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Desde hace más de una década, cada crisis deportiva del Real Madrid reactiva la posibilidad de que Jose Mourinho regrese al banquillo. Es el rumor que siempre vuelve. El portugués es el eterno candidato para virar el rumbo de la entidad. Su nombre invita a recordar a una época que sentó el debate sobre si devolvió al club la capacidad competitiva que se le espera en una época dominada por el Barcelona o si simplemente tensó el ecosistema del club blanco hasta hacerlo crujir. Pero nadie le olvida.
La posibilidad de su retorno ronda estos días al vestuario del Real Madrid. Álvaro Arbeloa está en la picota. Sus opciones de alcanzar un título esta temporada son remotas. Solo queda la alternativa de la liga, y el equipo está a 9 puntos del Barça con 18 en juego y un Clásico de por medio, el del 10 de mayo, cuando el conjunto de Hansi Flick podría entonar el alirón. La salida del técnico se antoja como lo más probable a juzgar por los precedentes: bajo el mandato de Florentino Pérez, solo un entrenador permaneció en el cargo después de una campaña en blanco. Fue Wanderlei Luxemburgo, con la excepcionalidad de que fue fichado en las Navidades de 2004. El brasileño estiró su estancia hasta casi un año después. No fue, por lo tanto, una continuidad tras una temporada natural.
No garantiza su continuidad en el Benfica
Zinedine Zidane, Jürgen Klopp, Didier Deschamps, Mauricio Pochettino, Lionel Scaloni… Los nombres de los candidatos que han surgido son variopintos. Pero el de Mourinho ha cobrado fuerza los últimos días. Al ser preguntado en una rueda de prensa reciente sobre si podía garantizar su continuidad en el Benfica la próxima temporada, el portugués fue contundente: “No”. La respuesta puso de manifiesto la incertidumbre que rodea el futuro del técnico en Lisboa pese a que su contrato se extiende hasta 2027, y desató la especulación.
El diario luso A Bola sostiene que nadie del Madrid se ha puesto en contacto con Mourinho y que el técnico está molesto por los rumores que le sitúan en el banquillo blanco. Sin embargo, según el experto en el mercado internacional Fabrizio Romano, el portugués estaría dispuesto a cumplir una segunda etapa en Chamartín. Para más inri, Kylian Mbappé, estandarte de este Madrid, dio un me gusta a una publicación en las redes sociales que hacía referencia a una posible vuelta de Mou. Pero… ¿sería Mourinho una solución?
La primera llegada al Real Madrid
Entre 2010 y 2013, Mourinho no fue un entrenador más. Su llegada al Real Madrid fue la incursión de un estado de ánimo. Venía de conquistar el triplete con el Inter, que había logrado interrumpir la hegemonía del Barcelona. Mourinho se encontraba en el momento álgido de su carrera cuando fue captado por Florentino Pérez para seguir destronando al mejor Barça de todos los tiempos, uno de los equipos más prolíficos de la historia. El presidente buscaba un líder que destacara por encima de cualquier jugador y recondujera de manera urgente el club hacia el camino de los éxitos.
Mou se marchó dejando tres títulos –una liga, una Copa y una Supercopa de España– y una huella emocional profunda. Gestionaba la plantilla como quien mueve piezas de un tablero de ajedrez. Su dialéctica era un enfrentamiento permanente con el entorno. Así llegaron los años de plomo en los Clásicos, que dividieron incluso a la España campeona del mundo. Las críticas arbitrales se transformaron en rutina. Mourinho marcó una época.
Su etapa no se entiende sin la figura de Cristiano Ronaldo, su aliado competitivo, y tampoco sin la fricción con los capitanes. Su relación con Iker Casillas fue uno de los episodios más tensos en la historia del club, marcada por la suplencia del capitán, la división del vestuario y el club, y acusaciones de filtraciones a la prensa. Gobernó el vestuario desde el conflicto.
