Actualizado hace 1 hora
Mantener una buena higiene bucal va más allá de cepillarse los dientes tres veces al día.
Aunque es fundamental para eliminar la placa bacteriana de la superficie, el cepillo no llega correctamente a todos los espacios de la boca. Por ello, incorporar otros hábitos, como el uso del hilo dental, resulta clave para cuidar los dientes y las encías.
El hilo dental elimina restos de alimentos y placa bacteriana acumulados entre los dientes, precisamente en zonas donde las cerdas del cepillo tienen dificultad para llegar. Si la placa no se elimina, favorece la aparición de caries y problemas de encías.
Utilizar hilo dental también ayuda a mantener unas encías más saludables. El sangrado al usarlo puede aparecer cuando existe inflamación, y lo normal es que con el uso vaya remitiendo, aunque si persiste conviene consultar con un dentista para determinar su causa.
El hilo dental, ¿antes o después del cepillado?
El orden influye en la eficacia de la rutina de higiene bucodental. Aunque la mayoría de gente lo usa después, es importante saber que utilizar el hilo dental antes del cepillado permite desprender la placa y los restos que se encuentran entre los dientes para que posteriormente puedan eliminarse mediante el cepillado.
Un estudio publicado en Journal of Periodontology comparó ambos órdenes y observó que utilizar primero el hilo dental podía favorecer una mayor reducción de placa interdental y una mejor retención de flúor en esas zonas después del cepillado.
Por ello, la rutina debe comenzar con el hilo dental, continuar con el cepillado con pasta dental fluorada y terminar siguiendo las recomendaciones de un profesional.
El hilo dental, mejor antes del cepillado
Cómo incorporar el hilo dental a la rutina
Para utilizar correctamente el hilo dental, hay que introducirlo suavemente entre los dientes, evitando movimientos bruscos que puedan dañar las encías.
Una vez colocado, debe deslizarse siguiendo la superficie de cada diente y llegar hasta la zona cercana a la encía.