Actualizado hace 6 minutos
La montaña tiene memoria. Guarda senderos, cimas y bosques, pero conserva pasos, voces, celebraciones y silencios. En el Goierri, esa memoria está especialmente viva. Aquí cada loma es un archivo y cada pista un testimonio. Por eso la ruta que hoy recorremos es un viaje emocional, cultural y deportivo por uno de los territorios más simbólicos de Gipuzkoa.
DATOS PRINCIPALES
- Kilómetros: 15,92
- Desnivel positivo: 796+
- Duración: corriendo 2:30h / Caminar - correr: 3:45h / Senderismo 4:30 (+40 min niños)
Partimos desde Beasain, epicentro histórico de la Ehunmilak, la prueba de ultra distancia que durante años ha sido orgullo del valle y referencia internacional. Aunque ya no esté entre nosotros, su espíritu sigue impregnando cada metro de esta ascensión. Y, como veremos, ese espíritu está lejos de apagarse: el año que viene vuelve la Marimurumendi Maratoia, recuperada con fuerza y con parte del recorrido que hoy pisamos.
La salida habitual hacia Usurbe comienza tras unos metros de asfalto, entre pistas amplias y senderos que serpentean entre bordas y antiguas zonas de pastoreo.
Panorámica desde la cima de Usurbe.
Primeros pasos
El primer tramo es amable, perfecto para entrar en ritmo. El valle queda atrás y el aire se vuelve más fresco. A medida que ganamos altura, la vista se abre hacia el macizo de Aralar y hacia las montañas que rodean el Goierri. Es un ascenso que invita a la conversación y a la observación, aunque el silencio también nos acompaña sobre todo al final debido a las duras rampas antes de coronar.
Usurbe destaca por su posición estratégica que la convirtió históricamente en un punto de vigilancia natural. En sus alrededores se han encontrado mugarriak antiguos, restos de delimitaciones territoriales y trazas de caminos pastoriles que conectaban caseríos dispersos.
La Ehunmilak pasaba por aquí, y aún hoy se nota. El sendero está marcado por el desgaste de miles de zapatillas, un surco que parece contar historias de esfuerzo nocturno, de corredores avanzando, de voluntarios animando en avituallamientos improvisados. Subir a Usurbe es, de alguna manera, caminar sobre la huella de una comunidad entera.
La cruz de Usurbe.
Desde la cima, la vista es amplia y luminosa. El Goierri se despliega como un mosaico verde, salpicado de caseríos y pequeñas carreteras que parecen hilos cosiendo el paisaje.
El tramo que une Usurbe con Murumendi es uno de los más evocadores de la ruta. Bajando al collado de Agorta primero y faldeando Mallotz después, el sendero se adentra en un bosque más cerrado, donde las hayas y los robles filtran la luz y crean un ambiente casi ceremonial. La pendiente aumenta, el terreno se vuelve más técnico y el silencio del bosque adquiere un tono distinto, más profundo.
Montes de leyenda
Aunque la figura de Mari está más asociada al Anboto, la tradición oral del Goierri recoge que Murumendi era uno de sus lugares de paso. Los pastores contaban que, cuando el cielo se oscurecía de forma súbita o cuando un viento extraño cruzaba la ladera, era señal de que Mari había viajado entre cuevas, dejando tras de sí un rastro de energía difícil de explicar.
Durante los siglos XVI y XVII, Murumendi aparece en documentos relacionados con supersticiones y reuniones nocturnas. No hay pruebas concluyentes, pero la montaña quedó marcada como un lugar donde lo natural y lo sobrenatural se mezclaban. Algunos relatos hablan de luces inexplicables, de sonidos en noches sin viento y de encuentros que los pastores preferían no detallar.
La llegada a la cima de Murumendi es siempre especial, sobre todo por la sensación de estar en un lugar cargado de significado. La cima es un lugar perfecto para detenerse, respirar y entender por qué esta montaña ha sido escenario de historias, carreras y vivencias durante siglos. El viento suele soplar con fuerza, como si quisiera recordar que Murumendi es una montaña viva, inquieta, siempre en movimiento.
Montañeros en la cima de Murumendi.
Nuevos proyectos
La desaparición de la Ehunmilak dejó un vacío enorme en el Goierri. No era solo una carrera: era una celebración colectiva y un símbolo de identidad. Pero la montaña, como decíamos al principio, tiene memoria.
El año que viene vuelve la Marimurumendi Maratoia. Volverá a atravesar las laderas de Usurbe, los bosques de Murumendi y esos senderos que hoy hemos recorrido con calma, pero que pronto volverán a llenarse de corredores, de emoción y de ese ambiente único que solo el Goierri sabe crear.
La vuelta de la Marimurumendi no es solo un evento deportivo: es un acto de resistencia cultural. Es la demostración de que la comunidad sigue viva, fuerte y orgullosa de su territorio.
La fuente de Arrapaitz.
El descenso desde Murumendi comienza por el mismo sendero de subida: el primer medio kilómetro es idéntico, avanzando entre bosque y terreno pedregoso. Pero justo después de la fuente de Arrapaitz, donde muchos montañeros se detienen a refrescarse, nos desviamos hacia la izquierda para tomar un camino diferente al de subida.
Este nuevo sendero es más suave y progresivo, perfecto para bajar con comodidad. La vegetación cambia y aparecen tramos más abiertos que permiten ver el valle de Ordizia.
A mitad de descenso llegamos a Ioiako Putzua, una pequeña laguna escondida entre árboles que aporta un toque inesperado al recorrido. Es un lugar tranquilo, casi secreto, donde el agua permanece inmóvil y el silencio del bosque se intensifica.
Ioako Putzua, una pequeña laguna en el bosque.
Desde aquí, el camino continúa hacia Ordizia, completando una bajada variada y muy agradecida. La llegada a Beasain cierra la ruta con la sensación de haber atravesado un territorio lleno de historia, deporte y memoria. La montaña, al final, siempre recupera lo que es suyo.
Consejos para realizar la ruta
- Hidratación. Como siempre, es importante ir bien provistos de agua. En la localidad de Beasain disponemos de varias fuentes para aprovisionarnos. También hay un par de fuentes en el recorrido.
- Calzado. Aunque se trata de una zona boscosa la presencia de piedra en varias partes del recorrido hace recomendable una zapatilla o bota con buen agarre.
- Dificultad. Ruta moderada por el desnivel y quizá por la distancia. En cuanto a orientación, es sencilla de seguir.
Planes alternativos
Visita al caserío Iztueta. Situado en las faldas de la sierra de Aralar, dispone de vacas de leche y bueyes. Gracias a ellos, priorizando el bienestar animal y el respeto a la naturaleza, podremos ver todo el ciclo desde que nace la ternera hasta la venta de sus productos, que son todos los derivados de estos animales –leche, lácteos y carne de gran calidad–. Además, tras la visita se podrá disfrutar de una cata. Más información en www.iztueta.eus.