Actualizado hace 7 minutos
Dormir mal se ha convertido en uno de los problemas de salud más frecuentes. El insomnio, los despertares nocturnos o la dificultad para conciliar el sueño afectan a millones de personas y pueden provocar fatiga, somnolencia diurna, falta de concentración e incluso aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Cuando estas alteraciones del sueño se prolongan en el tiempo, es fundamental acudir a un especialista para identificar su causa y evitar complicaciones. Sin embargo, una nueva investigación apunta a que un hábito tan sencillo como exponerse a la luz natural durante el día podría marcar la diferencia.
La luz del día, la gran aliada para dormir mejor
Un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Mánchester ha descubierto que las personas que reciben una exposición más intensa y constante a la luz natural tienden a dormirse antes, despertarse más temprano y disfrutar de un sueño más profundo durante la primera parte de la noche.
Esta fase de sueño profundo, conocida como sueño no REM (NREM), es esencial para la salud porque favorece la reparación de tejidos, fortalece el sistema inmunitario y estimula la liberación de hormonas fundamentales, como la hormona del crecimiento.
Los resultados fueron publicados en la revista científica NPJ Biological Timing and Sleep y se obtuvieron tras analizar más de 500 días de registros de 89 adultos, que utilizaron sensores de luz, dispositivos para monitorizar el sueño y diarios personales para registrar sus hábitos de descanso.
El trabajo demuestra una asociación clara entre la luz natural y un mejor descanso.
Los investigadores comprobaron que los participantes que pasaban más tiempo expuestos a la luz diurna solían acostarse antes y despertarse también más temprano que quienes recibían menos luz natural.
Además, aquellos con una exposición más regular a la luz del día presentaban horarios de sueño más estables y disfrutaban de un periodo más prolongado de sueño profundo, considerado el más reparador. El trabajo demuestra una asociación clara entre la luz natural y un mejor descanso.
La explicación está en el ritmo circadiano, el reloj biológico que regula los ciclos de sueño y vigilia.
Cuando la luz natural alcanza determinadas células de la retina, el cerebro interpreta que ha comenzado el día, favoreciendo la producción de cortisol, la hormona que nos mantiene despiertos y activos. Al caer la noche ocurre el proceso contrario: la disminución de la luz estimula la producción de melatonina, la hormona encargada de preparar al organismo para dormir.
Por este motivo, una buena exposición a la luz natural durante la mañana ayuda a sincronizar el reloj biológico, facilitando que el cuerpo tenga sueño a una hora más estable cada noche.
Los hábitos que recomiendan los expertos para descansar mejor
A la vista de estos resultados, los especialistas aconsejan pasar tiempo al aire libre temprano por la mañana siempre que sea posible, pues las primeras horas de luz, cuando es más brillante, es muy beneficiosa para un sueño reparador. La luz matutina regular ayuda a las personas a sentir sueño aproximadamente a la misma hora cada noche y a establecer una buena rutina de sueño.
Pasar tiempo expuesto a la luz natural puede ser muy beneficioso para el descanso nocturno.
¿Cuánto debemos dormir?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los adultos duerman entre siete y ocho horas de forma continuada para mantener una buena salud física y mental.
Si, pese a adoptar hábitos saludables, los problemas de sueño persisten durante varias semanas o afectan a la calidad de vida, lo más recomendable es acudir a un profesional sanitario para realizar una evaluación completa.
Las limitaciones del estudio
Los propios autores recuerdan que el trabajo presenta algunas limitaciones.
Por ejemplo, la exposición a la luz se midió mediante dispositivos colocados en la muñeca y no a la altura de los ojos, que es donde realmente influye sobre el reloj biológico. Además, no se tuvieron en cuenta otros factores que también pueden afectar al sueño, como la actividad física, la alimentación o los horarios de las comidas. Por ello, los investigadores consideran que serán necesarios nuevos estudios para confirmar hasta qué punto la luz natural es responsable directa de estas mejoras.