Las vacaciones escolares, el aumento de las actividades al aire libre y las altas temperaturas hacen que el verano sea una de las épocas del año en las que más accidentes infantiles se producen. Aunque la mayoría son leves, muchos podrían evitarse con medidas de prevención sencillas y una supervisión adecuada. Desde caídas y golpes hasta ahogamientos o quemaduras solares, conocer los riesgos más habituales permite disfrutar de esta época con mayor seguridad.
Según la Asociación Española de Pediatría (AEP), la mayor parte de los accidentes infantiles son prevenibles, por lo que insiste en la importancia de extremar la vigilancia durante el verano, cuando los niños pasan más tiempo en piscinas, playas, parques o practicando actividades al aire libre.
Ahogamientos: el mayor riesgo del verano
Los ahogamientos son uno de los accidentes más graves durante los meses estivales. Pueden producirse en piscinas, playas, ríos e incluso en pequeñas cantidades de agua, por lo que la supervisión constante resulta imprescindible, especialmente en los menores de cinco años.
Los especialistas recomiendan que un adulto permanezca siempre atento cuando los niños estén en el agua, evitando distracciones como el teléfono móvil. Además, es aconsejable instalar vallas de seguridad en las piscinas particulares, enseñar a nadar desde edades tempranas y utilizar chalecos salvavidas homologados en embarcaciones o actividades acuáticas.
Padres juegan con su hija en la piscina y le enseñan a nadar.
Caídas, golpes y heridas
Correr, montar en bicicleta, patinetes o jugar en parques aumenta el riesgo de caídas, uno de los accidentes infantiles más frecuentes. Aunque la mayoría solo provoca raspones o pequeños golpes, algunas pueden derivar en fracturas o traumatismos.
Para reducir el riesgo conviene utilizar siempre casco cuando se monte en bicicleta, patinete o monopatín, comprobar que las zonas de juego sean seguras y adaptar las actividades a la edad del niño. También es recomendable llevar un pequeño botiquín cuando se realizan excursiones o salidas al aire libre.
Quemaduras solares y por superficies calientes
La exposición prolongada al sol puede provocar quemaduras solares, especialmente en bebés y niños pequeños, cuya piel es mucho más sensible. También es frecuente que los menores se quemen al caminar descalzos sobre arena, pavimento o bordes de piscinas expuestos durante horas al sol.
Para prevenir estos accidentes es importante aplicar un protector solar de amplio espectro con un factor de protección adecuado, renovarlo cada dos horas y después del baño, utilizar gorra, gafas de sol homologadas y ropa ligera que cubra la piel. Además, conviene evitar la exposición solar entre las 12:00 y las 16:00 horas y comprobar la temperatura de las superficies antes de que los niños caminen sobre ellas.
La pediatra Nerea Sarrión, autora del libro 'Cuidar lo que más importa', ha compartido en su perfil de Instagram una guía práctica con las principales recomendaciones para proteger a los más pequeños del sol durante el verano. De forma sencilla, repasa aspectos clave como la ropa más adecuada, el uso de gorros y gafas de sol o los criterios que conviene tener en cuenta al elegir un protector solar infantil.
Golpe de calor y deshidratación
Los niños regulan peor su temperatura corporal que los adultos, por lo que son especialmente vulnerables al golpe de calor y la deshidratación. La práctica de ejercicio en las horas centrales del día o una hidratación insuficiente pueden favorecer la aparición de este problema.
Algunos síntomas de alerta son el cansancio extremo, la piel muy caliente, el dolor de cabeza, los mareos, la somnolencia o los vómitos. Ante estas señales es necesario trasladar al menor a un lugar fresco, ofrecerle agua si está consciente y buscar atención médica si los síntomas no mejoran rápidamente.
Niña bebe agua.
Picaduras y mordeduras
Mosquitos, avispas o medusas también protagonizan buena parte de las consultas durante el verano. Aunque normalmente solo producen molestias leves, en algunos niños pueden desencadenar reacciones alérgicas que requieren atención médica.
El uso de repelentes adecuados para la edad, evitar zonas con agua estancada y utilizar calzado en exteriores ayuda a reducir el riesgo de picaduras y mordeduras.
La prevención, la mejor herramienta
La Asociación Española de Pediatría recuerda que la supervisión continua por parte de un adulto sigue siendo la medida más eficaz para prevenir accidentes infantiles. A ello se suma la importancia de enseñar a los niños normas básicas de seguridad adaptadas a su edad y dar ejemplo con hábitos responsables.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que las lesiones no intencionadas son una de las principales causas de muerte y discapacidad en la infancia, aunque muchas de ellas pueden evitarse mediante medidas sencillas de prevención.
Planificar las actividades, proteger a los menores del sol y del calor, mantener una vigilancia constante en el agua y utilizar los sistemas de seguridad adecuados son pequeños gestos que contribuyen a que el verano transcurra con tranquilidad y sin sobresaltos.