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Aunque suelen asociarse a un aporte inmediato de energía y a una mejora del rendimiento físico o mental, las bebidas energéticas no están exentas de riesgos. Su combinación de cafeína, azúcar y otros compuestos estimulantes puede producir efectos que conviene conocer antes de incorporarlas de forma habitual a la dieta. Saber cómo actúan es la mejor forma de decidir cuándo conviene evitarlas o limitar su consumo.
Aumentan el ritmo cardíaco y la presión arterial
La mayoría de estas bebidas contienen dosis elevadas de cafeína, a las que se suman otros ingredientes estimulantes, como la taurina, el guaraná o el ginseng. Esta combinación activa el sistema nervioso, acelera el ritmo cardíaco y puede elevar la presión arterial. En personas sanas estos efectos suelen ser pasajeros, pero quienes padecen hipertensión, enfermedades cardiovasculares o alteraciones del ritmo cardíaco, pueden experimentar palpitaciones, mareos o un mayor riesgo de complicaciones. El problema aumenta cuando se consumen varias latas en poco tiempo.
Alteran el sueño y favorecen el cansancio posterior
El efecto estimulante desaparece al cabo de unas horas. Entonces es frecuente experimentar una caída brusca de energía, mayor sensación de fatiga e incluso dificultad para concentrarse. Además, si se toman por la tarde o por la noche, la cafeína puede retrasar el inicio del sueño, reducir su calidad y hacer que el descanso sea menos reparador. Dormir peor favorece que al día siguiente se vuelva a recurrir a estas bebidas para combatir el cansancio, creando un círculo difícil de romper.
Pueden provocar deshidratación
Aunque son bebidas, no constituyen una buena opción para hidratarse durante el ejercicio intenso o en ambientes calurosos. La cafeína tiene un ligero efecto diurético y, además, su acción estimulante puede hacer que se subestime la sensación de fatiga. Si se utilizan para practicar deporte sin una hidratación adecuada, aumenta el riesgo de deshidratación, especialmente cuando las temperaturas son elevadas o el esfuerzo físico es prolongado.
El exceso de azúcar también pasa factura
Muchas bebidas energéticas contienen cantidades importantes de azúcares añadidos. Un consumo frecuente favorece el aumento de peso y eleva el riesgo de desarrollar caries, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2. Aunque existen versiones sin azúcar, estas mantienen el elevado contenido en cafeína y otros estimulantes, por lo que no están exentas de riesgos.
No son adecuadas para todos
Los adolescentes, las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia y las personas con ansiedad, insomnio, hipertensión o enfermedades cardiovasculares deberían evitarlas. Tampoco se recomienda mezclarlas con alcohol, ya que la cafeína puede enmascarar la sensación de embriaguez y favorecer un consumo mayor de bebidas alcohólicas, aumentando el riesgo de accidentes y otros problemas de salud.
En situaciones puntuales, una bebida energética puede parecer una solución rápida frente al cansancio. Sin embargo, ningún estimulante sustituye al descanso, una alimentación equilibrada o una buena hidratación.