Una cena en Japón terminó convirtiéndose en un auténtico quebradero de cabeza para el streamer estadounidense Lacy, conocido por sus directos en Twitch y por su pasado como jugador competitivo de Fortnite. Un descuido durante una retransmisión en directo permitió que algunos espectadores accedieran al sistema de pedidos de un restaurante y generaran una factura que, según el creador de contenido, alcanzó los 1,6 millones de yenes, aproximadamente 9.101,83 euros según el cambio actual.
El protagonista de esta historia es Nicholas Fosco, nombre real de Lacy, que se encontraba en Tokio junto a su pareja, la también influencer Darla Claire. Lo que debía ser una parada más durante su viaje por Japón acabó convirtiéndose en una experiencia que difícilmente olvidará. Y esta vez no por la comida, sino por lo que ocurrió con el menú.
El incidente se produjo mientras ambos cenaban y el estadounidense retransmitía su experiencia a través de Twitch. El código QR de la mesa, utilizado para realizar pedidos digitales, quedó visible ante miles de espectadores, algunos de los cuales habrían decidido aprovechar la oportunidad para gastar a costa del streamer y del establecimiento.
El descuido con el código QR que disparó la cuenta
Lacy mostró accidentalmente el código que permitía consultar la carta y solicitar comida y bebida desde el móvil. Algunos espectadores detectaron que podían acceder al sistema de pedidos del restaurante y empezaron a enviar solicitudes mientras el directo continuaba.
El creador de contenido no se percató inmediatamente de lo que estaba sucediendo. La situación cambió cuando un camarero se acercó a la mesa para comprobar una cantidad de pedidos que no parecía corresponder con lo que la pareja estaba consumiendo.
En uno de los fragmentos que se han difundido en redes sociales, un empleado pregunta a Lacy si habían solicitado una veintena de bebidas. La reacción del streamer deja entrever su desconcierto: no entendía por qué estaban llegando tantas solicitudes ni de dónde procedían.
Fue entonces cuando empezó a sospechar que los espectadores habían conseguido utilizar el código QR que aparecía en la retransmisión. Su respuesta fue intentar detener el descontrol. Sin embargo, el volumen de pedidos ya había provocado una situación complicada para el restaurante.
Una factura de 1,6 millones de yenes
El importe final fue lo que terminó de convertir el episodio en viral. Según explicó posteriormente el propio Lacy, recibió varias facturas durante el incidente. Uno de ellos ascendía a 500.000 yenes, aproximadamente 2.843,50 euros, pero después llegaron otras facturas que elevaron el total hasta superar los 1,6 millones de yenes.
El streamer se hizo cargo de la factura.
"Tuve que pagar casi 12.000 dólares porque pensasteis que sería divertido pedir un montón de comida", lamentó el streamer al relatar lo sucedido a su audiencia, mostrando también su frustración por las consecuencias del incidente para el personal de cocina. Según contó, se había preparado una gran cantidad de comida a raíz de las solicitudes. El streamer solicitó al personal que los platos sobrantes se entregaran a las familias que estaban cenando en el restaurante.
También aseguró que se disculpó ante los responsables del establecimiento y que asumió el pago de la factura. El streamer quiso dejar claro que la situación no le había resultado divertida y que el restaurante tampoco tenía por qué cargar con las consecuencias de las acciones de sus seguidores.
La polémica sobre los límites de las retransmisiones en directo
En las retransmisiones IRL (por sus siglas en inglés, In Real Life, que significa "en la vida real"), los creadores muestran en tiempo real sus actividades cotidianas y los espectadores pueden interactuar directamente con el protagonista. Una conexión que forma parte del atractivo del streaming, pero también puede generar consecuencias fuera de la pantalla cuando alguien decide llevar la broma demasiado lejos.
Las reacciones en redes sociales han sido diversas. Numerosos usuarios han criticado a quienes realizaron los pedidos, mientras que otros han cuestionado la costumbre de retransmitir en directo actividades privadas en espacios públicos. También ha habido comentarios que consideran que el episodio puede aumentar la notoriedad del streamer, aunque esa visibilidad llegue acompañada de una experiencia desagradable. Porque, aunque para algunos espectadores pudiera parecer una gracia, detrás de la pantalla había un restaurante obligado a gestionar una situación que no había buscado.