Actualidad

¿Cómo proteger a la infancia en la era digital?

El Gobierno Vasco y UNICEF Euskadi reunieron en Bilbao a expertos y agentes sociales para abordar el bienestar digital de los niños y adolescentes y sentar las bases para el diseño de futuras políticas públicas en sintonía con la estrategia europea
Un grupo de niños se hace una foto y juega con sus teléfonos móviles mientras están tumbados un parque.
Un grupo de niños se hace una foto y juega con sus teléfonos móviles mientras están tumbados un parque. / Magnific

Las nuevas tecnologías no son ajenas a los menores. Niños y adolescentes crecen, aprenden, juegan y se relacionan también en el entorno digital, una realidad que ofrece oportunidades pero que también plantea riesgos para sus derechos y su seguridad. La ley reconoce su derecho a crecer en un entorno digital seguro y establece responsabilidades para las familias, los centros educativos, las administraciones y las empresas tecnológicas.

UNICEF Euskadi y el Gobierno Vasco celebraron el miércoles una jornada de trabajo para abordar este desafío y sentar las bases para el diseño de futuras políticas públicas sobre los derechos y el bienestar de los menores en el entorno digital.

Para comprender la verdadera dimensión de este desafío en Euskadi, los datos del estudio Infancia, adolescencia y bienestar digital en Euskadi, elaborado por UNICEF sobre una muestra de 7.675 menores de entre 10 y 20 años, ofrecen un diagnóstico cuantitativo contundente. El 93% de los niños, niñas y adolescentes en edad escolar está registrado en al menos una red social, y un 77,7% utiliza tres o más de manera simultánea.

Incluso entre los menores de 13 años, la presencia virtual es masiva: el 73,7% cuenta ya con perfil propio en plataformas como WhatsApp, YouTube, TikTok o Instagram. Aunque la mayoría de la juventud realiza un uso normalizado, la investigación detecta señales que requieren una atención prioritaria.

Para Juan Manuel Machimbarrena, profesor e investigador de la Facultad de Psicología de la EHU, estos datos no implican que los jóvenes usen correctamente la tecnología: “Que un niño sepa usar un dispositivo de forma intuitiva no significa que comprenda la tecnología ni sus riesgos. La interfaz está diseñada para ser muy fácil de usar. Esto ha hecho creer que los menores no necesitan supervisión, cuando siguen precisando el acompañamiento de los adultos”.

“ No estamos ante una pandemia, pero es preocupante porque el bienestar o la salud mental de estos adolescentes se ven afectadas. Está claro que tenemos que ayudarles ”

Juan Manuel Machimbarrena - Profesor e investigador de la EHU

Adicción digital

El tiempo que los jóvenes pasan conectados se ha convertido en una de las principales preocupaciones en torno al bienestar digital. Sin embargo, centrar el debate únicamente en las horas que pasan frente a una pantalla deja fuera otras cuestiones esenciales: qué hacen en ella, a qué contenidos acceden y qué garantías tienen sus derechos.

El presidente de UNICEF Euskadi, Joseba Madariaga, reclama ampliar la mirada: “Los derechos de la infancia no desaparecen cuando un niño o una niña enciende una pantalla. La tecnología forma parte de sus vidas y nuestra responsabilidad no puede limitarse a decirles cuánto tiempo deben pasar delante de una pantalla. Debemos preguntarnos qué encuentran, quién decide lo que ven, cómo protegen su intimidad y quién responde cuando sus derechos se vulneran”.

Los expertos advierten de que analizar únicamente el tiempo de exposición resulta insuficiente para calibrar la gravedad de un comportamiento. Machimbarrena subraya la necesidad de desmitificar la adicción automática: “Que un menor pase mucho tiempo conectado no significa que sea adicto; el problema surge cuando se rompe el equilibrio y el uso de las redes desplaza actividades esenciales”.

Tres niños observan un vídeo en el teléfono móvil.

