Hasta ahora los aficionados de la Real teníamos un único lugar de peregrinación: Gijón. ¿Habrá algún aficionado de la Real que haya ido a Gijón y no se haya acercado al Molinón? También podemos ir a La Romareda, pero no se puede decir que el estadio del Zaragoza sea lugar de peregrinación: entre la última Liga y la Copa de 1987 solo pasaron cinco años. Desde el sábado, los realistas tenemos un segundo lugar de peregrinación: Sevilla y el estadio de La Cartuja. Habían pasado 39 años desde el último título con público y Sevilla se ha convertido en Gijón II. El Gijón de todos los menores de 50 años. Además, en Sevilla se han ganado dos Copas. La Cartuja es el único estadio en el que la Real ha ganado dos títulos. Sevilla tiene un color especial… sobre todo para los realzales. Los que hemos estado allí, nunca olvidaremos el viaje a Sevilla. Todo salió perfecto y todos nos levantamos el domingo a la mañana pensando “pagaría por volver a vivir el día de ayer, desde el primer minuto hasta el último”.
Pero todo comenzó antes. Seis semanas antes. Cuando la Real eliminó al Athletic. Primero, había que conseguir alojamiento (gracias Minerva, Lolo, Teresa y Javier). Después, había que conseguir entrada (gracias Yohana, Gabriel, Nekane y Batis). Todo iba de cine, hasta que el lunes anterior a la final sentí dolor en un costado. Gracias Egoitz, por el masaje, por seguir preocupándote y por dejarme claro que a Sevilla había que ir aunque sea con la cabeza debajo del brazo. Genial tu comentario: “en Sevilla también hay hospitales”. Con un poco de dolor cada vez que daba un paso y con bastante dolor cada vez que me sentaba y me levantaba, pero pude disfrutar de todo.
Para empezar, el viaje. El magnífico café y el gran pintxo de tortilla en el bar El Jardín del Frontón de Carabias (Segovia), el espléndido pulpo del bar Tapi Tapitas de Manzanares (Ciudad Real) y la maravillosa cena del restaurante Las 3 Culturas de Lucena (Córdoba). Gracias, Gaizka y Naiara, por acogernos en vuestra casa.
Y del sábado, qué contar… Con decir que el camarero del bar de Lucena donde desayunamos nos cantó el hit Por la mañana café, por la tarde ron, llévame a Sevilla Orri Oskarsson… Un crack. Después, bocinazos a los colchoneros que adelantamos camino a Sevilla, jamón y Cruzcampo en casa de Teresa y Javier, más comida y más Cruzcampo en la tienda-bar San José, más Cruzcampos en los bares del centro, el autobús a La Cartuja… Gracias una vez más, Lolo y Minerva, por decirnos qué autobús había que coger y acompañarnos en él hasta La Cartuja.
Jamás un viaje en un autobús urbano ha sido tan feliz. Mejor que un crucero en el Queen Elizabeth. Ver a miles de realistas acercarse a pie a La Cartuja ponía los pelos de punta. Solo se veía gente vestida de azul y blanco.
Y ya en La Cartuja… Los que entraron en la Fan Zone lo pasaron de cine. Y los que no conseguimos entrar, también. Gracias a todos los que pusieron puestos de cervezas y comida, gracias a los árboles que nos dieron sombra… Miles de Realzales desperdigados por La Cartuja. Como bien dijo mi hermana Mirari, aquello parecía el Kilometroak. Fotos con Joseba Zaldua, Dani Díaz y Job Ochieng, fotos a Helena con un aficionado que iba vestido de sevillana, fotos con otro aficionado que llevaba una estampita de San Mikel Oyarzabal, la ikurriña que recogimos del suelo y la guardaremos para siempre…
Y la kalejira. Qué era eso. Una marea azul y blanca. Cada cuatro pasos veíamos a alguien conocido. Después, los puestos de comida y bebida que había a la entrada del campo de fútbol. El mejor gin-tonic que nos hemos tomado nunca: Beefeater (la tónica sería del Mercadona) y en vaso de plástico… ¡por solo 10 euros! Pero en buena compañía (una pareja de Zarautz a la que conocimos allí mismo) y en una final de Copa, todo sabe de maravilla.
