Política

Y después de Pedro Sánchez, ¿quién?

Las recientes palabras del ministro Óscar Puente sobre la posibilidad de asumir en un futuro el testigo del actual presidente del Gobierno reavivan el debate sobre las alternativas para la sucesión al frente del PSOE
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, acuden a una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados. / Europa Press

A día de hoy, nadie discute el liderazgo de Pedro Sánchez en el PSOE. La incesante sucesión de escándalos judiciales que salpican al partido y a su entorno familiar, como los generados por las causas contra su hermano, David Sánchez, o su esposa, Begoña Gómez, no han hecho tambalear su autoridad al frente de una formación inquebrantablemente alineada en torno a su figura. Esta solo es puesta en solfa por un sector crítico sin demasiado predicamento, más allá del que interesadamente quieren darle los medios que orbitan alrededor de la derecha más recalcitrante. El propio Sánchez ya se ha encargado de confirmar que será el candidato socialista para las próximas elecciones generales que, si no media un adelanto de fechas, se celebrarán en 2027. Y no parece que nadie le vaya a discutir esa condición. Sin embargo, a nadie se le escapa que un hipotético fuerte batacazo del PSOE en esa cita electoral, en la línea de los encajados en los comicios autonómicos celebrados en Extremadura (diciembre de 2025), Aragón (febrero de 2026) y Andalucía (mayo) -solo en Castilla y León (marzo) salvó los muebles- podría precipitar la caída de un líder muy desgastado por el constante asedio del bloque PP-Vox, que ha perdido gran parte del respaldo de sus socios de investidura y al que apenas mantienen en pie su crédito en la política exterior y unas buenas cifras macroeconómicas. Las manifestaciones realizadas la pasada semana por Óscar Puente, en las que ubicaba entre 2030 y 2031 un posible relevo en Ferraz que él, en un determinado momento, estaría dispuesto a asumir, han reavivado las quinielas sobre los candidatos más acreditados a reemplazar al que, hoy por hoy, es, parafraseando a la inefable Leire Díez, una de las causantes de los males de Sánchez, el indiscutible one del partido y, de momento, del Gobierno español.

Puente, el azote en X

Lo de la discreción no va demasiado con Óscar Puente, cuya locuacidad le ha llevado a ser uno de los rostros más conocidos del Gabinete de Sánchez y a ser, en estos momentos, el nombre que más fuerte suena como futuro sucesor del actual secretario general socialista. El pasado 23 de agosto, en una entrevista a Europa Press, el ministro de Transportes era cuestionado sobre esa posibilidad. “No creo que yo sea ese jugador, no creo que yo tenga que jugarme la última pelota”, decía de salida. Pero, incidiendo en ese símil baloncestístico, se alejaba de esas reticencias al asegurar que “si me llegara, faltando dos segundos y me la tuviera que jugar, no soy de los que la pasan”, aunque remarcaba que “en este momento, el Jordan del equipo es Pedro Sánchez, es el que tiene que asumir esa responsabilidad” y que ese relevo, en todo caso, se produciría “dentro de cuatro o cinco años”.

No parece que lo de comparar al líder socialista con el considerado como el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos sea un peloteo gratuito, ya que Puente siempre se ha destacado por su defensa a ultranza del actual inquilino de la Moncloa. No en vano, fue portavoz de su candidatura a la secretaría general del PSOE en 2017. Quizás el ejemplo más sonado de esa lealtad incondicional se produjo cuando, en la primavera de 2024, Sánchez se tomó cinco días para reflexionar sobre su continuidad al frente del Gobierno. En ese contexto, el ministro se refirió a él como “el puto amo”, expresión en la que se reafirmó ante las críticas posteriores de Emiliano García-Page, cabeza visible del ala discordante con la línea que rige en Ferraz.

Puente ha asumido con gusto el papel de fuerza de choque frente a la oposición, contra la que carga incansablemente a través de su red social preferida, X. En ella aparca la mesura que se le presupone a un miembro del Consejo de Ministros y lo mismo le llama “mamarracha” a Isabel Díaz Ayuso que califica como “indocumentado absoluto” a Alberto Núñez Feijóo, como hizo el pasado 23 de agosto afeándole al presidente del PP que atribuyera al Ejecutivo español la responsabilidad de un confinamiento en Ceuta de portadores de enfermedades contagiosas, lo que es competencia de las autoridades de la ciudad autónoma. Ese mismo día también criticó algunos titulares referidos a su posible papel como sustituto de Sánchez diciendo que respondían a “la obsesión de muchos por abrir el debate sucesorio” al mando del PSOE e ironizando al replicar que podrían servir igualmente para hablar de la sucesión “del Papa, la de Kilian Mbappe o la del novio de Angelina Jolie”. Ese estilo directo y abrupto que le acarrea enemigos numerosos e irreconciliables también le genera adhesiones en un segmento electoral que, como él, aboga por que el PSOE eche la mirada a la izquierda, un campo más abierto que nunca tras el hundimiento de fuerzas como Sumar y Podemos. Ante ese hipotético relevo en la dirección de Ferraz, la suya se antoja una apuesta arriesgada, pero quizás asumible en una situación que, a juzgar por lo que apuntan los sondeos, podría convertirse en desesperada para la formación socialista.

