Buscar
Verdadero o Falso

La inteligencia artificial toma cuerpo humanoide y se prepara para entrar en casa

Corren, cocinan y muestran rostros casi humanos, pero todavía tropiezan con las tareas más imprevisibles: qué pueden hacer realmente, cuánto cuestan y cómo cambiarán la vida cotidiana
El robot humanoide Apollo realiza una tarea doméstica en una cocina.
El robot humanoide Apollo realiza una tarea doméstica en una cocina. / NASA Spinoff/Apptronik.

Actualizado hace 6 minutos

Un robot corre a una velocidad que hasta hace poco parecía reservada a los atletas. Otro dobla la ropa, ordena un dormitorio o coloca la compra en la cocina. Algunos bailan, practican artes marciales y mantienen el equilibrio después de recibir un empujón. Otros parpadean, sonríen y fijan la mirada en su interlocutor detrás de una piel tan realista que obliga a observar dos veces la imagen. Los robots humanoides han dejado de ser figuras rígidas y torpes, pero los vídeos que circulan por las redes plantean una pregunta cada vez más difícil de responder: ¿hasta dónde han llegado realmente?

La respuesta se busca estos días en Pekín, donde 2.056 máquinas y 666 equipos participan en la segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides. Corren, juegan al fútbol, levantan pesas y practican taichí, aunque las pruebas más reveladoras tienen poco que ver con el deporte. Deben montar piezas, servir alimentos, responder ante una emergencia, desenvolverse en un supermercado o recargar un vehículo eléctrico. Uno llegó incluso a operar una cámara durante la ceremonia inaugural como si fuera un trabajador más de la retransmisión.

En solo un año, la competición ha pasado de reunir unos 500 robots a superar los 2.000. Sin embargo, completar una tarea ensayada no convierte todavía a una máquina en un asistente doméstico. El verdadero desafío comienza cuando abandona el escenario preparado y entra en una vivienda donde los objetos cambian de sitio, una mascota se cruza en su camino o un vaso aparece demasiado cerca del borde de una mesa.

El salto pendiente

La gran promesa del sector consiste en trasladar al mundo físico el avance que la inteligencia artificial ya ha experimentado con el lenguaje: que un robot no necesite una programación diferente para cada movimiento, sino que pueda escuchar una petición como “recoge la cocina”, comprenderla, observar el entorno y decidir por sí mismo qué debe hacer.

Un robot humanoide equipado con Gemini Robotics manipula objetos durante una demostración de sus capacidades.

Un robot humanoide equipado con Gemini Robotics manipula objetos durante una demostración de sus capacidades. EP

El fundador y consejero delegado de la empresa china Unitree, Wang Xingxing, considera que ese particular “momento ChatGPT llegará cuando los humanoides sean capaces de completar alrededor del 80 % de las tareas en el 80 % de los entornos desconocidos mediante instrucciones. Calcula que el salto podría producirse en dos o tres años en el escenario más optimista, aunque también reconoce que podría demorarse entre cinco y diez.

El principal obstáculo es generalizar lo aprendido. Un robot puede acercarse al 100 % de efectividad cuando repite una labor en un espacio fijo y con materiales conocidos, pero su rendimiento cae si cambia la forma, la posición o el peso de aquello que debe manipular. Un plato, una prenda o una bolsa de basura nunca se comportan exactamente igual. Una persona resuelve esas variaciones casi sin pensar; para una máquina, cada una puede convertirse en un problema nuevo.

Del vídeo viral al trabajo real

Las imágenes más espectaculares no siempre muestran las capacidades más útiles. Un humanoide puede ejecutar una voltereta después de haber repetido el movimiento miles de veces y, sin embargo, tener dificultades para recoger una camiseta arrugada. Las exhibiciones demuestran equilibrio, coordinación y potencia, pero no necesariamente autonomía fuera de ese escenario.

El avance más sólido se produce en fábricas y centros logísticos, donde el entorno es más previsible. Digit, el humanoide de la estadounidense Agility Robotics, ya ha trasladado más de 100.000 contenedores en un almacén de GXO y coloca las cargas sobre una cinta transportadora.

Las exhibiciones demuestran equilibrio, coordinación y potencia, pero no necesariamente autonomía fuera de ese escenario

La forma humana tiene una ventaja: puede utilizar espacios y herramientas diseñados para las personas. Pero Digit ejecuta una secuencia concreta en un entorno conocido y su batería proporciona hasta cuatro horas de funcionamiento. Los brazos robóticos tradicionales siguen siendo más rápidos y precisos en una única función; los humanoides aspiran a aprender distintas tareas y adaptarse.

