Actualizado hace 8 minutos
El verano es una de las épocas del año en las que aumentan las consultas relacionadas con mareos, sensación de inestabilidad, vértigo y problemas de equilibrio. Las altas temperaturas, la pérdida de líquidos a través del sudor, las bajadas de tensión arterial y los cambios bruscos de temperatura favorecen la aparición de estos síntomas, especialmente en personas mayores, pacientes con enfermedades cardiovasculares o quienes presentan trastornos previos del oído interno.
Sin embargo, no todos tienen el mismo origen. Aunque la mayoría de los episodios suelen estar relacionados con causas benignas y transitorias, algunos pueden ser la manifestación de alteraciones neurológicas o vestibulares que requieren una evaluación especializada. El doctor López Viejo, médico de familia del Hospital Universitario Los Madroños, de Madrid, recuerda la importancia de identificar las señales de alarma y consultar con un especialista cuando los síntomas persisten, se repiten o se acompañan de otros signos neurológicos.
Cinco claves para entender por qué aumentan los mareos en verano
1. La deshidratación y las bajadas de tensión
Las altas temperaturas provocan una mayor pérdida de líquidos y sales minerales a través de la sudoración. Cuando la hidratación no es suficiente, disminuye el volumen sanguíneo y puede producirse una reducción de la presión arterial, dificultando que llegue suficiente flujo sanguíneo al cerebro.
Esto puede traducirse en sensación de mareo, debilidad, visión borrosa, cansancio o desmayos, especialmente al levantarse de forma brusca o tras una exposición prolongada al calor. “En verano es frecuente que aparezcan mareos asociados a la deshidratación o a episodios de hipotensión. En la mayoría de los casos se resuelven corrigiendo la causa, pero es importante no normalizarlos cuando son recurrentes o intensos”, explica el experto.
2. Mareo y vértigo no son lo mismo
Aunque suelen utilizarse como sinónimos, existen diferencias importantes. El mareo suele describirse como una sensación de aturdimiento, inestabilidad o desvanecimiento inminente. El vértigo, en cambio, provoca la sensación de que el entorno gira o se mueve cuando en realidad está quieto. Se trata de un síntoma que suele estar relacionado con alteraciones del sistema vestibular, localizado en el oído interno, encargado de controlar el equilibrio.
Distinguir ambos síntomas resulta fundamental para orientar correctamente el diagnóstico.
3. El oído interno también puede verse afectado
El sistema vestibular desempeña un papel esencial en el mantenimiento del equilibrio. Algunas patologías frecuentes, como el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), la neuritis vestibular o la enfermedad de Ménière, pueden provocar episodios intensos de vértigo, náuseas, inestabilidad y dificultad para caminar.
Aunque estas alteraciones pueden aparecer en cualquier momento del año, durante los meses estivales algunos pacientes refieren un empeoramiento de los síntomas favorecido por la deshidratación, el cansancio, los cambios en las rutinas de sueño o las variaciones de presión.
4. El mareo puede indicar un problema neurológico
En ocasiones, los trastornos del equilibrio tienen su origen en el sistema nervioso central y no solo en el oído interno. El mareo o el vértigo acompañados de dificultad para hablar, pérdida de fuerza en una extremidad, alteraciones visuales, problemas para coordinar movimientos, pérdida de sensibilidad o cefalea intensa y repentina requieren una valoración médica urgente.
Estos síntomas pueden relacionarse con enfermedades neurológicas como ictus, determinadas lesiones cerebrales o trastornos neurodegenerativos que afectan al control del equilibrio. “El mareo aislado rara vez indica una enfermedad neurológica grave, pero cuando se acompaña de otros síntomas neurológicos o aparece de forma repentina e intensa es importante acudir a un servicio médico con urgencia”, señala López Viejo.
5. La prevención es la mejor herramienta
Mantener una correcta hidratación, evitar la exposición prolongada al calor, limitar el consumo de alcohol, levantarse de forma gradual tras permanecer sentado o tumbado y controlar adecuadamente la tensión arterial son algunas de las medidas que ayudan a reducir el riesgo de sufrir mareos durante el verano.