Carlos Cuerpo, ministro de Economía. Europa Press

Cuerpo cotiza al alza

En una propuesta más moderada, tanto en sus formas como en su posicionamiento ideológico, se enmarca Carlos Cuerpo. Y es que, aunque él nunca se ha pronunciado en este sentido, hay quien ve otro futurible candidato a la Moncloa en esta estrella emergente del Gobierno de Sánchez. No se puede decir que lo sea también del PSOE, ya que, a diferencia de Puente, militante desde su juventud, Cuerpo no tiene carnet del partido. Fue fichado a finales de 2023 por el presidente español para sustituir a la también independiente Nadia Calviño al frente del Ministerio de Economía, aunque antes ya formaba parte de la estructura gubernamental como director general de Análisis Macroeconómico, primero, y después como secretario general del Tesoro tras su paso por la Comisión Europeo. El hecho de que la española sea una de las economías con mayor crecimiento en el marco de la Unión Europea, su sólida formación académica y un currículum impresionante que incluye un correcto desempeño en varias lenguas, entre ellas el chino y el japonés, han hecho que este extremeño de solo 45 años se haya visto propulsado hasta convertirse en poco tiempo en el número 2 del Gobierno, tras suceder hace cinco meses a María Jesús Montero en la vicepresidencia primera.

Su perfil eminentemente técnico, los irrebatibles resultados positivos que acredita su departamento y sus formas impecables alejan a Cuerpo de las habituales andanadas de la derecha, pero está por ver si la suya es una figura capaz de aglutinar los apoyos suficientes entre el potencial electorado del PSOE. No parece que pueda hacerlo más hacia la izquierda, a juzgar por los sonados choques que ha tenido con Yolanda Díaz. Y es que la ministra de Trabajo y líder de Sumar le ha reprochado abiertamente el haberse puesto del lado de la patronal en iniciativas como la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas semanales o el registro horario. Sin embargo, su peso en el Gobierno español no deja de aumentar, como ha quedado patente con el liderazgo ejercido a la hora de presentar el plan de choque contra las consecuencias de la crisis migratoria de Ceuta.

Salvador Illa, president de la Generalitat. Europa Press

Illa, el valor del ‘seny’

Fue el exlíder de Podemos Pablo Iglesias el que, hace ya más de año y medio, habló de Salvador Illa como una figura que podría postularse para coger el testigo de Sánchez el día en que este deje la jefatura socialista. El que en su día fue vicepresidente del Gobierno español ve en el actual president de la Generalitat alguien capaz de recabar el respaldo de la elite económica de Catalunya y, así mismo, de forjar acuerdos como el logrado con una fuerza independentista como ERC para la aprobación de los presupuestos autonómicos. Tras años de enorme convulsión en la política catalana, Illa es visto como la personificación de la recuperación de ese seny añorado en la corte madrileña, donde el líder del PSC, que años atrás tuvo que lidiar con la pandemia como ministro de Sanidad, goza de una buena imagen. Más próximo al perfil moderado de Cuerpo que al carácter combativo de Puente, la suya encajaría en una apuesta por atraer a un votante de centro cada vez más alejado de un PP entregado a la ultraderecha, si es que se materializa ese retorno de Illa a la política estatal.

Félix Bolaños, ministro de la Presidencia. Europa Press

Bolaños, el negociador

Junto a Puente, Félix Bolaños es el gran exponente del núcleo duro de Sánchez. La relación entre ambos se remonta a 2014, cuando el actual ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes era un simple militante que trabajaba como asesor jurídico en el Banco de España. Bolaños se ofreció entonces a ayudar en asuntos legales a un Sánchez que planeaba su candidatura para ser secretario general del PSOE. Ese mismo año, aquel joven abogado fue elegido como secretario de la Comisión de Garantías del partido, donde no tardó en ir escalando peldaños. En 2018, recién investido como presidente tras prosperar la moción de censura contra Mariano Rajoy, Sánchez le devolvió aquel favor inicial nombrándole secretario general de la Presidencia y en 2021 le incorporó ya al Consejo de Ministros. Como hombre de confianza del presidente, Bolaños se ha encargado en estos últimos años de encabezar negociaciones de calado. Entre ellas destacan las mantenidas con fuerzas independentistas catalanas para retomar el pulso institucional alterado por el procés, las relativas a la desescalada tras la pandemia o a la exhumación de los restos de Franco, así como las desarrolladas con la Iglesia para resignificar el Valle de Cuelgamuros y establecer un sistema de reparación para las víctimas de abusos sexuales. Esa demostrada capacidad de diálogo hace que goce de una excelente imagen en el seno del partido. Más correcto en las formas que Puente, pero igual de implacable con la oposición, Bolaños reúne condiciones para coger el timón del PSOE cuando Sánchez lo abandone. Otra cosa es que quiera hacerlo.

Eduardo Madina, exdiputado socialista. Europa Press

Oportunidades pasadas

Frente a estas bazas, hay otras que en su día se barajaron como alternativas reales al liderazgo de Sánchez, pero cuya validez se antoja ya vencida. Es el caso de Eduardo Madina, por mucho que Felipe González se empeñe en seguir enarbolando su candidatura. Derrotado por el actual presidente del Gobierno en las primarias socialistas de 2014, el exdiputado bilbaíno no muestra ganas de volver a una arena política que abandonó hace años, aunque sí ha expresado recientemente sus preferencias por la figura de Emiliano García-Page, máximo representante del sector crítico con Ferraz y, a su juicio, “el mejor presidente que hay en las comunidades autónomas de nuestro país con diferencia”.

También desde el entorno del jefe del Ejecutivo han surgido nombres como los de María Jesús Montero o Pilar Alegría, especialmente cuando Pedro Sánchez amagó hace dos años con su dimisión. Sin embargo, sus opciones de sustituirle parecen ya enterradas tras los pésimos resultados que obtuvieron como cabezas de lista en las elecciones autonómicas de Andalucía y Aragón, respectivamente. Y, por ahora, no se atisba a ninguna otra mujer con papeletas para convertirse en la primera en ocupar la secretaría general de la centenaria formación.

31/08/2026