Vida y estilo

Si sientes que odias a todo el mundo, haz esto: el sencillo consejo de una psicóloga

Hambre, cansancio y estrés pueden alterar nuestra percepción y hacernos sentir más irritables, según explica la psicóloga Silvia Severino

Hay días en los que todo molesta, cualquier comentario irrita y parece que el mundo entero está en nuestra contra. El estrés, el cansancio y la falta de sueño pueden cambiar nuestra manera de interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor, pero también hay otro factor mucho más sencillo que puede influir en nuestro estado de ánimo: el hambre.

La psicóloga Silvia Severino ha compartido en sus redes sociales una serie de recomendaciones para esos momentos en los que las emociones parecen desbordarse. Sus consejos parten de una idea sencilla: antes de interpretar lo que sentimos, conviene comprobar qué necesita nuestro cuerpo.

Uno de sus primeros consejos puede resultar sorprendente: "Si sientes que odias a todo el mundo, come. A veces no es odio, es hambre y agotamiento", explica Severino.

La relación entre alimentación y estado de ánimo no es nueva para la ciencia. El hambre no solo responde a una necesidad fisiológica, sino que también genera una sensación subjetiva que impulsa a buscar comida para satisfacer las necesidades energéticas del organismo.

Cuando aparece el hambre, nuestra atención puede centrarse más en aquellos estímulos relacionados con la comida. Y el estado emocional también puede verse afectado.

Por eso existe incluso una palabra que se ha popularizado para describir esa combinación de hambre e irritabilidad: hangry, formada a partir de hunger (hambre) y angry (enfadado).

Hambre y enfado: una relación que también se ha estudiado

La conexión entre hambre y emociones ha sido objeto de diferentes investigaciones. Los estudios han encontrado asociaciones entre la sensación de hambre y estados como la irritabilidad, el nerviosismo o un mayor malestar emocional.

Cuando una persona siente hambre, provocada por estrés, hábitos o puro aburrimiento, se vuelve más sensible a los estímulos asociados con la comida. OCU

Una investigación publicada en PLOS ONE analizó precisamente esta relación mediante el denominado método de muestreo de experiencias. Los participantes informaban varias veces al día sobre su nivel de hambre y su estado de ánimo, permitiendo a los investigadores observar cómo evolucionaban ambas variables.

Los resultados apuntaron a que los participantes manifestaban más ira e irritabilidad y menos placer cuando tenían hambre.

El fenómeno ha recibido especial atención en los últimos años precisamente por la facilidad con la que puede confundirse una necesidad física con una reacción puramente emocional.

'Si sientes que te odia todo el mundo, duerme'

El hambre no es la única señal que conviene comprobar antes de sacar conclusiones sobre nuestro estado emocional.

Severino también recomienda prestar atención al descanso. 'Si sientes que te odia todo el mundo, duerme', afirma.

Dormir es vital y, sin embargo, es una de las actividades a las que menos atención se le presta. Pexels

La explicación tiene que ver con el efecto que tiene el cansancio sobre nuestra capacidad para procesar las situaciones cotidianas. Cuando estamos agotados, podemos interpretar las cosas de una manera más negativa o reaccionar con mayor irritabilidad.

Por eso, antes de asumir que otras personas están enfadadas con nosotros o que todo está saliendo mal, puede ser útil preguntarnos cuánto hemos dormido y cuánto tiempo llevamos acumulando cansancio.

'Si sientes que te odias a ti mismo, dúchate'

La psicóloga propone incluso una solución para aquellos momentos en los que el malestar se vuelve más personal.

'Si sientes que te odias a ti mismo, dúchate', señala Severino. Y añade: 'El agua reinicia más que el pensamiento'.

Más allá de la frase llamativa, la recomendación plantea una idea sencilla: interrumpir durante unos minutos el bucle de pensamientos negativos y cambiar de contexto.

La especialista da un consejo final para no desmotivarse: “Si quieres rendirte, acuérdate de por qué empezaste”. tiktok.com/@silviaseverinopsico

Una ducha, salir al exterior o realizar cualquier actividad que ayude a romper momentáneamente la dinámica mental puede servir como una pausa antes de continuar con el día.

Escribir para sacar los pensamientos de la cabeza

Otro de sus consejos está relacionado con los pensamientos que se acumulan y terminan generando sensación de agobio: "Si te sientes abrumado por tus pensamientos, escríbelos", recomienda.

La idea consiste en trasladar al papel aquello que permanece dando vueltas en nuestra cabeza. "La mente se calma cuando algo deja de estar solo en la mente", explica. Escribir las preocupaciones puede ayudar a ordenar las ideas, identificar qué problemas son concretos y distinguirlos de aquellos pensamientos que se han convertido en una cadena difícil de detener.

También hay una recomendación para quienes sienten que no consiguen dejar atrás determinadas experiencias: "Si estás atrapado en el pasado, planifica algo pequeño para tu futuro", aconseja Severino.

No se trata necesariamente de hacer grandes planes. Puede ser algo tan sencillo como organizar una actividad para el día siguiente, quedar con alguien o fijar una pequeña meta.El objetivo es volver a dirigir la atención hacia algo que todavía está por ocurrir y sobre lo que tenemos cierto margen de acción.

Y para quienes sienten ansiedad por lo que pueda suceder, su recomendación es igualmente directa: volver al presente y concentrarse en aquello que sí se puede hacer hoy.

Severino: "Si estás nervioso, camina"

El movimiento también ocupa un lugar destacado en sus recomendaciones. "Si estás nervioso, camina. Tu cuerpo necesita moverse para que tu cabeza respire", señala la especialista.

Caminar puede convertirse en una herramienta sencilla para romper el sedentarismo, cambiar de entorno y reducir la activación que acompaña a determinados momentos de nerviosismo.

No hace falta convertirlo en una sesión deportiva: salir unos minutos, dar una vuelta a la manzana o simplemente cambiar el escenario puede servir como una pausa dentro de una jornada complicada.

Todo movimiento cuenta: subir escaleras, caminar en lugar de ir en coche... F.P.

Un último consejo para cuando aparecen las ganas de abandonar

La última recomendación de Severino está relacionada con la motivación.

'Si quieres rendirte, acuérdate de por qué empezaste'.

Una frase especialmente dirigida a esos momentos en los que el cansancio o la frustración hacen que cualquier objetivo parezca demasiado difícil.

La clave de todos estos consejos es, en realidad, bastante sencilla: antes de interpretar una emoción como definitiva, conviene revisar las necesidades básicas del cuerpo y buscar pequeñas acciones que permitan recuperar el equilibrio.

Eso sí, sentirse triste, irritable o ansioso de manera puntual no es lo mismo que experimentar un malestar persistente. Si estos sentimientos se mantienen durante semanas, interfieren en la vida cotidiana o resultan difíciles de controlar, es recomendable consultar con un profesional de la salud mental.

Hambre, estrés y emociones: una conexión que sigue estudiándose

La relación entre lo que sentimos y nuestras necesidades físicas es mucho más compleja de lo que puede parecer. Hambre, sueño, estrés y emociones interactúan constantemente, y en determinadas circunstancias pueden hacer que una persona esté más irritable o reaccione con mayor intensidad.

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El conocido fenómeno hangry resume precisamente una de estas conexiones: cuando tenemos hambre, podemos sentirnos más irritables, enfadados o menos satisfechos.

Por eso, antes de pensar que estamos teniendo un día terrible o que todo el mundo está en nuestra contra, quizá haya una pregunta mucho más sencilla que hacerse: ¿he comido y he dormido lo suficiente?

12/08/2026