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Estudiar una reproducción tridimensional de un tumor, observar por dónde discurre un vaso sanguíneo o anticipar cómo abordar una operación. La impresión 3D convierte imágenes y datos en modelos físicos que ayudan a los médicos a planificar intervenciones complejas antes de entrar en el quirófano. Pero sus aplicaciones van más allá de la medicina: también permite adaptar objetos cotidianos a las necesidades de cada persona, desde un soporte para una cuchara hasta un dispositivo que facilite el uso de una tableta a alguien con discapacidad.
Aitor Tejo, profesor del área de Expresión Gráfica de la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU), conoce de primera mano ambas vertientes. Durante su doctorado, iniciado en 2019, colaboró con el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona en la elaboración de prototipos personalizados y modelos anatómicos en 3D para que los médicos pudieran estudiar tumores, localizar vasos sanguíneos próximos y planificar intervenciones.
"Podían ver antes de la operación cómo era el tumor y cómo podían abordarlo", recuerda. El uso de estos modelos puede reducir los tiempos de espera y de intervención, así como los riesgos asociados.
Impresión 3D
En la actualidad, trabaja con la asociación 3DLAN en el desarrollo de herramientas adaptadas a personas con discapacidad. La colaboración, que mantiene desde su departamento universitario, busca convertir necesidades concretas en soluciones personalizadas. "Hacemos distintos prototipos en 3D para desarrollar dispositivos o herramientas que mejoren la vida de las personas con discapacidad", explica.
El objetivo es mostrar que la impresión 3D también puede tener un impacto directo en la vida cotidiana. "Quería demostrar la potencia de la impresión 3D en el ámbito social", señala el profesor, que defiende las posibilidades de esta tecnología para adaptar objetos a las necesidades y preferencias de cada usuario. "Con la impresión 3D se puede personalizar cualquier objeto y diseñarlo como más te guste".
“ Sería increíble poder imprimir en el quirófano las piezas necesarias para una operación, pero lo veo muy complicado a día de hoy. Quizá no se haga realidad hasta dentro de 10, 30 o 40 años ”
Aitor Tejo - Profesor de Expresión Gráfica en la EHU
XXVI Semana de la Ciencia de la EHU
Tejo será uno de los investigadores que participen en la XXVI Semana de la Ciencia de la EHU, que se celebrará del 3 al 8 de noviembre bajo el lema "Ciencia y arte", con más de un centenar de actividades gratuitas en Bilbao, Donostia, Gasteiz y Barakaldo.
Aitor Tejo acercará estas posibilidades al público a través de dos propuestas divulgativas. En el txoko "Diseño e impresión 3D", instalado en el Centro Cívico Clara Campoamor de Barakaldo, enseñará a los visitantes a diseñar sus propias piezas con Tinkercad, un programa de diseño tridimensional. Cada turno durará unos quince minutos. La impresora estará en funcionamiento y habrá objetos previamente fabricados para mostrar el resultado del proceso, ya que el tiempo disponible no permitirá imprimir cada uno de los diseños que realicen los participantes.
Además, llevará esta tecnología al Zientzia Club de Donostia con el monólogo "Impresión 3D adaptados a personas", en el que abordará las aplicaciones de esta herramienta para crear soluciones ajustadas a las necesidades de cada usuario.
Tejo sueña con que un día puedan imprimirse en el quirófano piezas a medida de forma inmediata, de modo que los profesionales dispongan de ellas cuando las necesiten. "Sería increíble, pero lo veo muy complicado a día de hoy. Quizá no se haga realidad hasta dentro de 10, 30 o 40 años. Desconozco la fecha exacta", asevera.
¿Y si escuchar música no fuera exactamente como creemos?
Cuando suena una melodía, el cerebro no recibe la música tal como la imaginamos: capta vibraciones, procesa señales y les atribuye un significado. De ese proceso nacen las emociones, las sensaciones y los recuerdos que una misma composición puede despertar de forma distinta en cada persona. Lo que para alguien es una melodía alegre, para otra persona puede ser una evocación de la infancia o una música cargada de tristeza.
Leyre Gravina Alfonso, profesora e investigadora del Departamento de Enfermería I de la Facultad de Medicina y Enfermería de la EHU, explorará este fenómeno en el monólogo "Tu cerebro no escucha música", una propuesta que combina ciencia, humor y una de sus aficiones, el piano. La actividad, que se desarrollará en el Bizkaia Aretoa de Bilbao y el Bibat Museoa de Gasteiz, invita a descubrir qué sucede entre las ondas sonoras que llegan al oído y la experiencia que construye el cerebro.
"Quiero unir las obras pianísticas, que son totalmente arte, con un poco de ciencia. Es decir, explicar de una manera más científica qué es lo que escuchamos realmente las personas, porque nuestro cerebro interpreta lo que oye y decide si es música, si es sonido, si es ruido... Le damos una interpretación a algo que, en realidad, son ondas", explica.
