Actualizado hace 10 minutos
Un maillot, unas punteras, una cinta suspendida en el aire y aparatos que dibujan figuras al ritmo de la música. A veces, basta una imagen para asomarse a 35 años de historia. El Aloña Mendi invita a hacerlo en la exposición que la sección de gimnasia rítmica inauguró este viernes en la Kultur Etxea de Oñati, una muestra que repasa la trayectoria de esta actividad desde sus primeros pasos hasta hoy, con la misma ilusión por un deporte que ha sabido renovarse sin perder su esencia.
Tres décadas y media de andadura toman forma en una sala a través de fotografías que reconstruyen la evolución de una disciplina en la que conviven técnica, ritmo y expresión artística. Las instantáneas impresas se complementan con una proyección que recupera otras escenas del pasado y un vídeo realizado junto a Oier Yaniz. El recorrido se detiene, a su vez, en las cuerdas, pelotas y mazas, las prendas deportivas de diferentes épocas y los recortes de prensa que dan testimonio de algunos de los momentos más destacados de la sección. Un fragmento del tapiz recuerda las incontables horas de entrenamiento, mientras que Txantxiku, la rana convertida en mascota, pone una nota entrañable a la exposición, que podrá visitarse hasta el próximo día 25.
Un grupo de gimnastas en una imagen que forma parte de estos 35 años de historia.
Peinados, maquillajes, diseños... que evolucionan
El paso del tiempo se aprecia en cada detalle. Han cambiado los peinados, el maquillaje, los diseños de los maillots y hasta la estética de los aparatos, pero también la técnica y la propia concepción de este deporte. “Ves las fotos de los primeros años y luego las de ahora, y parece otro mundo”, manifiesta la entrenadora Lide Osinaga, testigo de esa transformación desde dentro.
Todo comenzó en 1991, por iniciativa de un grupo de padres que abrió camino a la gimnasia rítmica en Oñati. Después, Resu Murua estuvo durante años al frente de la junta directiva, hasta que varias madres y antiguas gimnastas tomaron el relevo y asumieron, junto a Osinaga, las tareas de organización. La entrenadora se refiere a ellas con una expresión que refleja hasta qué punto su apoyo resulta indispensable en el día a día: “Siempre digo que son mis muletas”.
Dos simpáticas gimnastas del Aloña durante una exhibición.
Con los años, los entrenamientos cambiaron de escenario: de los primeros ejercicios en el sótano del instituto pasaron a la cancha del polideportivo Zubikoa, actual punto de encuentro de las gimnastas. Por el camino han pasado distintas entrenadoras, entre ellas Arantzazu y Adelaida, procedentes de Arrasate, y Visi, que llegó desde Eibar. Con esta última comenzó a colaborar Osinaga, hasta que poco a poco fue tomando las riendas del grupo.
Su vínculo con la rítmica, sin embargo, viene de mucho antes. Empezó a practicarla a los tres años y, a sus 36, continúa ligada a una disciplina que ha acompañado toda su vida. “Yo sin gimnasia no puedo estar”, reconoce. Más allá de la afición, le atrae especialmente su dimensión artística, esa capacidad para fundir movimiento y expresión y convertir el cuerpo en un medio para transmitir emociones. "Es uno de los deportes que tiene arte", afirma.
Una filosofía basada en disfrutar
Paralelamente, la manera de entender la gimnasia ha ido tomando otro rumbo. En sus primeros años, el Aloña participaba en competiciones, pero con el tiempo se decantó por un modelo centrado en el disfrute, las exhibiciones y las propuestas que alimentan el entusiasmo y la motivación de las gimnastas. Hay algo, no obstante, que permanece intacto después de 35 años: la esencia de la sección. “La identidad, el euskera, el trabajo en equipo, la diversidad, la creatividad y la resiliencia” son algunos de los valores que Osinaga reivindica como pilares de esta trayectoria.
Más de un centenar de gimnastas
Esa combinación de movimiento, expresión y compañerismo explica buena parte del atractivo de la rítmica entre las más pequeñas. Actualmente, algo más de un centenar de niñas, de entre 4 y 16 años, practica esta disciplina en Oñati, una cifra significativa en un municipio que cuenta con una amplia oferta deportiva.
Pero la voluntad de abrir la gimnasia a todo el mundo tropieza con una dificultad persistente: la escasa participación de chicos. Alguno se ha acercado a este deporte a lo largo de los años, aunque atraer a más “sigue siendo complicado”, insiste Osinaga. A su juicio, los estereotipos que asocian la rítmica con las mujeres, la falta de referentes y las limitaciones que aún existen en la alta competición contribuyen a esta situación. "La Federación Internacional no contempla la participación masculina en la gimnasia rítmica de los Juegos Olímpicos ni en los campeonatos europeos. El problema empieza ahí", señala.
Las exhibiciones forman parte de la dinámica de la sección de rítmica oñatiarra.
Agradecimiento a quienes contribuyen a construir esta trayectoria
La muestra es también una oportunidad para reconocer a quienes han contribuido a construir esta historia. Osinaga agradece la implicación de las gimnastas que han pasado por el club, de sus familias, de las personas que colaboran en el día a día, así como de las empresas patrocinadoras y del Ayuntamiento. Mención especial merecen las madres y antiguas gimnastas que hoy comparten con ella las responsabilidades y cuyo respaldo "se ha vuelto fundamental" para sostener el proyecto.
La celebración del 35 cumpleaños aún guarda más citas. La intención es organizar alguna otra actividad antes de que termine el año y prolongar, así, un aniversario que mira al pasado sin perder de vista el futuro. Más de tres décadas después de echar andar, el Aloña Mendi sigue llenando el tapiz y ampliando un álbum colectivo en el que cada generación deja su propia huella.