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El Foro Zedarriak considera que la robótica avanzada y la inteligencia artificial ‘física’ son una “oportunidad industrial” para Euskadi, con un potencial similar comparable al que suponen la automoción o la aeronáutica para la industria vasca.
Esta conclusión forma parte del noveno informe elaborado por este foro de reflexión y acción que, bajo el título “La próxima revolución: Inteligencia Artificial con cuerpo”, apuesta por la robótica como respuesta a la escasez estructural de trabajo en una sociedad envejecida como la vasca y como “nueva oportunidad industrial” para el territorio.
El informe ha sido presentado este martes en Bilbao por su director, Guillermo Dorronsoro, y por integrantes del think tank y de su consejo consultivo Iker Arteagabeitia, Pedro Luis Uriarte y Pilar Kaltzada.
Según el informe, la oportunidad para Euskadi y para su tejido productivo, económico y social “no está en fabricar millones de robots, sino en ocupar los eslabones de mayor valor de la nueva cadena industrial y fabricar muchos de sus elementos, como componentes de precisión, integración, validación, certificación, mantenimiento y aplicaciones sectoriales”.
Tras advertir de que “esa ventana de oportunidad y decisión no permanecerá abierta indefinidamente”, el foro ha subrayado que los mercados ya anticipan que “la robótica avanzada será una de las grandes plataformas industriales de la próxima década”, por lo que “es imprescindible apostar ahora para optar a ocupar un lugar en un marco de competencia global”.
Ante este reto, Zedarriak propone Euskadi como laboratorio europeo de robótica humanista ante el reto del envejecimiento y analiza en su último informe las decisiones que Euskadi debe tomar para situarse a tiempo en esta transformación industrial que “ya está en marcha”.
El documento parte de lo que describe como “una inversión deliberada” de la pregunta habitual, que considera que “la cuestión no es si los robots quitarán empleo, sino quién realizará ciertos trabajos cuando la población activa se reduzca de forma sostenida”.
Tras remarcar que “Euskadi es hoy una de las sociedades más envejecidas de Europa” y que sectores como la industria, la logística, la construcción o los cuidados “encuentran ya dificultades persistentes para cubrir vacantes, incluso en contextos de crecimiento”, el informe sostiene que “la automatización avanzada es un sector de oportunidad industrial y social, que puede ayudar a sostener la productividad, el bienestar y los cuidados sin renunciar a la cohesión social que caracteriza al modelo vasco”.
“Las capacidades tecnológicas y empresariales, de talento y de inversión de Euskadi permiten aspirar a convertirnos en un laboratorio en Europa para desarrollar soluciones en esta nueva etapa de desarrollo industrial”, agrega el documento, que, tal y como han confesado sus autores, estaba terminado en abril pero que, al tratarse de un sector en permanente evolución, se ha tenido que revisar tres veces para actualizarlo antes de su presentación.
Decisiones estratégicas
El documento formula nueve decisiones estratégicas para Euskadi, que abarcan desde el posicionamiento industrial y la formación de talento hasta la seguridad, la soberanía funcional y la legitimidad social, partiendo del objetivo de buscar el equilibrio entre desarrollo económico y bienestar.
Zedarriak propone de entrada apostar por la robotización “en todo tipo de empresas y no solo en las grandes”, para lo cual plantea articular fórmulas de acceso para pymes como el renting, el pago por uso o los servicios compartidos.
El informe propone, por tanto, que Euskadi avance hacia una robotización humanista; no como etiqueta retórica, sino como principio operativo: tecnología avanzada al servicio de la dignidad humana, la productividad, la cohesión social, el empleo de calidad, el cuidado y el arraigo empresarial.
Esa orientación puede convertirse en una “seña diferencial” frente a modelos más puramente tecnológicos o financieros ya que, sostiene, “una robotización humanista no significa rechazar la automatización ni subordinar toda decisión empresarial a consensos imposibles”.
“Significa reconocer que la productividad es necesaria, pero que su legitimidad dependerá de su orientación y que hay que automatizar primero donde haya más necesidad social, más penosidad, más riesgo o mayor dificultad de cobertura”.
El documento aboga por acompañar la adopción de esta IA robótica con formación, participación y evaluación y evitar que pymes, cooperativas y empresas medianas queden fuera de la nueva frontera tecnológica.
La cuestión de fondo es sencilla: “la inteligencia artificial física puede debilitar el contrato social si se despliega como mera sustitución de trabajo por capital”, pero también, añade, “puede reforzarlo si ayuda a sostener industria, cuidados, productividad, empleo de calidad y bienestar en una sociedad envejecida”.
Para Zedarriak, el resultado no dependerá solo de la tecnología, sino que dependerá de las instituciones, las empresas, los trabajadores y la capacidad de Euskadi para gobernar la transición.
La robotización humanista no consiste en frenar la tecnología, sino en orientar la productividad hacia empleo de calidad, cuidados, arraigo empresarial y cohesión social.
Errores a evitar
El informe apunta hacia tres errores que Euskadi debería evitar. El primero de ellos es quedarse a esperar a que la tecnología esté completamente madura porque, cuando eso ocurra, los estándares, proveedores y modelos de negocio pueden estar ya definidos por otros.
En segundo lugar, propone no confundir adopción con compra de robots, ya que la ventaja estará en integrar, mantener, certificar, adaptar y generar aplicaciones útiles.
Por último, aboga por no plantear la robotización solo como eficiencia empresarial porque, “sin legitimidad social, formación y acceso para pymes, la tecnología puede producir rechazo o brecha competitiva”.
El objetivo, concluye el informe, “no debería ser robotizar más rápido que nadie, sino robotizar mejor, con sentido industrial, con seguridad, con participación, con acceso para pymes, con orientación a cuidados y con criterios claros de empleo de calidad y cohesión social”.
La robotización avanzada requerirá instrumentos financieros específicos, por lo que las empresas necesitarán apoyo para pilotos, integración, formación, adaptación organizativa y escalado.
Las pymes, en particular, necesitarán fórmulas que reduzcan barreras de entrada: renting, leasing, pago por uso, robots compartidos, servicios gestionados y plataformas sectoriales de prueba.
En este sentido, el foro considera que Euskadi podría estudiar la creación de un vehículo financiero especializado en deep tech industrial o, al menos, una línea específica dentro de instrumentos ya existentes.
Su objetivo no debería ser subvencionar la compra indiscriminada de robots, sino acompañar proyectos con potencial de aprendizaje, productividad, impacto industrial y transferencia al tejido empresarial.
También la compra pública innovadora puede desempeñar un papel tractor, ya que en cuidados, salud, servicios urbanos, mantenimiento de infraestructuras o seguridad, las administraciones pueden generar demanda temprana, definir estándares, evaluar impacto y abrir oportunidades a proveedores locales.
La compra pública no debería utilizarse para adquirir tecnología inmadura sin criterio, sino para aprender de forma controlada allí donde existen necesidades reales. Tal y como ha resumido Pedro Luis Uriarte, Europa ha perdido el primer tren de la IA y ahora se trata de no perder el segundo, pero desde una aproximación “humanista y sensata”, no orientada solo a ganar dinero y a la destrucción del empleo, sino al desarrollo social.