Actualizado hace 8 minutos
En el fútbol los títulos suelen determinar la importancia de los clubes en el contexto histórico. El Brescia jamás formó parte de la aristocracia del Calcio. Nunca conquistó un Scudetto ni tampoco fue un asiduo a las competiciones europeas; de hecho, solo disputó la Copa Intertoto en dos ocasiones. Sus vitrinas solo estaban decoradas por títulos menores, los obtenidos mediante ascensos en la Serie C o la Serie B. A lo largo de sus 115 años de historia solo permaneció durante 23 temporadas en la Serie A. Por todo ello, el Brescia no es precisamente un caso de éxito.
Sin embargo, fue y siempre será considerado un club de culto. Porque en el estadio Mario Rigantoni jugaron algunas de las grandes estrellas de las últimas décadas: allí dio sus primeros pasos Andrea Pirlo; allí escribió su último gran capítulo el Balón de Oro Roberto Baggio, coleta al viento; allí encontró su ocaso como jugador Pep Guardiola y conceptos que años después formarían parte de la filosofía del entrenador que transformó el fútbol europeo, con el triste episodio de su positivo por dopaje; allí edulcoró el juego El Maradona de los Cárpatos, Gica Hagi; allí fue afilando su cresta Marek Hamsik; allí fabricó escándalos el díscolo Mario Balotelli; allí jugó Sandro Tonali, la última joya de la cantera; allí perforaron redes Andrea Caracciolo o Luca Toni; allí impartieron dirección desde el banquillo Mircea Lucescu o Filippo Inzaghi. Leyendas. Esa historia ha llegado a su fin. RIP Brescia, 1911-2026.
La liquidación judicial decretada por el Tribunal de Brescia ha certificado la desaparición de una institución centenaria asfixiada por una deuda cercana a los 20 millones de euros. A diferencia de otros clubes, este no ha sido rescatado. En el ejercicio contemporáneo de muchos futbolistas y exfutbolistas, y por supuesto millonarios, de adquirir clubes en propiedad, esta entidad de Lombardía no ha esquivado su extinción. Un ejemplo más de la mala gestión en el Calcio.
El Brescia no murió el día que un juez firmó la sentencia. La resolución solo puso el punto final a una crisis que llevaba tiempo agravándose sin freno. La desaparición es el desenlace de una cadena de errores de gestión, dificultades económicas, sanciones deportivas y decisiones que terminaron dejando al club sin margen para la supervivencia, ahogado por las deudas.
Pep Guardiola, durante su etapa en el club bresciano.
El principio del fin
El origen de esta caída se remonta a 2017. La llegada de Massimo Cellino a la presidencia generó expectativas. Su experiencia al frente del Cagliari y del Leeds United hacía pensar que podía devolver estabilidad a una entidad acostumbrada a alternar la Serie A y la Serie B. De hecho, el Brescia regresó a la máxima categoría poco después, en 2019. Pero aquel éxito deportivo nunca fue acompañado de una estructura sólida. Un año después el equipo perdió la categoría y enfiló el precipicio. El club volvía a la Serie B, donde ningún otro club italiano ha permanecido más tiempo; en total, 66 temporadas. Los continuos cambios de entrenador, la falta de continuidad en el proyecto y una relación cada vez más tensa con el entorno fueron desgastando a un club que vivía permanentemente al límite.
El verdadero punto de inflexión llegó en 2025. La Federación Italiana detectó irregularidades económicas relacionadas con salarios e impuestos. La sanción se tradujo en una deducción de puntos, lo que provocó un descenso administrativo que oscureció el futuro del Brescia. La pérdida de la Serie B significó renunciar a una parte fundamental de los ingresos por derechos audiovisuales, patrocinio y explotación comercial. El club no fue capaz de absorber el golpe por la fragilidad de su situación financiera.
A partir de ese momento comenzó una carrera contrarreloj. La propiedad intentó encontrar financiación, renegociar deudas y presentar alternativas para garantizar la existencia del club bresciano. Pero nada trajo oxígeno para un paciente en estado crítico. Entonces llegó el revés definitivo.
El Brescia no completó la inscripción para competir en la Serie C. Y sin licencia federativa, el club quedó fuera del fútbol profesional. Es más, la última temporada no ha jugado; su último partido fue un amistoso en agosto de 2025. El agujero financiero se hacía mayor. El Tribunal de Brescia concluyó que la sociedad se encontraba en un estado de insolvencia que impedía garantizar su viabilidad. La apertura del procedimiento de liquidación judicial puso fin a la historia de una de las entidades más representativas del fútbol italiano.
La desaparición, ¿una venganza?
Massimo Cellino siempre sostuvo que el club había recibido un trato excesivamente severo y defendió que existían alternativas para evitar la desaparición. Pero el periodista italiano Nicola Binda realizó una contundente afirmación: “No hay quiebra, fue una venganza”. Según explicó hace apenas un año para el diario Sport, “no hay quiebra. Fue decisión de su presidente, Massimo Cellino: ofendido por las protestas, triste por los resultados, destrozado por la sanción que lo llevó al descenso a la Serie C, decidió, en venganza, no inscribir al equipo, cometiendo una gran injusticia con la afición y la ciudad”.
A lo largo de su vida, Cellino ha acumulado tres condenas penales definitivas, fundamentalmente por delitos financieros, fiscales y de falsedad documental, además de múltiples litigios de los que finalmente fue absuelto. Tuvo escándalos en el Leeds y el Cagliari, donde fue condenado por falsedad contable. En este último se ganó el apodo de El devoraentrenadores, ya que llegó a despedir a 36 técnicos durante sus 22 años de mandato.
Otros casos recientes de quiebras en Italia
El Brescia no es una excepción dentro del Calcio. Desde el nacimiento del nuevo milenio, el fútbol italiano ha sufrido las quiebras de Parma, Palermo, Chievo, Cesena, Catania, Bari, Reggina, Livorno o SPAL. También atravesaron procesos concursales, liquidaciones o refundaciones. Cada caso cuenta con sus particularidades, pero todos estos equipos comparten una misma advertencia, que es la fragilidad económica de buena parte del Calcio. Para muchas entidades, un descenso administrativo o una pérdida repentina de ingresos es suficiente para poner en riesgo décadas de historia. Se da la paradoja de que precisamente este mismo verano Tonali, la última joya de la cantera, ha sido traspasado del Newcastle al Tottenham por 108 millones de euros, siendo el tercer fichaje más caro hasta la fecha del actual mercado. Menos de una quinta parte de su coste hubiera revivido al club donde se formó.
En Brescia volverá a haber fútbol. La ciudad, que cuenta con cerca de 200.000 habitantes, ya trabaja en un nuevo proyecto deportivo. Las soluciones pasan por que los clubes brescianos se unan para refundar el club o convertir a uno de ellos en el nuevo Brescia. Habrá un equipo, unos colores y un estadio que seguirá recibiendo aficionados cada fin de semana. Pero no será el mismo Brescia que se transformó en un club de culto, aquel que consiguió albergar a estrellas desde su posición de humildad y logró que los aficionados de otros equipos miraran de reojo cada jornada para ver qué había hecho un Brescia que quizás trató de ser más de lo que podía ser.