La Federación Internacional de Robótica enfría las expectativas: la adopción masiva de humanoides universales no llegará a corto ni a medio plazo. Antes deberán demostrar que son seguros, fiables y rentables durante miles de horas.

Una casa nunca permanece igual

Entrar en un hogar supone superar una prueba mucho más difícil. Una fábrica puede delimitar el recorrido de la máquina, mantener despejado el suelo y colocar cada objeto en una posición estable. Una vivienda cambia a cada momento: hay ropa deformable, juguetes pequeños, líquidos, puertas entreabiertas, alfombras, escaleras y personas que se mueven sin seguir una trayectoria previsible.

El humanoide Figure 03 realiza tareas domésticas en una cocina mediante inteligencia artificial.

El humanoide Figure 03 realiza tareas domésticas en una cocina mediante inteligencia artificial. Figure AI

Aun así, los prototipos más avanzados ya son capaces de abrir cajones, guardar alimentos, doblar algunas prendas, sacar la basura o hacer una cama. Figure, una de las empresas estadounidenses que lideran la carrera, ha presentado robots que ordenan habitaciones y colaboran entre ellos para completar varias tareas consecutivas. La máquina observa, camina y manipula objetos durante todo el proceso, aunque las demostraciones se graban en espacios preparados y no prueban que pueda repetirlas con idéntica fiabilidad en cualquier vivienda.

Las primeras funciones útiles probablemente serán sencillas: cargar el lavavajillas, llevar la ropa al cesto, acercar algo desde otra habitación, vigilar una olla o comprobar que una puerta ha quedado cerrada. También podrían alertar si detectan humo, agua en el suelo o una caída. El objetivo final es que el usuario no tenga que programar cada gesto, sino expresar una orden y dejar que la máquina la divida en varios pasos. Esa es la frontera de la inteligencia corporeizada: una IA que no solo responde con palabras, sino que percibe, decide y actúa sobre el mundo físico.

Un apoyo para vivir con mayor autonomía

Para una persona mayor o con movilidad reducida, recoger algo del suelo, trasladar la compra o alcanzar un objeto situado en alto puede convertirse en una dificultad diaria. Un asistente robótico podría acercar el teléfono, traer agua o medicamentos, llevar una bandeja o abrir una puerta. También recordar una cita, comprobar una pauta de medicación, detectar una caída y avisar a un familiar o a los servicios de emergencia. No se trataría únicamente de ahorrar trabajo, sino de permitir que muchas personas conservaran su independencia durante más tiempo.

Su anatomía tendría una utilidad práctica: interruptores, pomos, escaleras y electrodomésticos están pensados para cuerpos humanos. Las compañías también exploran máquinas que reconocen voces, mantienen conversaciones, recuerdan preferencias o facilitan una videollamada.

El robot humanoide AIREC participa en distintas pruebas de asistencia y atención sanitaria desarrolladas por la Universidad de Waseda, en Japón.

El robot humanoide AIREC participa en distintas pruebas de asistencia y atención sanitaria desarrolladas por la Universidad de Waseda, en Japón. Universidad de Waseda.

Sin embargo, acompañar no equivale a cuidar. Ayudar a una persona a levantarse o intervenir durante una urgencia exige una seguridad que los modelos actuales todavía no garantizan. Un humanoide de varias decenas de kilos puede causar daños si pierde el equilibrio o aplica demasiada fuerza. Su papel más realista sería asumir tareas físicas para que familiares y profesionales dedicaran más tiempo a la atención personal. Una conversación programada no reemplaza una relación ni una alerta automática sustituye el criterio de un cuidador.

También existe un problema de privacidad. Para funcionar, el robot necesita cámaras y micrófonos dentro de la vivienda, y algunos modelos recurren a un operador remoto cuando no saben resolver una situación. El usuario deberá conservar el control sobre qué información se recoge, dónde se almacena y quién puede verla.

Piel para tocar y piel para parecer humano

Los rostros que parpadean, sonríen y reproducen pequeños gestos no siempre son creaciones digitales: sí existen cabezas robóticas de aspecto sorprendentemente realista. Bajo el concepto de piel artificial, no obstante, se agrupan dos tecnologías. Una busca imitar la apariencia y el tacto exterior mediante materiales flexibles, como la silicona, combinados con pequeños motores que mueven cejas, ojos o labios. La otra pretende sentir: incorpora sensores capaces de detectar presión, temperatura, contacto o posibles daños.

El robot Ameca, de la compañía británica Engineered Arts, puede reproducir más de 50 expresiones faciales, mientras distintos laboratorios trabajan en superficies que permiten a una mano saber si aprieta demasiado un vaso o toca algo caliente. Pero los rostros más convincentes suelen pertenecer a robots de exhibición que apenas se desplazan; los capaces de correr o cargar peso mantienen una apariencia mecánica. Reunir autonomía, conversación, manipulación precisa, sentido del tacto y un rostro indistinguible del humano continúa siendo extraordinariamente complejo y costoso.