“ El cerebro no escucha música; recibe unas ondas e interpreta si se trata de música, ruido u otro sonido ”
Leyre Gravina - Profesora Enfermería en la EHU
Cómo interpreta el cerebro la música y las emociones
Esa interpretación depende también de cómo se ejecuta una pieza. El ritmo, la velocidad y la cadencia pueden cambiar la percepción de una composición y modificar las emociones que despierta. "Un tono mayor, según cómo se toque, con un ritmo adecuado, mucho más lento, con un tempo diferente o con otra cadencia, puede resultar muy lúgubre o triste. Y otras composiciones en tono menor, si se tocan rápidamente y con un tempo más alegre, podemos considerarlas muy alegres", explica.
La música también puede activar la memoria autobiográfica y devolvernos a momentos que creíamos lejanos. "Puedo escuchar una obra en la que para ti solo está sonando un piano y, de repente, para mí es como si volviera a ser una niña pequeña viendo en la televisión una serie que veía entonces. La misma música puede llevarnos a momentos diferentes de nuestra vida". A ella misma le ocurre con una obra de Debussy, que le recuerda a cuando era pequeña. Esa conexión entre las melodías y las vivencias personales permite recuperar recuerdos y, según apunta, puede ayudar también en determinadas patologías.
Para trasladar estas ideas a una experiencia directa, la investigadora ha grabado fragmentos de piano que el público podrá escuchar durante la actividad. Su intención es que los asistentes no se limiten a recibir una explicación, sino que experimenten por sí mismos cómo la música despierta emociones y recuerdos. "Será una experiencia sensorial". Los ejemplos permitirán comprobar cómo una misma pieza puede despertar reacciones distintas: desde reconocer a un compositor hasta evocar una escena de la infancia. La experiencia musical es diferente para cada persona porque depende de lo que ha escuchado y vivido.
Gravina también explicará por qué escuchar música resulta placentero y cómo interviene el cerebro en esa experiencia. "Activa el sistema de recompensa y libera dopamina, lo que nos hace sentir bien. Por eso nos gusta tanto escuchar música y nos anima", afirma.
Un grupo de estudiantes atiende a las explicaciones de una investigadora en uno de los estands de la Semana de la Ciencia de 2025.
El trabajo de ingeniería que esconde el Peine del Viento
Las esculturas de acero del Peine del Viento, de Eduardo Chillida, forman parte del paisaje de Donostia, pero su instalación en los acantilados de Ondarreta fue también un desafío técnico e industrial. Iker Laskurain, profesor agregado de la Escuela de Ingeniería de Gipuzkoa de la EHU, propone mirar la obra desde ese lado menos visible en la visita guiada "La Ingeniería oculta en el Peine del Viento".
"El objetivo es enseñar, desde el punto de vista de la ingeniería, cómo se fabricó, se trajo y se colocó la obra de Chillida. Los procesos industriales que hubo detrás resultaron muy complejos. Ya fue difícil fabricarla, porque pesaba muchísimas toneladas y las empresas guipuzcoanas que participaron tampoco estaban preparadas inicialmente para afrontar un trabajo de esas características", señala este investigador.
“ Se necesitan ingenieros capaces de hacer posible el cambio del vehículo de gasolina a uno eléctrico. La industria vasca necesita este tipo de perfiles y que en el futuro los va a necesitar todavía más ”
Iker Laskurain - Director de la Escuela de Ingeniería de Gipuzkoa de la EHU
Motos eléctricas e ingeniería
¿Cómo se fabrica una moto eléctrica? ¿Qué materiales y conocimientos hacen falta? Será uno de los temas que aborde Laskurain en Tabakalera, dentro del txoko "Motostudent electric – eGIPUZKOA GIE EHU". La Escuela de Ingeniería de Gipuzkoa participa en el concurso MotoStudent desde 2008. Al principio trabajaba con motocicletas de combustión, pero en 2022 dio el salto a la categoría eléctrica.
"En un vehículo eléctrico hay que entender muchos aspectos, desde cómo se colocan las baterías hasta cómo funciona todo el sistema. Hay que conocer la generación de energía, su utilización y los elementos que permiten que el vehículo funcione correctamente", explica Laskurain.
Los perfiles que necesita la industria
Para desarrollar la moto hacen falta ingenieros mecánicos, eléctricos y electrónicos, capaces de trabajar con baterías, energía y seguridad. También se abren campos relacionados con la inteligencia artificial y los vehículos autónomos. "Las empresas de Gipuzkoa y de Euskadi cada vez apuestan más por tecnologías limpias y que tienen que avanzar en esa dirección. Se necesitan ingenieros que estén preparados para incorporar estas nuevas tecnologías a la industria y hacer posible el cambio de la gasolina a lo eléctrico", afirma.
A esos conocimientos se suman otros ámbitos, como la inteligencia artificial, los vehículos autónomos y la seguridad de las baterías. "Creemos que la industria vasca necesita este tipo de perfiles y que en el futuro los va a necesitar todavía más", reconoce Iker. El objetivo, por tanto, es despertar vocaciones STEM entre los jóvenes, especialmente en el ámbito femenino.