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El verano invita a disfrutar de la playa, la piscina, las terrazas y las actividades al aire libre. Mientras la mayoría de las personas protegen la piel con crema solar o busca la sombra en las horas de mayor intensidad solar, la salud ocular continúa siendo una de las grandes olvidadas. Y eso tiene consecuencias.
La exposición prolongada a la radiación ultravioleta se combina durante estos meses con un entorno especialmente agresivo para los ojos. El cloro de las piscinas, la sal del mar, la arena, el viento, el aire acondicionado o un uso inadecuado de las lentes de contacto favorecen la aparición de irritaciones, infecciones y lesiones oculares, convirtiendo el verano en una de las épocas del año con más consultas relacionadas con la visión.
“Nos preocupamos mucho por proteger la piel del sol, pero no tanto los ojos. La diferencia es que una persona puede llevar la piel cubierta con ropa, mientras que los ojos están continuamente expuestos porque necesitamos ver. No hay ninguna forma de evitar esa exposición permanente y eso hace que sufran las consecuencias de la radiación solar”, explica el doctor Javier Hurtado Ceña, especialista en Oftalmología del Instituto Nacional de la Visión de Madrid.
Principales afecciones
Las conjuntivitis y las irritaciones oculares encabezan cada verano las consultas de los oftalmólogos. Existen dos tipos de conjuntivitis: la alérgica y la infecciosa. La conjuntivitis alérgica, típica de la primavera, puede agravarse durante los meses estivales por la exposición al sol y al calor, especialmente en los niños. En estos casos, se recomienda evitar frotarse los ojos y aliviar las molestias con compresas frías.
La conjuntivitis infecciosa es especialmente frecuente en verano. La mayoría de los casos son de origen vírico. El contagio suele producirse en piscinas y playas. Debido a su elevada capacidad de transmisión, es fundamental extremar las medidas de higiene, como no compartir toallas y lavarse las manos con frecuencia, además de acudir al oftalmólogo ante los primeros síntomas para recibir el tratamiento adecuado y evitar posibles complicaciones.
La radiación ultravioleta también puede producir fotoqueratitis, una lesión de la córnea causada por la exposición intensa al sol, especialmente cuando la luz se refleja sobre el agua o la arena. El dolor intenso, la fotofobia, el lagrimeo y la sensación de tener un cuerpo extraño en el ojo son algunos de los síntomas más habituales.
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Pero los efectos de la radiación solar no se limitan a molestias pasajeras. La exposición acumulada durante años acelera la aparición de cataratas, favorece enfermedades como la degeneración macular asociada a la edad o el pterigión y aumenta el riesgo de desarrollar tumores en los párpados, una de las zonas más expuestas al sol.
Cuidado con el aire acondicionado
El calor y el uso continuado de aire acondicionado o ventiladores favorecen la evaporación de la película lagrimal y aumentan la sequedad ocular, sobre todo en personas con ojo seco, usuarios habituales de pantallas, mayores o mujeres tras la menopausia.
“En personas sin enfermedades oculares importantes el aire acondicionado puede provocar algo más de enrojecimiento o molestias al final de la jornada, pero normalmente basta con utilizar lágrimas artificiales o proteger un poco más los ojos”, explica el especialista en temas oculares.
Javier Hurtado Ceña, especialista en Oftalmología del Instituto Nacional de la Visión de Madrid, examina la vista de una paciente.
Riesgos de utilizar lentillas
Las lentes de contacto requieren un cuidado especialmente riguroso durante las vacaciones. Dormir con ellas, bañarse en el mar o en la piscina sin retirarlas previamente o manipularlas sin una correcta higiene incrementa el riesgo de sufrir infecciones que, en algunos casos, pueden comprometer la visión.
“Las infecciones relacionadas con las lentes de contacto sí pueden ser graves. En cambio, la irritación provocada por el agua del mar o el cloro suele resolverse con lágrimas artificiales, suero fisiológico y evitando seguir irritando el ojo”, advierte Hurtado Ceña.
Aunque muchas lentillas incorporan protección frente a la radiación ultravioleta, los especialistas recuerdan que no sustituyen a las gafas de sol, ya que no protegen todas las estructuras externas del ojo, especialmente los párpados.
Traumatismos oculares
Las actividades deportivas y recreativas propias del verano incrementan también los traumatismos oculares, especialmente entre niños y jóvenes. Pelotas, palas, deportes acuáticos o pequeños accidentes domésticos pueden provocar lesiones que requieren atención inmediata si aparecen dolor intenso, pérdida de visión o hemorragias.
“ Usar gafas de sol de mala calidad es peor que no llevarlas porque dejan pasar más radiación solar ”
Javier Hurtado Ceña - Oftalmólogo del Instituto Nacional de la Visión
Falsos mitos
En torno a la salud visual circulan ideas muy extendidas que no ayudan a proteger de manera adecuada la vista. El primero, según el doctor Ceña, es la creencia de que llevar una graduación inferior a la necesaria ayuda a que el ojo “trabaje” más y mejore por sí solo. “No es cierto. Si una persona tiene tres dioptrías de miopía, debe llevar la graduación que realmente necesita”, afirma.
Otra idea muy arraigada es que las gafas provocan una especie de dependencia y que el ojo termina acostumbrándose a ellas. El oftalmólogo rechaza esa afirmación y recuerda que su función es únicamente corregir el defecto visual existente. “En general eso no ocurre. La graduación simplemente corrige el problema visual que existe”, explica.
La única excepción que matiza es la presbicia o vista cansada. En estos casos, señala que puede ser razonable retrasar ligeramente el uso de gafas cuando la persona todavía es capaz de desenvolverse con comodidad en las tareas de cerca. Sin embargo, advierte de que no tiene sentido seguir forzando la visión cuando el problema empieza a afectar a la vida cotidiana.
“En la presbicia o vista cansada sí suelo recomendar que, si una persona todavía puede desenvolverse bien sin gafas, espere un poco antes de utilizarlas. Pero si la falta de visión de cerca ya interfiere en su vida diaria, debe usarlas sin problema”, concluye.
Una mujer sonriente utiliza gafas para proteger sus ojos del sol.
Medidas de protección
Los oftalmólogos insisten en que la mejor defensa frente a la radiación ultravioleta pasa por utilizar gafas de sol homologadas adquiridas en establecimientos autorizados. Solo así se garantiza que incorporan filtros capaces de bloquear la radiación ultravioleta.
Los expertos alertan, además, de un error muy extendido. “Usar gafas de mala calidad puede ser incluso peor que no llevarlas. Si el cristal simplemente oscurece la visión pero no filtra la radiación ultravioleta, el ojo interpreta que hay menos luz, dilata la pupila y acaba entrando todavía más radiación”, explica Javier Hurtado. “Muchas personas piensan que cualquier cristal oscuro protege del sol y eso no es cierto”.