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Alba Carrillo estrena década y lo hace en uno de los momentos más serenos y prometedores de una vida que, televisivamente hablando, ha tenido de todo. Modelo, concursante, colaboradora, personaje habitual de la prensa del corazón y presentadora, suma ahora un importante reto profesional: es el nuevo fichaje de La Séptima, la nueva cadena de televisión, donde conducirá Fuera de control junto a Marta Márquez.
Alba Carrillo reconoce que posee algo que no tenía a los 20: experiencia, una sólida red de afectos y, sobre todo, la certeza de saber quién es. Después de casi dos décadas sometida al escrutinio público, tiene claro qué no está dispuesta a negociar: su paz. Tampoco piensa rebajar sus opiniones para resultar más cómoda. Defiende los derechos humanos, la inmigración, la diversidad y la libertad individual con la misma contundencia con la que habla de sus relaciones o de las heridas del pasado. Este septiembre ha vuelto al frente de El Sótano Club, en TEN, antes de afrontar en noviembre su desembarco en La Séptima. Dos proyectos que consolidan una nueva etapa profesional muy ilusionante.
¿Cómo recibe este nuevo reto profesional? ¿Qué nos puede adelantar?
-Estoy muy contenta y honrada de que La Séptima haya contado conmigo para este nuevo reto. Creo que será una cadena que dará mucho que hablar y que abrirá con fuerza el panorama televisivo. Desde el primer momento me he sentido escuchada, querida y valorada, y eso me hace especialmente feliz. Siento que, por fin, se reconoce mi formación, mi experiencia y todo el trabajo que he desarrollado durante estos años. He pasado por cadenas que buscaban de mí la provocación o me utilizaban como comodín, pero ahora apuestan por lo que soy capaz de aportar profesionalmente. Estoy convencida de que será una relación muy beneficiosa para ambas partes. Asumo el reto con máxima responsabilidad, ilusión y ganas porque vengo a La Séptima para quedarme.
Hay quien dice que está viviendo su mejor momento. ¿Qué tiene la Alba de 40 que le faltaba a aquella chica de 20 que apareció en Supermodelo?
-La Alba de los 40 tiene experiencia, tiene más amigos, más soporte vital y una red de amor mucho mayor. Pero, sobre todo, tiene mucho más claro quién es y qué no va a negociar. Para mí negociar sería salirme de lo que soy o de lo que siento. Cada vez digo más claramente lo que pienso. Me parece mal que se censuren los sentimientos o las opiniones de los demás. Yo pienso lo que pienso y nadie puede enfadarse porque sienta de una determinada manera. En resumidas cuentas, lo que ya no negocio es mi paz ni ser yo misma.
Alba Carrillo el día de su cumpleaños este verano.
El Sótano Club, que acaba de regresar este mes, confió en usted. ¿Qué cuentas le quedan por ajustar -televisivamente hablando- en esta segunda temporada?
-Ninguna. No le hago ascos a ninguna controversia. Si alguien quiere que hablemos de algo, sea quien sea, estoy dispuesta a dialogar e incluso a discutir. Me encanta poder conversar con personas que piensan de manera diferente. Estoy superfeliz y superhonrada con El Sótano Club. Me ha hecho muchísimo bien y me ha hecho muy feliz.
Modelo, concursante, colaboradora y ahora presentadora. ¿Cuál de todas esas Albas ha sido la más peligrosa?
-Peligrosa no es ninguna. Parece que voy a comerme el mundo, pero soy una persona muy sensible y la gente que me conoce lo sabe. Lo que sí tengo claro es que no negocio con mis amigos: son mis amigos, cuido lo mío y lucho por ellos hasta el final. Como modelo sufrí bastante porque soy una persona muy social y pasaba muchísimo tiempo sola, cogiendo aviones y durmiendo en habitaciones de hotel en otras ciudades. Fue una época muy bonita, pero también muy solitaria. Como colaboradora he disfrutado muchísimo y sigo siéndolo. Tampoco considero que presentar sea más que colaborar. Somos todos parte de un equipo. Unas veces me tocará presentar y otras colaborar, y seré feliz haciendo ambas cosas. Ahora, como presentadora, me están permitiendo ser libre, sentirme muy yo y creo que es necesario que existan voces que no opinen exactamente como todo el mundo.
No se calla casi nada y últimamente se ha mojado defendiendo derechos, inmigración... ¿Le ha costado más dinero profesionalmente decir lo que piensa que algún divorcio?
-El divorcio económicamente no me supuso ningún problema. Fue muchísimo más emocional. Respecto a mis opiniones, yo no soy de ningún partido político. Voto aquello que está más cerca de lo que pienso, pero lo que defiendo son los derechos humanos. Cada persona tiene que poder ser como quiera, amar a quien quiera, vestir como quiera y sentirse como quiera. Mientras no invadas la parcela de los demás, tienes el derecho y también la obligación de intentar ser feliz y libre. Soy una persona privilegiada y quiero que todo el mundo tenga derechos, no que haya personas privilegiadas.
Ha dicho: “Ser rojo es querer que haya derechos y no privilegios”. En una televisión donde muchos famosos prefieren no pronunciarse sobre nada, ¿por qué ha decidido meterse en todos los charcos?
