Las enfermedades que afectan al cerebro se han convertido en la principal causa de discapacidad y en una de las primeras causas de mortalidad en Europa. Más de 250 millones de europeos conviven actualmente con algún trastorno neurológico o mental. España, además, se sitúa a la cabeza de Europa en prevalencia de estas patologías, con un 2% más de casos que la media continental, debido, entre otros factores, al envejecimiento progresivo de la población.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. En Europa, las enfermedades cerebrales representan cerca del 15% de los años vividos con discapacidad y están relacionadas con alrededor del 10% de las muertes anuales: un 6% por patologías neurológicas y un 4% por trastornos mentales.
Estos datos se pusieron sobre la mesa durante el Seminario Periodistas de Neurociencias 2026, organizado recientemente por Lundbeck Iberia bajo el lema El cerebro, la última frontera. En el encuentro, especialistas en psiquiatría, neurología, inteligencia artificial y representantes de pacientes coincidieron en la necesidad de convertir la salud cerebral en una prioridad de salud pública tanto en España como en el conjunto de Europa.
¿Qué es la salud mental?
Pero, ¿qué entendemos exactamente por salud mental? La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como un estado de bienestar que permite a las personas desarrollar sus capacidades, afrontar el estrés cotidiano, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad. En definitiva, implica poder manejar las tensiones normales de la vida y disfrutar de ella.
La salud cerebral engloba no solo enfermedades neurológicas prevalentes, como el ictus, las demencias, la epilepsia, la migraña, el párkinson o el alzhéimer, sino también trastornos mentales como la depresión, la ansiedad o los trastornos psicóticos. La dimensión del problema es tal que el coste asociado a estas enfermedades ya supera al de patologías cardiovasculares, diabetes y cáncer.
Ponentes en el Seminario Lundbek 2026.
Trabajar contra el estigma
“La neurociencia vive una nueva era de innovación. El cerebro sigue siendo uno de los mayores desafíos de la biomedicina y es necesario avanzar con un enfoque estratégico y especializado. Cada paso, por pequeño que sea, tiene un enorme impacto clínico y social”, señaló Sara Montero, directora general de Lundbeck Iberia.
Montero insistió además en que la salud cerebral no debe limitarse al manejo clínico de las enfermedades. “También es necesario favorecer la comprensión social para eliminar el estigma que acompaña a muchas de estas patologías y mejorar su diagnóstico precoz”, afirmó.
Muchas de estas enfermedades son, en parte, el precio del aumento de la esperanza de vida. “El envejecimiento de la población ha incrementado la prevalencia de las enfermedades neurodegenerativas. A ello se suman otros factores que afectan a la salud cerebral, como el estilo de vida, el estrés, el consumo de tóxicos o la soledad no deseada”, explicó Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría.
De cara al futuro, Díaz Marsá recordó la importancia del diagnóstico temprano, fundamental para prevenir disfunciones y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Prevención y autocuidado
Durante el encuentro, la investigadora Mara Dierssen, presidenta del Consejo Español del Cerebro, reconoció que uno de los grandes desafíos será integrar el conocimiento científico en los sistemas sanitarios “y convertirlo en beneficios reales para la población”. Además, subrayó la importancia de impulsar la prevención desde edades tempranas. “No basta con tratar las enfermedades; también hay que prevenirlas promoviendo la salud cerebral desde la infancia”, afirmó.
En la misma línea, José Miguel Laínez, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Casa de Salud de Valencia, destacó que la prevención y el autocuidado del cerebro deben convertirse en ejes centrales de las políticas sanitarias y de educación para la salud. “Muchas enfermedades cerebrales pueden prevenirse o retrasarse actuando sobre factores modificables”, explicó.
Según el especialista, se estima que el 90% de los factores de riesgo asociados al ictus son modificables, lo que permitiría reducir más de la mitad de los casos. Del mismo modo, entre un 40% y un 50% de las demencias podrían prevenirse o retrasarse mediante hábitos de vida saludables y una intervención precoz.
El impacto de la IA
La inteligencia artificial está transformando de forma acelerada el campo de la neurociencia y la salud cerebral, abriendo nuevas posibilidades tanto en investigación como en práctica clínica. Su capacidad para analizar grandes volúmenes de datos permite identificar patrones complejos en el funcionamiento del cerebro que hasta hace pocos años resultaban invisibles.
Estas tecnologías están mejorando el diagnóstico precoz de enfermedades neurológicas y psiquiátricas, facilitando intervenciones más tempranas y precisas. Juan Isla, director de Fundación 29 y padre de un niño con una enfermedad neurológica rara –experiencia que le llevó a implicarse activamente en este ámbito–, explicó que la inteligencia artificial está reduciendo de forma drástica los tiempos de diagnóstico de patologías que antes tardaban décadas en identificarse.
A corto plazo, añadió, uno de los grandes avances serán los biomarcadores digitales obtenidos a través del teléfono móvil: la voz, la forma de caminar o los patrones de sueño, entre otros indicadores, podrían permitir detectar enfermedades como el párkinson o el deterioro cognitivo antes incluso de que aparezcan los primeros síntomas perceptibles para el paciente.