El burgomaestre del Alarde de Hondarribia, Gregorio Alkain, afronta su último año de mandato en el cargo, sin desvelar aún si tiene intención de continuar al frente. Alkain atiende a NOTICIAS DE GIPUZKOA para explicar sus emociones a pocas horas del gran día de la ciudad, el 8 de septiembre, y analiza el conflicto de las últimas semanas con el Ayuntamiento de Hondarribia.
Afronta su último año de mandato como burgomaestre. ¿Hay ciertos nervios?
Siendo el cuarto año, estoy mucho más tranquilo. El primero estuve más nervioso, porque empecé sin saber montar a caballo. Entonces vas sumando todas esas cosas, y es verdad que con el paso de estos años siempre te vas manteniendo, haces clases y te da un plus de tranquilidad, que era lo que más nervioso me ponía al principio. Luego es verdad que desde el punto de vista de la organización y de la liturgia lo tienes todo más interiorizado. Es verdad que siempre está a mi lado el comandante de órdenes y si se me escapa algo es como mi apuntador en el teatro y me recuerda algunas cosas. Pero sí estoy mucho más tranquilo.
¿Y está siendo más emocional? No sabemos si será su último año.
Seguramente por cuestiones ajenas al Alarde. Hace tres meses fallecieron mi aita y mi suegra, en la misma semana de junio. Esas cosas uno las lleva internamente, entonces por esa parte sí tienes otras sensaciones dentro del cuerpo. También tengo una nieta que el año pasado no estaba. Todo eso son cositas que van sumando a nivel emocional, pero también lo harían si fuera de paisano armado, esos sentimientos también existirían, no es por ir de burgomaestre.
Hace dos semanas fue el Alardearekin Bat. ¿Sintió el cariño de la gente antes de este último año de mandato?
Es verdad que una de las cosas para las que me sirve el Alardearekin Bat es para tener contacto con la gente, porque el día 8 de septiembre prácticamente no tengo contacto con nadie. Al final vas subido al caballo, y salvo con los que están a mi altura, que son los ayudantes o el comandante en las concentraciones del batallón, o con el cornetín, durante el Alarde prácticamente no interactúo con prácticamente nadie. Hay gente que se acerca a saludar, pero casi no hay conversaciones. Ves a la gente que está en las concentraciones hablando unos con otros, sacándose fotos, también a amigos de compañías diferentes que son de la misma cuadrilla, y todos interactúan entre ellos. Pero los que vamos a caballo, al menos los más representativos, no tenemos esa oportunidad. Por ello, en el Alardearekin Bat sí puedes ir tratando con la gente y te da ánimos, es cuando más interactúas con la gente.
Me ha mencionado usted a Josema Casares, el comandante. Entiendo que son los que lideran el grupo.
El grupo es mucho más amplio. Sí que es verdad que las personas que más se pueden ver pueden ser el comandante o el burgomaestre, que en este caso somos Josema y yo, pero también es verdad que en la organización del Alarde hay más tareas y más gente que participa. Los ayudantes también participan cada uno en sus distintas tareas, y además hay más gente que también colabora. Es verdad que para el tema de solicitar permisos y ese tipo de aspectos sí que está él más centrado, pero más que nada para llevar el timing de las cosas y no porque el resto no lo pueda hacer, porque se traslada la documentación y se puede seguir haciendo las cosas igual.
Es el último año de mandato, pero no sé si quiere repetir.
El 10 de septiembre daré la respuesta.
¿Le hubiera gustado que estas semanas previas a las fiestas hubiesen sido más tranquilas? Se lo pregunto por la polémica con el Ayuntamiento de Hondarribia.
Si te soy sincero, pensaba que iba a ser más tranquilo. Pero me quedé, voy a decir, sorprendido y ojiplático con lo que ocurrió el lunes pasado, el día 24 de agosto. Me sorprendió negativamente y es verdad que como organización tuvimos que reaccionar al día siguiente. Sí me sorprendió negativamente.
¿Por qué se decidió por parte de Hondarribiko Alardea abandonar la mesa de diálogo?
