Vida y estilo

Siete mitos sobre las enfermedades de la columna vertebral

¿Ser demasiado mayor para operarse, tener una hernia discal o necesitar siempre un collarín? Los especialistas del GEER aclaran algunas de las creencias más extendidas sobre el diagnóstico y el tratamiento de las patologías de la columna vertebral
Cada paciente necesita una valoración individualizada. / Magnific

El dolor de espalda, las hernias discales y los problemas cervicales generan muchas dudas sobre su diagnóstico y tratamiento. ¿Una resonancia normal significa que no existe ninguna lesión? ¿Toda hernia discal acaba en el quirófano? ¿La cirugía mínimamente invasiva es siempre la mejor opción? Algunas de estas creencias pueden generar preocupación innecesaria o llevar a tomar decisiones equivocadas. Los expertos de la Sociedad Española de Columna Vertebral (GEER) recuerdan que cada paciente necesita una valoración individualizada y repasan siete mitos habituales.

1. “Soy demasiado mayor para operarme”

La edad, por sí sola, no determina si una persona puede someterse a una cirugía de columna. Dos pacientes de la misma edad pueden presentar estados de salud muy diferentes. Los especialistas valoran también las enfermedades asociadas, la autonomía, la condición física, la calidad del hueso y la fragilidad. La decisión debe tener en cuenta los riesgos de intervenir, los de no hacerlo y los beneficios esperables.

2. “Si la resonancia es normal, no tengo nada”

Una prueba de imagen normal no significa que el dolor no exista. En muchas lumbalgias no se identifica una causa anatómica concreta que explique los síntomas. Además, una resonancia puede mostrar alteraciones en personas que no sienten molestias. Por eso, los resultados deben interpretarse junto con la historia clínica, los síntomas y la exploración física. Las pruebas de imagen tampoco son necesarias de forma rutinaria en todos los episodios de dolor lumbar.

3. “Toda hernia discal termina en una operación”

No todas las hernias discales requieren cirugía. Muchas mejoran con tratamiento conservador, especialmente cuando no existe un déficit neurológico importante. La intervención puede plantearse si el dolor persiste pese al tratamiento, aparece una pérdida importante de fuerza o existe un deterioro neurológico progresivo. El síndrome de cola de caballo, que puede provocar alteraciones de la sensibilidad en la zona genital y problemas para controlar la vejiga o el intestino, es una urgencia médica.

4. “La cirugía siempre debe ser el último recurso”

Aunque en muchos casos conviene comenzar con tratamientos no quirúrgicos, retrasar una intervención cuando está indicada puede perjudicar la recuperación. Ante una compresión nerviosa grave o una pérdida progresiva de fuerza, actuar a tiempo puede ser decisivo. El objetivo no es operar lo más tarde posible, sino hacerlo cuando los beneficios justifiquen los riesgos y en el momento adecuado para cada paciente.

La importancia de un diagnóstico individualizado

Las enfermedades de la columna no tienen una solución única. Los síntomas, la exploración física, las pruebas diagnósticas y la evolución ayudan a determinar qué tratamiento necesita cada persona. Los especialistas del GEER subrayan la importancia de acudir a profesionales con experiencia en patología vertebral para obtener un diagnóstico adecuado y valorar tanto cuándo una operación puede beneficiar al paciente como cuándo no es necesaria.

5. “Operarse de una estenosis de canal puede acabar en silla de ruedas”

La estenosis de canal lumbar consiste en un estrechamiento del espacio por el que pasan los nervios. Puede causar dolor, hormigueo, debilidad y dificultades para caminar. Como en cualquier cirugía, existen riesgos, pero una lesión neurológica grave y permanente no es el desenlace habitual de la intervención. La cirugía busca aliviar la compresión de los nervios y se valora según los síntomas, las limitaciones y el estado general del paciente.

6. “La cirugía mínimamente invasiva siempre es mejor que la abierta”

Las técnicas mínimamente invasivas permiten acceder a la columna reduciendo, en determinados procedimientos, la lesión de los músculos y otros tejidos. Sin embargo, no son la mejor opción en todos los casos. Algunas intervenciones complejas requieren un acceso más amplio, por lo que la cirugía abierta puede resultar más adecuada. La técnica debe elegirse según la enfermedad, su complejidad y las características del paciente, no solo por el tamaño de la incisión.

7. “Después de una operación cervical siempre hay que llevar collarín”

El collarín puede estar indicado tras determinadas intervenciones cervicales, pero no es obligatorio en todos los casos. Su necesidad y duración dependen del tipo de cirugía, de la estabilidad de la columna y de la evolución del paciente. Por eso, debe utilizarse siguiendo las indicaciones del equipo médico, sin prolongarlo ni retirarlo por iniciativa propia.

31/10/2026