Aunque ya era bien sabido que Junts había dejado de ser hace tiempo un aliado del Gobierno y que, como lo había expresado en el propio Congreso, abogaba por dar carpetazo a la legislatura, su apoyo a la moción que exigía a Pedro Sánchez someterse a una cuestión de confianza tuvo una fuerte carga simbólica, al sumar sus votos a los del bloque derechista conformado por PP y Vox, enemigo a ultranza del independentismo catalán. Pero la política no vive de simbolismos y la falta de vinculación jurídica de la iniciativa aprobada este jueves en la Cámara Baja hace que todo siga como estaba. La tensión creciente entre el Ejecutivo y el partido de Carles Puigdemont, extensible también a otros socios de investidura como son el PNV, ERC o Podemos, es relativizada desde la Moncloa, desde donde ven al presidente dispuesto a aguantar no solo este verano, sino también "hasta el siguiente", en el que está marcado el tope para el final de la legislatura, pese a que se van acumulando los reveses parlamentarios.
Fuentes del Gobierno achacan más ese marcado distanciamiento con quienes han sido sus aliados a la proximidad del final de la legislatura que a las investigaciones judiciales en curso sobre supuestos casos de corrupción. Así, consideran que estarían en la misma situación aunque no hubieran estallado los escándalos como la imputación al expresidente Zapatero por el caso Plus Ultra, al que la Guardia Civil encontró joyas de valor millonario en su despacho. "Incluso sin las joyas estaríamos igual", indican desde el Ejecutivo.
Respecto a la aprobación, gracias al respaldo de Junts, de la moción que reclamaba a Sánchez que se someta a una cuestión de confianza y asuma con su dimisión responsabilidades políticas por los casos de corrupción, desde el Ejecutivo restaron gravedad a este hecho y defendieron que en la misma sesión plenaria lograron mayoría para otras iniciativas como la reforma del Código Penal para castigar las terapias de reconversión LGTBI. "Efecto político cero", señalaron fuentes del Gobierno para desdeñar la mayoría contraria y el movimiento de la formación catalana.
El día antes, durante su comparecencia en la Cámara Baja para dar explicaciones sobre los distintos casos que afectan al Ejecutivo y al PSOE, ya quedó de manifiesto la tensión con distintos socios parlamentarios que le exigieron más rendición de cuentas. El propio Junts le pidió a Sánchez que se apartase, ERC le preguntó si tenía "pecado" y conocía los comportamientos corruptos en su partido y Podemos le espetó que su ciclo había acabado. Pero en Moncloa ven normal que los socios quieran ir separándose del Gobierno ya que el fin de la legislatura se aproxima. Además, creen que buscan reforzarse de cara ante las próximas citas electorales porque, aseguran, "todos tienen transferencia de voto al PSOE".
A su juicio, el PP y Vox necesitan mantener la tensión electoral porque ven que los comicios todavía no llegan, pero en el Ejecutivo dicen tener "la piel muy gorda" y se muestran decididos a resistir hasta el parón de este verano e incluso llegar al siguiente, en 2027.