La entrada al campo. Colas, cacheos, caballos nerviosos… En fin. Algunas cosas siguen igual. Todo sea por la Real. ¡Goooool de un tío con el pelo oxigenado! ¿Quién es ese? ¿Robert Navarro? Ah, no, es Barrene. ¡De cabeza! ¡Viva la madre que lo parió! Mierda, nos empatan. ¡Penalti! ¡Vamos, Mikel! ¡Goooool! El ambiente de euforia que se vivió en el interior de La Cartuja durante el descanso es inenarrable. Comienza la segunda parte. El equipo lo está dando todo, peeeero… Jodido Julián Álvarez… Estamos muertos. Hemos llegado a la prórroga de milagro, pero es imposible que no nos metan un gol en la prórroga. Vaya, pues el equipo se ha recuperado. Ostras, que llegamos a los penaltis. Marrero va a parar alguno, seguro. ¿Pero quién los va a meter? ¡Toma, Marrero! ¡Bien, Soler! ¡Marrero para otra vez! Joder, ¿este tío va a parar todos los penaltis? Joder, Orri, nos has traído a Sevilla, pero con eso no basta… ¡Hemos venido a lo que hemos venido! Vaya, parece que Unai no va a parar todas. ¡Bien, Luka! Quedas absuelto de todos tus pecados. Otro gol del Atlético… El siguiente lo va a echar Aihen. Venga Aihen, hik dauzkek potrok! Animo! Goool! Animo Unai, garaipena zure eskutan dago! Vaya, parece que ellos no van a fallar más. Venga Pablo, eres un crack. Tienes más apoyo que nadie: el de todos los aficionados de la Real y el de todos los riojanos del mundo. ¡Goooooool!
De ahí en adelante, todo lo recuerdo borroso. Batiburrillo de locura: abrazo al vecino de Lezo que estaba sentado al lado mío, besos, gritos, Aitor Zabaleta, nuestro himno, Txoria Txori, We are the champions, Dios Arconada grabando a los campeones con su móvil como si fuese un vulgar mortal, su sucesor levantando la Copa… La canción Freed from desire todavía me está taladrando el cerebro. Qué gustirrinín da este taladro, oye.
A la salida, abrazos con mi hermana, con mi amigo Agustín, con el legazpiarra Asier Unzurrunzaga y con Xabi (el joven que vio el partido con mi hermana). Miles de zombis deambulando por los aledaños de La Cartuja. Algunos con camisetas azules y blancas y otros con camisetas rojas y blancas. Los primeros con una sonrisa tonta en la cara y los segundos cagándose en todo por la falta de transporte público. Gracias Minerva y Lolo, una vez más, por acercaros a recogernos a La Cartuja.
Jamás he dormido tan a gusto. Normalmente tras un partido importante de la Real no puedo dormir por la tensión acumulada. El sábado dormí de un tirón. Esto de ganar la Copa es la leche… hasta duermes bien. Y el domingo te levantas con una sonrisa… El viaje de vuelta se te hace corto y todo. Más, si en el área de servicio en el que vas a comer te encuentras con Mikel Aranburu y su familia. Joder, un tío que ha jugado cientos de partidos en Primera División haciendo el viaje en coche y comiendo en un restop con el resto de los aficionados. Pero claro, es que es de la Real. Así es la Real. Eskerrik asko, aita. Realak lehenengo liga irabazi zuenean Arantzazura zure bizkarrean eraman ninduzunetik gaur arte, merezi izan du.
Volveré a Sevilla, de vacaciones. A visitar los pueblos de Córdoba que vimos desde la carretera, a pasear por las calles de Sevilla con más tiempo y a hacer la peregrinación: desde el punto en el que nos dejó el autobús urbano, hasta el estadio de La Cartuja.
Pero también quiero otra final. La siguiente, con todos los que esta vez no han podido ir: Mikel, Telmo, Julen, Iñigo, Oihana, Eider, Aner, Jon… Orri, ¡ponte las pilas!