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Las ascensiones al Fitu y a La Campa las amputó del trazado un camión que se cruzó de mala manera en el primer día de competición de la Vuelta a Asturias.
Variado el recorrido por motivos de fuerza mayor, se adentró la carrera por vías estrechas, rutas secundarias de montaña que cuidaban en la lejanía los Picos de Europa, donde la nieve todavía lanza saludos desde el invierno que fue.
Entre los garabatos de asfalto de los bosques, presente la foresta en laderas verdes y exuberantes, ondeaban los hilos de la fuga entre el Collado Tresslende y la Collada Zardón, unidas ambas cotas por un descenso sinuoso, peligroso y burlón que deshilachó a Hugo Aznar y su maillot naranja del Euskaltel-Euskadi.
La bajada, repleta de vértigo y riesgo, arengó a Samuel Fernández para conectar con Gabriel Layrac, Heidemann, Sagrado y Smith, que ondeaban en la fuga que marcó la jornada inaugural. El asturiano conocía cada pliegue y recoveco del camino que se dirigía a Benia de Onís.
Repleto de ambición, se conectó con los fugados antes de propulsarse como un poseso. Entusiasmado, encrespado, Samuel Fernández quiso hacer palanca.
La Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias, tatuada en el brazo derecho, le arengaba. Un esfuerzo valiente, pero desmedido.
Los escapados le pinzaron poco después. Sin noticias del grupo de favoritos, a medio minuto, el quinteto se citó al esprint para fijar al líder de la carrera. Smith se desplegó con un ataque.
Era el señuelo de Layrac, su compañero, que batió a Heidemann y Samuel Fernández, vacío por el esfuerzo. El francés abrazó su primera victoria profesional.