”
José Luis Trejo analiza la relación entre el estilo de vida y el cerebro. / J.L.T.

El célebre Nobel Santiago Ramón y Cajal afirmaba que todos somos escultores de nuestro propio cerebro. Para el neurocientífico José Luis Trejo, el ejercicio físico es una herramienta esencial para este proceso. “Moverse alimenta nuestras neuronas y promueve una vida saludable”, recalca. Porque nuestro cerebro puede cambiar a lo largo de toda la vida. Y el ejercicio físico es una de las herramientas más potentes para moldearlo. En esta línea, el neurocientífico expone en su nuevo libro, Neuronas en marcha, cómo el ejercicio mejora la memoria, reduce el estrés, previene enfermedades neurodegenerativas e incluso influye en nuestros genes… y en los de nuestros hijos y descendientes. “Moverse es mucho más que una recomendación médica: es una necesidad cognitiva”, añade.

QUIÉN ES

José Luis Trejo, (Madrid, 1960) es neurocientífico en el Centro de Neurociencias Cajal del CSIC. Lleva más de veinticinco años estudiando los efectos cerebrales del ejercicio físico, y su investigación está relacionada con los efectos del estilo de vida en el cerebro y la cognición. Ha sido vicedirector del Instituto Cajal-CSIC, secretario y vicepresidente de la Sociedad Española de Neurociencia (SENC) y presidente del Consejo Español del Cerebro. Además, ha escrito libros y numerosos artículos divulgativos.

El título de su libro parecería una referencia metafórica, pero ¿con las neuronas siempre en movimiento se consigue mejorar/rejuvenecer el cerebro?

Sí, sí. Sin duda alguna, el movimiento mejora y rejuvenece el cerebro.

Los expertos recomiendan dieta saludable/ejercicio moderado/sueño reparador, pero para usted el ejercicio no es “opción recomendable” sino “necesidad fisiológica”, ¿por qué?

El ejercicio es medicina, como un alimento; no puedes no comer. Y si lo considero como una medicina, no es por decir, sino porque existe todo un movimiento de científicos y académicos que reivindican el ejercicio como medicina. Entonces, tomándolo como medicina, no puedes no tomar las pastillas cuando estás malo; y si lo tomas como alimento cuando estás sano, es porque no puedes no comer. El movimiento no es decir “me sobra tiempo, voy a hacer ejercicio porque me encuentro mejor”, cosa que sería verdad, sino que realmente es parte intrínseca de nuestra biología.

Hay una comunicación directa entre el cerebro y el músculo

¿Se trata de ganar una maratón o más bien de una dosis moderada de ejercicio que multiplique beneficios fisiológico-cerebrales?

Ante todo y sobre todo se trata de salir de esa pandemia social que tenemos de sedentarismo. El objetivo es no estar sedentario, moverse. A la cuestión de cuánto ejercicio, los datos científicos han demostrado que el ejercicio moderado y vigoroso tiene múltiples beneficios. Cuando nos pasamos y corremos la maratón, la mayoría de la gente tiene perjuicios por hacer demasiado ejercicio. Por supuesto que no es una consecuencia infalible que por hacer una maratón vas a estar en malas condiciones, pero hay que estar muy preparado para hacer una maratón y que te vaya bien. La moderación es la mejor solución de movimiento.

Al hablar de ejercicio sobreentendemos “físico”, ¿pero el movimiento que usted propone es algo más que mera actividad física?

Es no estar quieto físicamente, pero también se ha demostrado que la inactividad cerebral es todavía peor. Hay dos tipos de sedentarismo: el que tiene el cerebro inactivo y el que lo tiene activo. Si el sedentarismo es con el cerebro inactivo o con poca actividad, como por ejemplo estar en el sofá viendo la tele sin prestarle mayor atención, ese es el peor de todos. No es tan malo, por ejemplo, estar en la butaca leyendo un libro. Y si al practicar ejercicio físico conseguimos que, además, vaya aderezado con un enriquecimiento ambiental, ese es el mejor de todos.

La portada del nuevo libro de José Luis Trejo. Cedida

Los médicos ven en la microbiota un segundo cerebro y usted añade que la musculatura conversa con el cerebro. ¿Hay evidencia científica de este buen rollito fisiológico?

Rotundamente sí. Por un lado, la microbiota es una de las condiciones necesarias para que el ejercicio tenga efectos beneficiosos en el cerebro, porque si la quitas el ejercicio no tiene tanto efecto. Es más, hicimos trasplante de micriobiota fecal de animales sedentarios a sedentarios y, lógicamente, no pasó nada; pero al hacerlo desde ratones que han corrido moderadamente a otros sedentarios entonces sí adquieren los mismos beneficios, aunque no hayan corrido; por otra parte, si haces el trasplante de microbiota fecal de animales que han corrido demasiado tiempo y se lo pones a sedentarios tampoco pasa nada. Es como una curva, en la que el ejercicio moderado tiene todos los beneficios y el sedentario o el ejercicio muy intenso ya no tiene esos beneficios. Por su parte, sobre la comunicación entre el cerebro y el músculo hay evidencia científica más que de sobra, de que el músculo le envía moléculas y factores de crecimiento al cerebro, y que atraviesan la barrera hematoencefálicam que es la que nos protege de los patógenos. Esas moléculas capaces de atravesar esa barrera se meten dentro de las neuronas y son las que os producen los efectos positivos. Sí, hay una comunicación directa y constante.