Tres niños observan un vídeo en el teléfono móvil. Magnific

Por su parte, Maialen Garmendia, de EU Kids Online, concreta las señales clínicas donde se manifiesta el verdadero riesgo del exceso: “El problema está cuando no poder usar la tecnología les afecta emocionalmente, cuando dejan de salir con sus amigos, de hacer sus deberes o cuando dejan de comer y dormir. Hay un 16% que las usa por la noche, quitándose horas de sueño”.

La experta advierte de que este comportamiento no es exclusivo de los menores: “Puede que los jóvenes tengan más tiempo libre y por eso le dediquen más horas, pero yo creo que los adultos también hacemos un uso muy elevado de la tecnología”.

En este punto, Charo Sádaba, catedrática de la Universidad de Navarra y miembro del Comité de Personas Expertas para un Entorno Digital Seguro, sitúa el foco en la calidad y finalidad del consumo frente a la cuantificación en minutos: “El riesgo no reside en el tiempo de exposición medido en minutos u horas, sino en la finalidad del uso y el tipo de contenidos consumidos. Cinco minutos de interacción pueden derivar en un perjuicio grave, mientras que un uso prolongado con fines informativos o creativos carece de impacto negativo”.

“ ”

Uso conflictivo

En Euskadi sólo el 5% del total de personas usuarias jóvenes hace un uso conflictivo del mundo digital, mientras que un 13,9% manifiesta síntomas de malestar emocional como ansiedad o depresión. A esto se suma el acceso a contenidos perjudiciales: el 30% del alumnado afirma haber visto pornografía alguna vez, situándose el primer contacto en torno a los 12 años y reconociendo tres de cada cuatro jóvenes que acceder a este material les resultó bastante o muy fácil.

“No estamos ante una pandemia, pero es preocupante porque el bienestar o la salud mental de estos adolescentes se ven afectadas. Está claro que tenemos que ayudarles”, explica Machimbarrena.

La sobreexposición de los menores a las nuevas tecnologías les está afectando de tal manera que más de la mitad de los adolescentes han solicitado un descanso. “No es una imposición de los adultos, son ellos los que piden esa desconexión y tenemos que aprovecharnos de ella a la hora de plantear cualquier cambio”, asevera el experto en bienestar digital.

“ Prohibir la tecnología hasta los 16 o 18 años no garantiza que, al alcanzar esa edad, los jóvenes sepan utilizarla adecuadamente. La clave es prepararlos para desenvolverse en el entorno digital ”

Rosa Pérez - Directora Educación Digital en Gaptain

En el terreno de las relaciones interpersonales, la necesidad de socializar permanece invariable a través de las décadas. Maialen Garmendia recalca que la esencia sigue siendo la misma: “Para un adolescente, lo más importante era estar en contacto con sus iguales hace 40 o 50 años y lo sigue siendo hoy. Si entiendes WhatsApp como una red social, es estupenda porque les permite mantener ese contacto permanente”.

Donde se genera el conflicto es en la disparidad de enfoques entre generaciones sobre el uso de estas plataformas. Rosa Pérez, directora de Educación Digital en Gaptain, advierte sobre esta brecha cultural: “La misma tecnología no la usa igual un adulto que un niño. Por ejemplo, las redes sociales las utilizamos de formas distintas. No vas a conseguir trasladar tu forma de pensar a tus hijos porque ellos entienden la tecnología de una forma y nosotros de otra”.

El 93% de los menores en edad escolar está registrado en alguna red social y un 4,3% presenta indicadores de uso problemático.

El 93% de los menores en edad escolar está registrado en alguna red social y un 4,3% presenta indicadores de uso problemático. Magnific

Educación digital

El debate sobre el uso de las nuevas tecnologías ha impactado también en el sistema educativo. En enero de 2024, el Ministerio de Educación planteó a las comunidades autónomas acordar unos criterios comunes para regular el uso de los teléfonos móviles en los centros educativos. La propuesta contemplaba prohibir su uso en Infantil y Primaria, salvo cuando el profesorado autorizara su utilización con fines didácticos. En Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional, su empleo quedaría restringido a situaciones excepcionales debidamente justificadas.

