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Verdadero o Falso

Leche de cucaracha, besos neandertales y calzoncillos enterrados: la ciencia más insólita del año

Los Ig Nobel distinguen investigaciones que primero provocan una carcajada y después obligan a pensar. Estas son las sorprendentes aplicaciones que esconden los trabajos premiados en 2026.
Pia Viviani muestra varias prendas descompuestas durante la entrega del Ig Nobel de Ciencia del Suelo, acompañada por Atlant Bieri y otros participantes de la ceremonia.
Pia Viviani muestra varias prendas descompuestas durante la entrega del Ig Nobel de Ciencia del Suelo, acompañada por Atlant Bieri y otros participantes de la ceremonia. / Improbable Research.

Actualizado hace 9 segundos

¿Se besaban los neandertales? ¿Puede la trompa de un mosquito muerto convertirse en una impresora 3D? ¿Por qué los bebés huelen mejor que los adolescentes? Aunque parezcan preguntas nacidas de una conversación disparatada, todas han sido objeto de investigaciones científicas reales y algunas esconden aplicaciones mucho más útiles de lo que sugieren sus extravagantes planteamientos.

Los responsables de estos trabajos fueron distinguidos este jueves en Zúrich durante la 36ª edición de los premios Ig Nobel, unos galardones dedicados a reconocer descubrimientos que, según el lema de sus organizadores, “primero hacen reír y después hacen pensar”. La leche de una especie de cucaracha, el diseño de un urinario que apenas salpica o el entierro de mil calzoncillos para conocer la salud del suelo figuran entre los protagonistas de una edición que demuestra que la ciencia también puede comenzar con una pregunta aparentemente absurda.

Marc Abrahams, creador y maestro de ceremonias de los Ig Nobel, presenta la edición de 2026 rodeado de varios participantes disfrazados de plátano.

Marc Abrahams, creador y maestro de ceremonias de los Ig Nobel, presenta la edición de 2026 rodeado de varios participantes disfrazados de plátano. Improbable Research

Pero los Ig Nobel no premian ocurrencias ni investigaciones inventadas. Los trabajos distinguidos son estudios auténticos, publicados en revistas científicas y desarrollados por investigadores de universidades y centros de distintos países. Bajo sus títulos desconcertantes se esconden cuestiones relacionadas con la evolución humana, la nutrición, la higiene, el comportamiento social, la agricultura o el desarrollo de nuevas tecnologías.

Una ceremonia que se toma muy en serio el humor

Los premios fueron creados en 1991 por Marc Abrahams, editor de la revista Annals of Improbable Research, como una celebración de la faceta más imaginativa de la ciencia. Los entregan auténticos ganadores del Nobel en una ceremonia deliberadamente disparatada, con discursos limitados, aviones de papel y un protocolo que convierte el humor en parte del experimento.

El público lanza aviones de papel durante la ceremonia de los Ig Nobel, una de las tradiciones más características de estos premios.

El público lanza aviones de papel durante la ceremonia de los Ig Nobel, una de las tradiciones más características de estos premios. Improbable Research

La edición de este año también ha sido histórica por otro motivo: después de 35 ceremonias celebradas en Estados Unidos, los Ig Nobel se entregaron por primera vez en Europa. Zúrich acogió los diez galardones de 2026 y la organización ya ha anunciado que la próxima edición tendrá lugar en Amberes.

Su apariencia paródica no impide que muchos de los estudios premiados respondan a problemas reales. De hecho, uno de sus ganadores más célebres, el físico Andre Geim, recibió en 2000 un Ig Nobel por hacer levitar una rana mediante un campo magnético. Diez años después consiguió el Nobel de Física por sus investigaciones sobre el grafeno, convirtiéndose en la única persona que posee ambos reconocimientos.

Besos con 21 millones de años de historia

El premio de Biomecánica fue para los investigadores Matilda Brindle, Catherine Talbot y Stuart West, de la Universidad de Oxford, por enfrentarse a una pregunta más difícil de lo que parece: ¿qué es exactamente un beso? Para estudiarlo en humanos y otros animales necesitaban una definición que permitiera distinguirlo de una pelea, una mordedura o el intercambio de comida.

Una hembra de bonobo besa a su cría, un ejemplo del contacto boca a boca observado entre los grandes simios.

Una hembra de bonobo besa a su cría, un ejemplo del contacto boca a boca observado entre los grandes simios. Wikimedia Commons.

El equipo lo definió como un contacto boca a boca entre individuos de la misma especie, sin intención agresiva, con cierto movimiento de los labios o de las piezas bucales y sin transferencia de alimento. Aplicando estos criterios, los científicos comprobaron que los humanos no somos los únicos que besamos: también se han observado comportamientos similares en otros primates y en animales tan diferentes como algunas aves, osos polares e incluso hormigas.

