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Los últimos hallazgos de Atapuerca han ampliado el relato de uno de los episodios más antiguos de canibalismo conocidos en Europa. La campaña de 2026 ha recuperado 24 nuevos fósiles de ‘Homo antecessor’, algunos pertenecientes a individuos adultos cuyos restos presentan señales de haber sido descarnados y fragmentados hace unos 850.000 años.
El descubrimiento se ha producido en el nivel TD6-2 de la Gran Dolina, conocido como ‘estrato Aurora’. En este depósito aparecieron durante las campañas anteriores los restos que permitieron definir una nueva especie humana y documentar unas prácticas de canibalismo que hasta ahora se habían observado principalmente en niños y adolescentes.
Después de 31 campañas, el equipo ha comenzado a excavar de lleno este nivel y ha confirmado su extraordinario estado de conservación. Las nuevas incorporaciones elevan a más de 200 el número de fósiles humanos recuperados en la Gran Dolina.
Entre las piezas encontradas figuran un fragmento del hueso temporal del cráneo, vértebras cervicales y lumbares, falanges de manos y pies, tres dientes y diferentes huesos largos. También se han localizado un cúbito y fragmentos de tibia, fémur y húmero, según ha detallado el codirector del Proyecto Atapuerca Andreu Ollé.
Adultos descarnados y huesos “machacados”
Varios fósiles conservan marcas de corte producidas durante el descarnado de los cuerpos. Estas señales coinciden con las evidencias de canibalismo ya identificadas en el mismo estrato, pero la gran novedad reside en la presencia de restos adultos sometidos al mismo tratamiento.
La codirectora Marina Mosquera ha explicado que, aunque anteriormente se había recuperado algún fósil adulto, la inmensa mayoría pertenecía a población infantil y adolescente. Los nuevos hallazgos demuestran que esta práctica también alcanzó a individuos de mayor edad, cuyos restos aparecen “machacados”.
La codirectora María Martinón-Torres calcula, de manera provisional, que los más de 200 fósiles localizados corresponden a entre 12 y 15 personas. Entre dos y seis serían adultas y alguna habría alcanzado entre 27 y 30 años, una edad considerada avanzada para aquella población.
Una posible lucha por el territorio
Uno de los objetivos de la campaña era recuperar nuevas piezas que ayudaran a determinar por qué estos grupos consumían a otros seres humanos. Los investigadores ya han descartado que el hambre fuera la explicación principal y estudian ahora la posibilidad de un enfrentamiento entre poblaciones.
Mosquera plantea como hipótesis que la competencia por el territorio y los recursos llevara a un grupo a atacar a otro. La población infantil y adolescente podría haber sido el primer objetivo para debilitar al rival, aunque la aparición de adultos obliga a ampliar el escenario.
Ollé ha matizado que los fósiles analizados hasta ahora no presentan evidencias directas de una muerte violenta. Su elevada fragmentación dificulta establecer cómo murieron las personas canibalizadas. Dentro de la hipótesis del conflicto, lo “lógico” sería pensar que fallecieron violentamente, pero el equipo todavía no puede confirmarlo.
Una escena completa del Pleistoceno
La Gran Dolina también ha proporcionado numerosas herramientas de piedra y restos de animales. La combinación de estas piezas con los fósiles humanos ofrece “una imagen excepcionalmente completa de las actividades desarrolladas por este grupo en el Pleistoceno inferior”, según Ollé.
El potencial del ‘estrato Aurora’ permitirá profundizar en la biología, el comportamiento y la organización de los primeros pobladores de Europa. Los 24 nuevos restos consolidan además la Gran Dolina como uno de los yacimientos esenciales para estudiar una especie que, por ahora, solo ha sido definida a partir de los fósiles encontrados en Atapuerca.