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Las fiestas de San Fermín de Pasai Antxo tendrán este año un marcado carácter emocional. Más allá de la música, los actos populares y las citas tradicionales que se desarrollarán del 3 al 8de julio, la edición de 2026 servirá para rendir homenaje a una de las instituciones que más ha contribuido a construir la identidad colectiva del distrito: la educación.
La comisión de fiestas y el Ayuntamiento han querido dedicar un reconocimiento especial a dos centros que han dejado una profunda huella en generaciones de antxotarras: Pasaia-Lezo Lizeoa y La Anunciata. Dos proyectos educativos diferentes, pero unidos por una misma misión: formar a miles de niños y niñas y contribuir al desarrollo social, cultural y humano de la comunidad.
87 años de trayectoria
El homenaje cobra un significado especial en el caso de La Anunciata. El centro educativo ha cerrado recientemente sus puertas tras 87 años de historia, poniendo fin a una trayectoria iniciada por las hermanas dominicas. Aunque perteneciente al término municipal de Donostia, ha acompañado a varias generaciones de antxotarras, así como de localidades cercanas como Lezo, Errenteria o Altza.
Durante décadas, sus aulas fueron escenario de aprendizajes, amistades y experiencias que han quedado grabadas en la memoria colectiva del barrio. Miles de alumnos y alumnas pasaron por un centro que no solo transmitió conocimientos, sino también valores como el respeto, la solidaridad y el compromiso con la comunidad. Su desaparición supone el final de una etapa, pero también la oportunidad de reconocer públicamente el legado que ha dejado en la historia local.
Junto a La Anunciata, el homenaje alcanzará también a Pasaia-Lezo Lizeoa, heredero de una larga tradición de compromiso con la enseñanza en euskera. Su historia está estrechamente ligada al esfuerzo de numerosas familias que, en tiempos difíciles, impulsaron las primeras ikastolas de la bahía de Pasaia.
Pasaia-Lezo Lizeoa, 50º aniversario
Aquellos pioneros comenzaron a construir, prácticamente desde cero, una red educativa euskaldun que fue creciendo primero en Lezo y después en Pasai Antxo, Pasai Donibane, San Pedro y Trintxerpe. Piedra a piedra, superando obstáculos y dificultades, levantaron centros educativos que respondían a una necesidad compartida por la ciudadanía: garantizar una enseñanza en euskera para las nuevas generaciones.
Alumnos de Pasaia-Lezo Lizeoa.
La unión de aquellas iniciativas cristalizó en 1976, cuando las distintas ikastolas decidieron trabajar conjuntamente. Tras años de campañas de financiación, trabajo voluntario y movilización social, el edificio de Donibane se convirtió en el refugio común de aquel proyecto educativo colectivo que terminaría evolucionando hasta el actual Pasaia-Lezo Lizeoa.
Recuperación de Gure Zumardia
Pero los sanfermines de 2026 también estarán marcados por otro acontecimiento muy esperado por los vecinos y vecinas de Pasai Antxo: la recuperación de Gure Zumardia. El tradicional espacio volverá a convertirse en uno de los grandes protagonistas de las fiestas después de los profundos cambios urbanísticos experimentados en los últimos años.
De hecho, el txupinazo que abrirá oficialmente las celebraciones se lanzará desde la renovada Gure Zumardia, simbolizando el reencuentro del barrio con uno de sus lugares más emblemáticos. Aunque todavía quedarán pendientes algunos trabajos complementarios, como la instalación de nuevo arbolado, bancos y otros elementos de mobiliario urbano, la ciudadanía podrá comenzar a disfrutar de un espacio llamado a recuperar su papel como punto de encuentro social y festivo.
La coincidencia entre la inauguración del entorno urbano y el homenaje a los centros educativos aporta una carga simbólica especial a los festejos. Por un lado, se reconoce el legado de quienes durante décadas han contribuido a formar a la juventud del barrio. Por otro, se recupera un espacio público destinado a convertirse nuevamente en lugar de convivencia para las generaciones presentes y futuras.
Las fiestas de San Fermín siempre han sido una expresión de identidad colectiva en Pasai Antxo. Este año, además de celebrar, servirán para mirar al pasado con gratitud y al futuro con esperanza.