El contexto de hoy es similar, con el Barça encaminado hacia su tercer título de liga para sentar una etapa dorada a nivel doméstico. Pero el Madrid de hoy es diferente, con ciertas carencias de liderazgo sobre el terreno de juego pero plagado de egos. La cuestión quizá no sea tanto si Mourinho sabría dirigir al vestuario, sino si el vestuario sería capaz de convivir con Mourinho, un carácter bien distinto al de los últimos entrenadores, Carlo Ancelotti, Xabi Alonso o el propio Arbeloa, que han tratado de gestionar personalidades sin confrontaciones. Mourinho es más intervencionista, dotado de un gen competitivo que deja a jugadores en el camino, rendidos por la exigencia. Su llegada alteraría jerarquías, dinámicas y liderazgos. Sería una transformación. Ahí residiría tanto su valor como técnico como su riesgo. Sin medianías.
Mourinho da instrucciones en el Benfica.
La trayectoria tras salir del Madrid: 6 títulos en 13 años
Si bien, este Mourinho tampoco es el mismo del que llegó al Santiago Bernabéu en 2010. Desde su salida del club blanco ha ido descendiendo en la escala del prestigio. Tras acordar su salida del Madrid después de una campaña sin títulos y pese a tener contrato hasta 2016, recaló de inmediato en el Chelsea. En dos temporadas y media firmó el título de la Premier League en la segunda campaña y alcanzó las semifinales de la Champions League.
Una vez destituido en Stamford Bridge, recaló en el Manchester United, donde también permaneció dos temporadas y media. En el segundo curso en Old Trafford alcanzó el subcampeonato, aunque sin opciones de devolver al club un título de liga que no gana desde la 2012-13. El técnico luso conquistó una FA Cup, la Community Shield y la Europa League de 2017 antes de ser destituido.
De nuevo de inmediato –lleva sin dejar de entrenar una temporada completa desde el 2000– afrontó su tercer desafío en el fútbol inglés. Cogió las riendas del Tottenham, donde su misión era afianzar al club entre los grandes de Inglaterra. Pero su reputación sufrió un golpe que marcaría su trayectoria posterior. Su paso durante temporada y media fue irrelevante. Alcanzó la sexta posición en liga, incapaz de conducir al equipo a la Champions League, donde el curso anterior a su llegada Maurico Pochettino llegó a la final.
En la 2021-22 regresó a la Italia que le vio elevarse como uno de los mejores entrenadores del panorama. Pero esta vez asumió la dirección de la Roma, lo que significó un paso atrás en su carrera. Su estancia se prolongó la ya habitual duración de dos temporadas y media. En este tiempo no logró el billete para la Champions, y su huella en la competición doméstica fueron dos sextas posiciones, aunque sí levantó el trofeo de la Conference League y disputó una final de la Europa League.
Benfica: retorno al origen
Después vivió una experiencia efímera en el Fenerbahçe, donde alcanzó el subcampeonato. Nada más comenzar su segunda campaña fue despedido al caer eliminado en el play-off de acceso a la Champions. Entonces regresó al Benfica, el club que le brindó su primera oportunidad en un banquillo y que provocó su destitución en Turquía. En Lisboa ocupa la segunda posición liguera, a 6 puntos del Oporto con solo cuatro jornadas por disputarse. Es decir, su palmarés apunta a no alterarse. Su botín desde que salió del Real Madrid es de seis títulos en trece años, siendo los más prestigiosos la Premier de 2015, la Europa League de 2017 y la Conference de 2022.
En el Real Madrid tendría la oportunidad de dar un nuevo impulso a su carrera. Pero primero Florentino Pérez debería definir qué identidad quiere para su equipo, si persigue los éxitos desde la serenidad o desde la versión más beligerante, porque al fin y al cabo, Mourinho sigue siendo una figura que divide pero que nunca deja indiferente, y que precisamente por eso siempre figura como el candidato eterno al banquillo. Su retorno sería medido en términos emocionales más que tácticos. No se buscaría un sistema concreto, sino recuperar el gen competitivo a través de la energía que pudiera inyectar. Retornaría como un catalizador, al igual que en 2010, pero con la losa de no haber sido capaz de reconstruir un gran proyecto deportivo desde que saliera del Real Madrid.