Teníamos este convenio, y en los meses de septiembre y octubre tuvimos varias reuniones. Después de la última que hubo llegó a nuestros oídos que dentro del equipo de gobierno se había presentado una propuesta de un proceso, por decirlo de alguna manera, paralelo. Un proceso deliberativo del que se me dieron explicaciones a posteriori, de que ese proceso era para validar a lo que se hubiera podido llegar en esas conversaciones. Entonces, creo que deberíamos haber sabido primero que si se iba a validar eso tendríamos que haber tenido conocimiento previo. Nos enteramos de aquello, y creímos que el no haberlo transmitido y no ser transparentes era deslealtad. Y para nosotros, esos dos procesos abiertos a la vez eran incompatibles.
Hablaron de falta de voluntad real de respeto.
Sí, porque es así. Si te sientas a una mesa, sin explicarte las interioridades y contar todo lo que ocurrió, en un proceso de conversaciones, que no de negociaciones, creo que como mínimo deberíamos tener conocimiento de que eso podía desencadenar en otra cosa. Por lo menos tener ese conocimiento.
¿Qué debería pasar para que Hondarribiko Alardea volviera a retomar las conversaciones?
Al final las conversaciones son para llegar a un acuerdo sobre el desacuerdo. Tenemos un desacuerdo y está claro cuáles son las posturas. Yo lo calificaría como que somos agua y aceite, e intentar mezclar ambos líquidos no va a ser posible. Yo no lo he conocido hasta ahora. Es más para hablar de cómo repartir y dividir tiempos, lugares y espacios que otras cosas.
¿Qué le pide a la ciudadanía para estas próximas fechas?
Que disfrute. Y que cada uno, el que quiera y se sienta identificado con alguna forma de entender la fiesta, que participe en donde él o ella se sienta identificado. No tenemos que obligar a nadie a disfrutar de una manera que no quiere. Para eso hay varias formas de entender la celebración que tenemos, y que cada uno practique moralmente lo que él o ella considere que es correcto, y que participe ahí.
Al fin y al cabo, que sean unas fechas de disfrute y de celebración con la familia.
Sí, porque en Hondarribia, o por lo menos lo que yo conozco, son fiestas muy familiares. Al menos en mi entorno las personas que yo conozco se juntan con la familia para a mediodía. Pero que cada uno celebre y lo disfrute a tope.
Recalcando que la decisión de si quiere continuar o no en el cargo se sabrá el 10 de septiembre, ¿cuál ha sido el momento más especial para usted en estos cuatro años de mandato?
Cada año ha tenido algo especial. Seguramente el primero, precisamente por ese motivo, pero todos los años tienen momentos especiales. Es verdad que casi siempre son los mismos. Por ejemplo, cuando ves a la familia, te hablo de mi mujer, de mis hijas, de mi madre o de mis hermanas, que las ves en distintos lugares del desfile y son momentos especiales. Pero como burgomaestre sí te diría que seguramente el primero fue el más especial. También es en el que más nervios pasé, aunque es verdad que con el paso del tiempo uno lo va llevando con más facilidad. Que no siempre es fácil, pero sí más llevadero.
Entiendo que también con orgullo y responsabilidad de estar el cargo.
Sí, porque es un nivel de responsabilidad muy alto. Entre otras cosas porque uno es el que figura en los permisos, y eso ya te genera un nivel de responsabilidad superior al resto. Es fácil decir “vamos a hacer esto", pero el que firma es el responsable de lo que vamos a hacer. Es verdad que el cargo te obliga, en algunas situaciones, a tomar decisiones personales, y otras decisiones consensuadas por una parte del grupo. Somos una organización muy amplia, pero hay veces que uno está obligado a tomar decisiones, que pueden gustar o no, pero hay que hacerlo.
Supongo que el disfrute y la celebración supera a todo, a esa parte de organización y de responsabilidades.
Te puedo asegurar que para mí el disfrute empieza una vez que me bajo del caballo. Y lo digo así de claro además. Una vez que nos bajamos del caballo el comandante, los tres ayudantes y yo nos solemos juntar para tomar algo. A partir de ahí llega el disfrute. Es verdad que el nivel de disfrute superior, en mi caso, empieza el día 10 de septiembre, una vez que se hace la misa de difuntos y la junta de mandos que tenemos todos los años esa fecha. Cuando acaba esa junta voy a casa, me cambio y me quito el traje y la corbata, ahí te relajas. Pero también se disfruta el día 8 cuando uno llega a la Plaza de Armas y dices "objetivo cumplido, otro año más hemos sacado el Alarde de Hondarribia adelante". También eso es una responsabilidad porque al final se fijan en la parte más alta. Como te he comentado, es mucha gente la que está trabajando para que el Alarde de Hondarribia salga adelante.