Actualizado hace 33 minutos
La diabetes es, tal y como así la definen desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), "una enfermedad crónica que se presenta cuando el páncreas no segrega suficiente insulina o cuando el organismo no logra utilizar eficazmente la insulina que produce. La insulina es una hormona que regula la concentración de glucosa en la sangre. Un efecto común de la diabetes no controlada es la hiperglucemia (es decir, la glucemia elevada) que, con el tiempo, daña gravemente muchos órganos y sistemas del organismo, sobre todo los nervios y los vasos sanguíneos".
Enfermedad que afecta a entre el 5% y el 10% de la población general
Una patología que, en base a los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad, afecta a entre el 5% y el 10% de la población general. "Debe tenerse en cuenta que se estima que por cada paciente diabético conocido existe otro no diagnosticado. Su frecuencia aumenta significativamente con la edad y también con el exceso de peso y la vida sedentaria, por estos motivos se espera un importante aumento del número de diabéticos en los próximos decenios", detallan desde dicho organismo.
Dentro de esta enfermedad, se diferencia entre la diabetes tipo 1 y la diabetes tipo 2. La diabetes de tipo 1, también denominadas como diabetes insulinodependiente, juvenil o de inicio en la infancia, "se caracteriza por una producción deficiente de insulina y requiere la administración diaria de esta hormona. En 2017 había 9 millones de personas con diabetes de tipo 1, la mayoría de ellas en países de ingreso alto. Todavía no se conoce la causa de este tipo de diabetes, ni se sabe cómo prevenirla", tal y como así la definen desde la OMS. Esta misma entidad describe así la diabetes de tipo 2: "afecta a la forma en que el cuerpo usa el azúcar para obtener energía, impidiendo que utilice adecuadamente la insulina, lo que puede aumentar las concentraciones de azúcar en la sangre si no se trata".
Prediabetes, la oportunidad para evitar la aparición de la diabetes tipo 2
Un térmico estrechamente relacionado con esta enfermedad crónica es la prediabetes, "una enfermedad en la que los niveles de azúcar en la sangre son más altos de lo normal, pero todavía no han llegado a niveles lo suficientemente altos para que se diagnostique diabetes. Es decir, se consideran niveles de prediabetes todos aquellos valores de glucemia plasmática en ayunas entre 100 a 125 mg/dl, o bien tener un hemoglobina glicosilada entre 5,7-6,4%".
Aunque puede parecer llamativo que 9 de cada 10 personas que padecen prediabetes no saben que la tienen, lo cierto es que esta dolencia generalmente no presenta síntomas. Aún así, hay una serie de factores de riesgo y señales a las que hay que prestar atención, entre las que se encuentran el sobrepeso, la inactividad física y la acantosis en la parte posterior del cuello o de la axila.
Para retrasar e incluso prevenir el desarrollo de la diabetes, es fundamental seguir un plan de alimentación rica, variada y, en definitiva, saludable, en la que no falten las frutas, verduras y pescado, y hacer ejercicio de manera regular al menos dos días a la semana. Y es que, en base a lo que sostienen los especialistas, los tratamientos médicos van enfocados hacia un conjunto de medidas cuyos objetivos principales son la reducción del peso y de las grasas saturadas, el aumento de grasas insaturadas y de fibra, y el incremento de ejercicio físico.
Su diagnóstico es esencial, pues en caso de detectarlo a tiempo se puede actuar para evitar o prevenir la rápida progresión en diabetes establecida.