Si hoy Conchi Lorenzo Gómez (Azpeitia, 1975) dirige una academia de costura en Beasain, es gracias a un consejo que recibió siendo apenas una adolescente. De niña soñaba con ser peluquera, pero su abuela la animó a aprender costura. A los 14 años dio sus primeras puntadas; a los 19 ya era modista. Desde entonces, la aguja y el hilo la han acompañado en cada etapa de su vida. Incluso cuando trabajó en hostelería y llegó a plantearse abrir un restaurante, la costura siempre acabó encontrando el camino de vuelta. Hoy sabe que aquel consejo marcó el rumbo de su vida.
Y, en cierto modo, también el de muchas otras personas. Basta preguntar alrededor para encontrar a alguien que, en los últimos años, se ha animado a aprender a coser. En Beasain, y también en buena parte de Goierri, la costura ha ido despertando el interés de personas de todas las edades. Conchi ha contribuido a ello. Desde hace once años ha enseñado un oficio que parecía reservado a otras generaciones.
Aunque nació en Azpeitia, hace 25 años que Beasain se convirtió en su hogar. Llegó por amor y aquí echó raíces. Durante años trabajó para otros y también cosió desde casa, hasta que el espacio empezó a quedarse pequeño a medida que sus hijos crecían. Fue entonces cuando decidió trasladarse a un local en la calle Nekolalde para convertirlo en su propio taller y poder seguir desarrollando su labor como modista.
Cambio de puntada
Sin embargo, aquel espacio acabó evolucionando. Una mala experiencia la llevó a replantearse su forma de trabajar y decidió empezar a impartir clases de costura. La respuesta fue inmediata. En poco tiempo ya tenía 35 alumnos.
Con aquel crecimiento, Xoana Jostun Akademia, nombre con el que Conchi quiso rendir homenaje a la familia paterna, necesitó un espacio mayor. Lo encontró en la calle Esteban Lasa, donde se instaló en febrero de 2020. No obstante, el nuevo local apenas llevaba unas semanas abierto cuando estalló la pandemia. El parón fue un jarro de agua fría, pero solo temporal. Con el regreso a la normalidad, la academia recuperó la actividad y siguió sumando alumnos hasta superar hoy el medio centenar.
Conchi Lorenzo cosiendo en su academia de Beasain.
Puntadas compartidas
Cada semana, decenas de personas cruzan la puerta de la academia para aprender a coser. En estos once años, Conchi ha acompañado a alumnos de entre siete y 80 años. Muchos llegan sin haber dado nunca una puntada y con el respeto de quien jamás se ha sentado frente a una máquina de coser. Sin embargo, en poco tiempo ya están confeccionando su primer neceser. A partir de ahí, las posibilidades son infinitas. Conchi les acompaña en cada proyecto y les ayuda a hacer realidad aquello que imaginan: desde un bolso o una falda hasta un vestido o, incluso, un conjunto completo.
Aunque la mayoría de sus alumnos son mujeres, también cuenta con hombres entre sus filas. “Cada vez son más los que se animan”, explica. Conchi habla de ellos con especial cariño y orgullo. Son “mis chicos”, dice, antes de destacar el nivel de detalle y perfeccionismo con el que trabajan. Pero, más allá de si son hombres o mujeres, de la edad que tengan o de la experiencia con la que lleguen, todos sus alumnos ocupan un lugar especial para ella. “Cada alumno es un trocito de mi corazón”, asegura.
Asimismo, Xoana Jostun Akademia es mucho más que un lugar donde aprender a coser. Con el paso de los años, se ha convertido en un espacio de encuentro en el que han nacido grandes vínculos. Conchi reconoce que ha hecho “muchas amistades”. Después de tantos años entre telas, hilos y patrones, tiene claro que disfruta de su trabajo. “Me encanta lo que hago”, afirma.
Ahora, recién llegada la pausa del verano, Conchi Lorenzo disfruta de unas merecidas vacaciones antes de volver a ponerse manos a la obra en septiembre. El nuevo curso arrancará con grupos de siete personas y clases de dos horas semanales.