Actualizado hace 5 minutos
Una mujer de Elgoibar fue víctima del clásico robo en el que una persona se gana la confianza de su víctima para romper la barrera física que las separa y llevarse lo que busca, por lo general collares, relojes, pulseras y objetos similares, aprovechando ese momento.
Método Ronaldinho y abrazos
La lista de fórmulas que utilizan estos ladrones es variada. Van desde el joven que trata de mostrar sus habilidades con un balón y apela a un regate de Ronaldinho que exige cercanía física hasta la persona que muestra su agradecimiento con un abrazo por cualquier indicación sobre un lugar al que, en ningún momento, había pensado ir.
Tampoco faltan quienes se lanzan a los brazos de sus potenciales objetivos, por lo general personas de avanzada edad, presentándose como viejos conocidos.
En todos los casos, la finalidad es romper la barrera física para obtener lo que persiguen aprovechándose de la confianza de sus víctimas.
Un encuentro no fortuito
En el caso que nos ocupa, el robo lo protagonizó una joven que se hizo pasar por masajista.
La víctima se la encontró en la entrada del portal de su casa mientras hablaba por el móvil.
«Parecía que estaba hablando con algún vecino del bloque. Cuando me vio llegar, comentó a la persona que supuestamente estaba al otro lado del teléfono que estuviera tranquila, que ya le iba a abrir yo la puerta».
La falsa masajista
Una vez dentro, le comentó que era masajista y que estaba dispuesta darme masajes si lo necesitaba.
«Era una joven muy agradable y muy bien vestida. No sospeché nada. Me empezó a hablar de lo que hacía y me dijo que me podía ayudar con masajes».
Esas explicaciones fueron acompañadas de detalles sobre las zonas en las que solía trabajar, como el cuello y la parte alta de la espalda, momento que aprovechó para quitarle la cadena que llevaba colgada.
«No me di cuenta de nada. De hecho, en ese momento entró una vecina en el portal y le comenté que, si necesitaba una masajista, allí teníamos a una chica dispuesta a darlos».
Una situación extraña
A la vecina que acababa de llegar la situación le resultó extraña, hasta el punto de que le advirtió de que le podían estar robando. «Me eché la mano al cuello y me di cuenta de que me faltaba la cadena».
No fue lo único que desapareció, ya que la ladrona aprovechó la conversación entre las vecinas para huir del portal sin dejar rastro.