Los expertos defienden el uso de las nuevas tecnologías siempre que aporten al aprendizaje, sin descartar los métodos tradicionales ni ignorar los riesgos adictivos de los dispositivos. “No toda digitalización es positiva. Hemos vivido un boom en el que interesaba vender la digitalización de la escuela, pero las decisiones deben guiarse por la evidencia. No se trata de digitalizar por digitalizar; la tecnología debe estar al servicio de la enseñanza, y no al revés”, reconoce Machimbarrena.

“ ”

El reto está en enseñar a los jóvenes a relacionarse con la tecnología sin que esta condicione su bienestar. Una responsabilidad que va mucho más allá de las familias o de la escuela y que, en última instancia, nos compete a todos. “No basta con pedir a los padres que controlen el tiempo que sus hijos usan los dispositivos tecnológicos. Debemos preguntarnos qué hacen las plataformas y las instituciones públicas”, asegura el presidente de UNICEF Euskadi.

En una línea similar se manifiesta Txema Ezkerra, director de Infancia, Adolescencia y Familias del Gobierno Vasco. “Sostener el bienestar de hoy no debe comprometer el de las generaciones futuras, y para ello debemos tejer complicidades con el tejido comunitario, el sector productivo, la comunidad educativa y las propias familias”, relata.

“ Sostener el bienestar de hoy no debe comprometer el de las generaciones futuras, y para ello debemos tejer complicidades con el tejido comunitario, el sector productivo, la comunidad educativa y las propias familias ”

Txema Ezkerra - Director de Infancia, Adolescencia y Familias del Gobierno Vasco

Predicar con el ejemplo

Una de las primeras decisiones a las que se enfrentan las familias es cuándo dar a sus hijos su primer móvil. Maialen Garmendia considera que a los 9 o 10 años todavía no necesitan un teléfono propio y apunta a un cambio de tendencia: “Los datos del INE ya reflejan un retraso en la edad de acceso. Cada vez hay menos niños de 10 y 11 años que tienen móvil propio”. Para quienes necesitan mantener el contacto con sus hijos, añade, existen alternativas: “Algunas familias optan por un reloj digital que les permita comunicarse con ellos si surge algún problema”.

Maialen Garmendia recuerda que la mejor forma de educar es con el ejemplo. “Si les pedimos a los menores que no utilicen tanto el móvil, pero luego somos nosotros, sus padres, quienes estamos pendientes del teléfono y no nos ponemos ningún límite, el mensaje pierde toda su fuerza. Al final, los niños hacen lo que ven, no lo que les decimos que hagan”.

Te puede interesar:

ON
Uso de pantallas en Secundaria

Machimbarrena propone acompañar a las familias sin culpabilizarlas y facilitarles recursos para establecer hábitos saludables, como prescindir de los dispositivos durante las comidas o antes de dormir. Charo Sádaba, por su parte, defiende límites razonados, vinculados al descanso y al diálogo, en lugar de prohibiciones arbitrarias. “Para que los límites resulten eficaces deben sustentarse en razones comprensibles que prioricen el descanso y el diálogo. Crear un entorno de confianza evita que el menor oculte un problema por miedo al castigo”, argumenta.

Rosa Pérez aboga por capacitar a los jóvenes para desarrollarse en dicho ámbito: “Prohibir la tecnología hasta los 16 o 18 años no garantiza que, al alcanzar esa edad, los jóvenes sepan utilizarla adecuadamente. La clave es prepararlos para desenvolverse en el entorno digital”.

2026-10-26T07:04:39+01:00
En directo
Onda Vasca En Directo