Sentir el corazón acelerado en reposo o notar que las pulsaciones se disparan ante un esfuerzo mínimo es algo frecuente en personas que no realizan ejercicio físico de forma regular.
Según explica el cardiólogo José Abellán en uno de sus últimos vídeos, la falta de entrenamiento hace que el sistema cardiovascular esté menos adaptado a las demandas del ejercicio.
"Si no haces ejercicio físico regular, tu corazón no está adaptado a una alta demanda de pulsaciones. Con lo cual, el reposo o una ligera demanda de ejercicio va a hacer que se acelere mucho", señala Abellán.
La idea es que un corazón que no está acostumbrado a trabajar ante esfuerzos físicos necesita aumentar más la frecuencia cardíaca para responder a una determinada demanda. Por el contrario, el entrenamiento cardiovascular habitual favorece una mayor eficiencia del corazón.
"Las personas que entrenan regularmente y llevan a su corazón al límite regularmente tienen menos pulsaciones en reposo", afirma el cardiólogo.
Una frecuencia cardíaca en reposo más baja es habitual en personas físicamente entrenadas, aunque las pulsaciones normales pueden variar considerablemente entre individuos y dependen de factores como la edad, el estado físico, el estrés, el sueño o determinados medicamentos.
En Euskadi las enfermedades cardiovasculares causaron la muerte el año pasado de 2.137 mujeres y 2.030 hombres.
Estrategia progresiva
Para mejorar la capacidad cardiovascular, Abellán apunta a una estrategia progresiva: "La solución no es el reposo absoluto, sino el acondicionamiento progresivo".
Entre las opciones, destaca incluso una actividad tan accesible como caminar a buen ritmo durante una hora al día, siempre adaptando la intensidad a la condición física de cada persona.
La práctica constante de ejercicio provoca adaptaciones en el sistema cardiovascular. Con el entrenamiento, el corazón puede aumentar la cantidad de sangre que expulsa en cada latido, por lo que necesita menos latidos para mantener un determinado gasto cardíaco durante el reposo o esfuerzos moderados.
El ejercicio también produce cambios estructurales y funcionales en el músculo cardíaco que, dentro de unos límites fisiológicos, mejoran su capacidad de bombeo.