-Porque no puedo ser de otra manera. Tengo la enorme suerte de que mi familia, mis amigos y la gente que más quiero es muy diversa. Todos tienen derecho a pensar, sentir y vivir como quieran. Voy a defender siempre el mundo en el que quiero que crezca mi hijo: un mundo de derechos, libertades, esfuerzo, ayuda, generosidad y solidaridad. Esto funciona como una familia: cuando uno no llega, los demás ayudan. Socialmente debería suceder lo mismo. No puedes acostarte completamente feliz porque tú estés fenomenal mientras hay un montón de personas sufriendo. Eso me parece inhumano. Ese egoísmo nos lleva hacia una sociedad deshumanizada en la que yo no quiero vivir.
Alba Carrillo acaba de regresar esta semana al Sótano Club y responde a todas nuestras preguntas.
Completa la frase:
- A los 40 ya no estoy dispuesta a aguantar…, mentiras.
- La llamada que más ilusión me ha hecho últimamente ha sido…, todas las que recibí por mi cumpleaños. No me ha fallado nadie de la gente que quiero.
- El mejor lugar para meterme en un charco es…, cualquiera. Me meto en ellos en privado, en público, en las redes sociales y en televisión.
- Si pudiera borrar un titular sobre mí, sería…, “Alba Carrillo ha ingresado en la López Ibor”. No porque haya que estigmatizar la salud mental -entrar en un centro de salud mental debería entenderse igual que acudir a cualquier otro hospital-, sino por todo lo que representa aquel titular para mí. Fue una época en la que sufrí muchísimo y también sufrió mi familia. Hoy puedo mirar hacia atrás y decir que siempre existe una oportunidad no solo para volver a empezar, sino para volver a sentirse fuerte y reconocerse de nuevo.
Entre la tele y sus redes, analiza constantemente las vidas de los demás, pero lleva casi veinte años viendo cómo los demás analizan la suya. ¿Qué titular sobre Alba Carrillo le ha hecho pensar alguna vez: “Pero esta señora, ¿quién es? Porque yo no la conozco”?
-De mí se ha dicho prácticamente de todo: bueno, malo y regular. A algunos les hacen gracia mis expresiones y otros piensan que soy una estúpida. Todo el mundo tiene derecho a pensar lo que quiera, siempre que no ofenda. Lo que me molesta es el clickbait cuando leo un titular y pienso: “Pero si esto no tiene absolutamente nada que ver”. No me importa que cuenten cosas negativas sobre mí si son ciertas. Si tengo carácter o alguna vez me pongo nerviosa, me lo como porque es mío. Lo que no me gustan son las mentiras. Y sobre mí sí ha habido titulares que eran mentira.
Ha tenido relaciones que han ocupado portadas, horas de televisión y kilómetros de titulares. Ahora que tiene 40 años, ¿qué bandera roja detecta Alba Carrillo en cinco minutos y a los 25 tardaba dos años en descubrir?
-Creo que a los 20 o 25 años veía las mismas cosas porque la gente no es tonta. La diferencia es que antes pensaba que las personas podían cambiar y que determinadas cuestiones acabarían dejando de ser importantes dentro de una relación. Con el tiempo descubres que existen cosas fundamentales. Una persona muy fascista, muy dictatorial con la vida de los demás o que solo piense que los suyos tienen derecho a estar bien me cuesta muchísimo. Y también llevo mal las faltas de ortografía. Si un chico me escribe fatal, no es por nada, pero me va a costar bastante.
Alba Carrillo vive un momento dulce en lo personal y en lo profesional.
Tiene dos carreras terminadas, estudia Filología Hispánica y es una lectora voraz. Sin embargo, durante años una parte de la televisión le colocó simplemente la etiqueta de “modelo y ex de”. ¿Le ha dolido más que le juzgaran por lo que decía o que algunos nunca se molestaran en descubrir todo lo que había detrás?
-Durante años me dolió muchísimo escuchar: “Cállate, que tú vives de tu ex” o “Has vivido de hablar mal de Feliciano”. No. Feliciano se portó mal y yo lo conté. Muchas veces revictimizamos a la víctima. Una persona explica algo que ha vivido, que alguien le ha sido infiel o que le ha hecho sufrir, y terminamos atacando a quien lo cuenta en lugar de a quien actuó mal. Con el tiempo he aprendido algo: quien quiere pensar mal de ti va a seguir haciéndolo aunque le presentes mil argumentos. Cada vez me importa más lo que piense la gente que quiero y que me quiere. El resto tiene derecho a pensar lo que quiera.
Su madre, Lucía Pariente, su padre, Carlos, y Lucas son su gran núcleo. ¿Quién consigue decirle “Alba, te has pasado” y que haga caso?
-Me lo dicen los tres. Que les haga caso ya es otra cosa. Si me dejan un rato sola sí puedo llegar a la conclusión de que tenían razón. Puedo hacer caso a los tres o a ninguno, pero intento escuchar bastante a Lucas. Es una persona muy sensata, me conoce muy bien y cuando él me dice algo pienso: “Ostras, lo que no puedo permitirme es hacerle daño con alguno de mis comportamientos”. Entonces sí doy un paso atrás.