Al reconstruir su historia evolutiva, los investigadores situaron el origen probable del beso en el antepasado común de los grandes simios, hace alrededor de 21,5 millones de años. La conclusión más llamativa es que los neandertales también debieron de besarse y pudieron hacerlo con los Homo sapiens con los que convivieron. El estudio no resuelve, sin embargo, el gran misterio: si besar no resulta imprescindible para reproducirse, ¿por qué la evolución ha conservado este comportamiento durante millones de años?

La física de un urinario que no salpica

Pocas experiencias resultan tan cotidianas y desagradables como las salpicaduras de un urinario. Resolver este problema llevó a Randy Hurd, Zhao Pan, Tadd Truscott y Kaveeshan Thurairajah a combinar cálculos teóricos, experimentos de laboratorio y física de fluidos, un esfuerzo que les ha valido el Ig Nobel de Física.

Los modelos Cornucopia y Nautilus, a la derecha, fueron diseñados para reducir las salpicaduras frente a los urinarios convencionales.

Los modelos Cornucopia y Nautilus, a la derecha, fueron diseñados para reducir las salpicaduras frente a los urinarios convencionales. Thurairajah et al.

Los investigadores analizaron cómo influyen en el rebote del líquido factores como el ángulo de impacto, la distancia, la altura y la forma de la superficie. Sus pruebas demostraron que la geometría de los urinarios convencionales favorece que una parte de la orina regrese hacia el usuario o termine en el suelo. La solución pasa por emplear superficies curvas y ángulos que permitan que el chorro se deslice, en lugar de golpear frontalmente contra la pared.

A partir de estos resultados, el equipo diseñó un modelo capaz de reducir las salpicaduras hasta aproximadamente el 1,4% de las que se producen en algunos urinarios tradicionales. Detrás de una investigación que invita a la broma se encuentra una posible mejora para la higiene de los baños públicos, la comodidad de sus usuarios y el ahorro de agua y productos de limpieza.

Mil calzoncillos para medir la salud del suelo

El Ig Nobel de Ciencia del Suelo fue para un experimento tan sencillo como visual: enterrar ropa interior de algodón y comprobar cuánto queda de ella dos meses después. Los investigadores Franz Bender y Marcel van der Heijden impulsaron la iniciativa con la participación de ciudadanos de más de 25 países, que llegaron a sepultar alrededor de mil prendas.

El grado de descomposición de la ropa interior permitió comprobar la actividad de los microorganismos presentes en diferentes terrenos.

El grado de descomposición de la ropa interior permitió comprobar la actividad de los microorganismos presentes en diferentes terrenos. Agroscope.

El algodón sirve de alimento para bacterias, hongos y otros organismos microscópicos presentes en la tierra. Por eso, cuanto más activo y saludable es un suelo, más rápidamente se degrada el tejido. Al desenterrar las prendas, algunas aparecieron prácticamente intactas, mientras que de otras apenas sobrevivieron las costuras y la goma elástica, fabricadas con materiales que los microorganismos no pueden descomponer con la misma facilidad.

El experimento permitió observar que el uso que se hace del terreno influye decisivamente en su actividad biológica. Aunque unos calzoncillos enterrados no sustituyen a un análisis profesional, ofrecen a agricultores y ciudadanos una manera económica y comprensible de acercarse a un ecosistema invisible bajo sus pies. En este caso, la ropa interior terminó convertida en una peculiar herramienta de divulgación ambiental.

La nutritiva leche de una cucaracha

El premio de Química recayó en un equipo internacional por analizar los cristales de proteínas que produce la Diploptera punctata, una singular especie de cucaracha que, en lugar de poner huevos, da a luz a crías vivas y las alimenta dentro de su cuerpo con una sustancia parecida a la leche.

Cuando las crías digieren ese líquido, en su interior se forman pequeños cristales que liberan proteínas, grasas y azúcares de manera gradual. Los investigadores descubrieron que contienen aproximadamente tres veces más energía que una cantidad equivalente de leche de vaca, lo que los convierte en una de las sustancias nutritivas más concentradas conocidas.

La Diploptera punctata alimenta a sus crías con una sustancia cuyos cristales contienen proteínas, grasas y azúcares.

La Diploptera punctata alimenta a sus crías con una sustancia cuyos cristales contienen proteínas, grasas y azúcares. Naturalist

El hallazgo no significa que la leche de cucaracha vaya a ocupar próximamente los estantes de los supermercados. Obtenerla directamente de estos insectos sería complicado, caro y poco viable a gran escala. Su verdadero interés reside en estudiar la estructura de esos cristales y averiguar si algún día podrían reproducirse en un laboratorio para desarrollar suplementos nutricionales capaces de liberar sus nutrientes lentamente. Por ahora, es una prometedora rareza científica, no el nuevo superalimento que algunos titulares han querido anunciar.

Una impresora 3D con trompa de mosquito

El premio de Tecnología fue para un equipo que encontró una utilidad inesperada para una de las partes más molestas del mosquito: su trompa. Los investigadores aprovecharon las diminutas piezas bucales de insectos muertos como boquillas naturales para imprimir estructuras en 3D con una precisión microscópica.

La trompa del mosquito puede funcionar como una boquilla natural para imprimir estructuras de tamaño microscópico.