Tras leer su libro podríamos remedar a una conocida película “coge la idea de este libro y corre”. ¿Aumentaría la eficiencia del tesoro que son nuestras neuronas?

El ejercicio tiene una virtud increíble y es que aumenta el número de neuronas que tenemos en el hipocampo, que es una pequeña región del cerebro que participa activamente en el aprendizaje de la memoria, pero también en el estado de ánimo, en la depresión y la ansiedad. Al aumentar el número de esas neuronas no solamente se incrementa nuestra capacidad cognitiva, la manera en que enfrentamos la vida en el día a día, sino que además, al estar esas neuronas implicadas en la depresión y ansiedad, la consecuencia es que el ejercicio produzca efecto antidepresivo y ansiolítico. No es solo que el ejercicio sea un pasatiempo, sino que es algo necesario para mantener nuestro estado de ánimo y nuestra capacidad cognitiva.

Utiliza un término novedoso hormesis, ¿qué quiere expresar con él?

Es un principio por el que un fármaco o cualquier otra intervención, en este caso el ejercicio, tiene diferente función; de hecho, función opuesta si es a una dosis alta o a una dosis baja. En el caso del ejercicio a una dosis baja moderada tiene todos los efectos beneficiosos; en cambio, a una dosis alta o de una intensidad elevada, es todo lo contrario, porque se produce un estrés que llamamos no adaptativo, al cual el cerebro no se puede acostumbrar y origina todos los perjuicios del estrés. Se ha pasado de los beneficios de un ejercicio moderado bueno a los perjuicios de estar estresados por el ejercicio de altísima intensidad.

Entonces, ¿en qué lugar situaríamos el deporte profesional de altísima intensidad?

Evidentemente el deporte de alta competición nos entretiene y atrae mucho a todos, pero lamentablemente tiene un nivel de estrés que, para la persona normal no es sano ni deseable. Los jugadores profesionales han hecho de ello su profesión, pero la gente que no es profesional que no lo tome como si tuvieran que emularlos y que dejen de hacer esos maratones tan intensivos. Si están bien preparados, ningún problema, pero el común de los mortales no está preparado para hacer esas heroicidades deportivas.

El ejercicio no puede convertirse en estrés en sí mismo

Si hago ejercicio, ¿mis descendientes podrán heredar un cerebro más musculado y una mente más sana e incluso ser tan inteligentes como a mí me hubiera gustado ser?

No diría un cerebro más musculado, pero sí van a heredar, a transmitirse de generación en generación más neuronas y más capacidad cognitiva. De hecho, es posible que aparezcan otros beneficios, como la mayor vascularización del cerebro.

Desde el punto de vista clínico parece claro que el ejercicio es buena vacuna cerebral preventiva. ¿También medicina curativa tras haber sufrido algún daño cognitivo?

El ejercicio tiene sobre todo efecto protector. No está tan claro que tenga efecto cuando el daño ya está hecho. Aunque si es verdad que no importa a que edad empieces a hacer ejercicio; la sintomatología del envejecimiento se ralentiza, se retrasa y se mejora sustancialmente, luego algo sí que repara.

¿Es evidencia científica que las enfermedades neurodegenerativas aminorarían su escalada si hiciéramos moverse más a nuestras neuronas?

Sí. De hecho, tanto en ratones como en seres humanos, se sabe que empieces a la edad que empieces a hacer ejercicio se acumulan los beneficios; no tantos como si llevaras toda la vida, pero sí se produce un aumento de la reserva cognitiva, que significa que tendrás más recursos neuronales para que cuando por fin por edad llegue la imparable degeneración o cuando viene algún tipo de patología o simplemente la demencia senil, tu cerebro esté mejor preparado para enfrentarlas.

En tiempos de estrés, ¿proponer que “el cerebro está diseñado para funcionar en movimiento” no excita en exceso a la ansiedad por conseguirlo?

Claro, pero es que hay que hacer el ejercicio que se pueda hacer, cada persona debe saber cuál, cómo y cuánto puede hacer. Pero después también hay un reto que está más allá de nuestro cerebro, que es un reto social; la sociedad no tendría que ser tan estresante. Vivimos bajo una situación laboral estresogénica y tendríamos socialmente que darnos cuenta de que hemos de reducir el estrés en general, y que el ejercicio que hacemos para limitar nuestro estrés no se convierta en un estrés en sí mismo porque no lo puedo hacer.

¿A quién dirigía su libro, a hombres/mujeres, jóvenes/adultos, a enfermos neurológicos, a dirigentes descerebrados… o a cualquiera que desee un cerebro en forma?

A toda la población, sin la menor duda. Pero hay un colectivo que especialmente puede recibir los beneficios muy deprisa y es el de las personas mayores. Por un lado pueden ganar una mejora física, tanto del ejercicio aeróbico como del de fuerza, algo que ellos pierden fácilmente y necesitan ganar masa muscular. Y por otro lado, porque su cerebro se enriquecerá con mayores y mejores recursos, con mayor reserva cognitiva con la que conseguir el objetivo de retrasar al máximo posible la enfermedad neurodegenerativa.

30/05/2026