La trompa del mosquito puede funcionar como una boquilla natural para imprimir estructuras de tamaño microscópico. Science Advances

Estas trompas son extremadamente finas, huecas y resistentes, unas características difíciles y costosas de reproducir mediante procedimientos industriales. Tras extraerlas, limpiarlas e incorporarlas a un dispositivo de impresión, los científicos consiguieron depositar cantidades minúsculas de distintos materiales. El procedimiento fue bautizado como “necroimpresión”, ya que reutiliza partes de organismos muertos como herramientas tecnológicas.

Más allá de lo macabro de su nombre, la técnica podría abaratar la fabricación de componentes diminutos empleados en medicina, electrónica o investigación biológica. El trabajo demuestra que la naturaleza ya ha diseñado estructuras de enorme precisión que pueden servir como alternativa a piezas artificiales mucho más caras. En esta ocasión, el insecto que normalmente utiliza su trompa para atravesar la piel terminó ayudando a imprimir a una escala casi imperceptible.

Miles de pisotones para descubrir cuándo muerde una serpiente

El premio de Biología reconoció a un equipo brasileño que trató de averiguar qué factores llevan a una serpiente venenosa a atacar. Para conseguirlo, los investigadores utilizaron botas de protección y pisaron suavemente distintas partes del cuerpo de ejemplares de jararaca, una especie responsable de numerosas mordeduras en Brasil.

El experimento acumuló decenas de miles de contactos controlados y permitió observar que las serpientes reaccionaban de manera diferente dependiendo de su tamaño, sexo, temperatura y zona del cuerpo presionada. Pisar cerca de la cabeza elevaba considerablemente la probabilidad de mordedura, mientras que las hembras jóvenes tendían a responder de forma más defensiva. Los resultados podían ayudar a comprender mejor los accidentes que se producen cuando una persona pisa accidentalmente un ejemplar oculto entre la vegetación.

Sin embargo, este es también el galardón más controvertido de la edición. El artículo, publicado inicialmente en la revista Scientific Reports, fue retirado posteriormente por deficiencias en el diseño experimental y dudas sobre el cumplimiento de los requisitos éticos, especialmente en relación con el uso de serpientes jóvenes y el método empleado para provocar sus reacciones. La investigación que buscaba descubrir cuándo muerde una serpiente acabó planteando otra pregunta: ¿hasta dónde se puede llegar en nombre de la curiosidad científica?

De la nariz a las amistades poco amables

Los restantes galardones demostraron que casi ningún comportamiento cotidiano queda fuera del alcance de la ciencia. El premio de Medicina fue concedido a título póstumo al otorrinolaringólogo japonés Tokuji Unno por estudiar la aerodinámica de sonarse la nariz y las presiones que se generan al expulsar la mucosidad. Sus investigaciones apuntan a que conviene hacerlo suavemente y limpiar una fosa cada vez para evitar que las secreciones se dirijan hacia los senos paranasales o el oído medio.

El premio de Olfacción distinguió un trabajo que confirmó que los padres suelen encontrar agradable el olor de sus bebés, pero no tanto el de sus hijos adolescentes. Los cambios hormonales de la pubertad modifican la composición del sudor, aunque los investigadores también plantean que esta pérdida de afinidad olfativa podría favorecer la separación progresiva entre padres e hijos.

Más incómodos fueron los resultados del premio de Economía, concedido a un equipo que relacionó una posición social elevada con una mayor tendencia a adoptar determinadas conductas poco éticas. En uno de sus experimentos, las personas de clase alta cogieron más caramelos después de ser advertidas de que estaban reservados para unos niños. Finalmente, el Ig Nobel de la Paz reconoció una investigación que descubrió que valoramos más a los amigos que tratan mal a quienes nos caen mal: una muestra de que los grupos pueden cohesionarse tanto por el afecto compartido como por la existencia de un enemigo común.

Preguntas absurdas, respuestas necesarias

Desde unos calzoncillos enterrados hasta la trompa de un mosquito, los Ig Nobel convierten situaciones cotidianas o directamente extravagantes en una puerta de entrada al conocimiento. No todas estas investigaciones cambiarán el mundo, pero sí demuestran que la ciencia también consiste en observar aquello que los demás pasan por alto y atreverse a formular preguntas que nadie había considerado dignas de respuesta.

El humor no elimina la necesidad de rigor. La retirada del estudio sobre las serpientes recuerda que incluso la investigación más imaginativa debe respetar límites metodológicos y éticos. Pero tampoco conviene confundir lo insólito con lo inútil: detrás de un urinario que no salpica puede haber una mejora higiénica y detrás de una cucaracha, una estructura nutricional todavía difícil de reproducir. El humor no elimina la necesidad de rigor. Ese es precisamente el propósito de unos premios que no buscan competir con los Nobel, sino reivindicar otra forma de despertar la curiosidad. Primero llega la carcajada ante una pregunta improbable. Después, casi sin advertirlo, aparece el deseo de conocer la respuesta.

2026-09-04T11:43:57+02:00
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