Ameca reproduce diferentes expresiones faciales mientras una piel electrónica permite a los robots detectar el contacto.

Ameca reproduce diferentes expresiones faciales mientras una piel electrónica permite a los robots detectar el contacto. Engineered Arts / Universidad Técnica de Múnich.

De 4.900 a 100.000 dólares

Los precios han comenzado a caer, aunque las cifras requieren contexto. Unitree comercializa su pequeño R1 Air desde 4.900 dólares, sin impuestos ni transporte. El G1 parte de 13.500 dólares y el H2, de tamaño humano, de 29.900, mientras las versiones avanzadas pueden alcanzar los 100.000 dólares. Los modelos más baratos son plataformas para universidades, laboratorios y empresas: algunas capacidades de los vídeos exigen manos superiores, software adicional o entrenamiento específico.

La propuesta más cercana al consumidor procede de 1X. Su robot doméstico NEO puede reservarse por 20.000 dólares y la compañía anuncia una futura suscripción de 499 dólares al mes. Las primeras entregas están previstas en Estados Unidos. Cuando la máquina no sabe realizar una tarea, un operador puede controlarla a distancia para terminarla y generar nuevos datos de aprendizaje.

El coste real incluirá mantenimiento, baterías, reparaciones, actualizaciones y, posiblemente, suscripciones. Todavía no son electrodomésticos, pero han comenzado a recorrer el camino que siguieron los ordenadores o los teléfonos móviles.

No todo lo que aparece en pantalla cuenta toda la verdad

Los vídeos generados por IA dificultan comprobar los avances. Los antiguos indicios —dedos deformados, objetos que desaparecen o fondos cambiantes— ya no ofrecen garantías. La mejor verificación consiste en rastrear la procedencia: buscar la publicación original, comprobar si existen grabaciones desde distintos ángulos y confirmar si el robot fue mostrado ante periodistas o público.

También conviene localizar la versión completa. Los cortes pueden ocultar una caída, un cambio de batería o la intervención de un operador; la reproducción acelerada y el encuadre pueden esconder la lentitud, los cables o los arneses. Incluso una imagen auténtica puede resultar engañosa: completar una tarea una vez no significa repetirla con seguridad cientos de veces.

Las búsquedas inversas y marcas como SynthID, que identifica determinados contenidos creados con herramientas de Google, pueden ayudar, pero ningún detector es infalible. Entre el vídeo falso y la autonomía plena hay escenarios preparados, secuencias ensayadas y movimientos teleoperados. Ya no basta con preguntar “¿este robot existe?”; también hay que saber “¿ha hecho por sí solo todo lo que estamos viendo?”.

China acelera la carrera

Los Juegos de Pekín son también una demostración de fuerza industrial. De los 666 equipos participantes, 641 son chinos, y de los 2.056 robots inscritos, 1.975 proceden del país asiático. Solo 25 equipos llegan del extranjero. China concentra alrededor del 97 % de las entregas mundiales de humanoides y superó las 40.000 unidades durante el primer semestre de 2026. Su ventaja descansa tanto en la IA como en una extensa cadena de producción de baterías, motores, sensores y componentes.

Unitree es uno de los símbolos de esa carrera. Estados Unidos mantiene una posición destacada en los modelos que permiten a las máquinas interpretar órdenes y aprender movimientos, con compañías como Figure, Agility Robotics, Tesla o 1X.

La pugna va más allá del hogar. Los humanoides podrían transformar fábricas, almacenes, hospitales, hoteles y operaciones peligrosas. Quien controle su fabricación y su software dominará una tecnología capaz de actuar sobre el mundo físico, no solo de generar información.

La puerta todavía no está abierta del todo

La llegada de los humanoides no será repentina. Antes de que una máquina limpie una vivienda de manera autónoma, aparecerán modelos capaces de realizar unas pocas tareas bajo supervisión. También habrá que establecer reglas: deberán rechazar órdenes peligrosas, detenerse antes de golpear a alguien y proteger los datos recogidos en el hogar. Y será necesario determinar quién responde si provocan un accidente: el fabricante, el desarrollador del software o el propietario.

A pesar de las limitaciones, algo ha cambiado. Algunos humanoides ya trabajan en almacenes, otros aprenden en fábricas y los primeros modelos domésticos pueden reservarse. La carrera no consiste tanto en enseñarles a caminar como en conseguir que comprendan qué deben hacer una vez que llegan a su destino.

Su entrada en casa dependerá menos de que sepan correr o bailar y más de que puedan recoger un vaso sin romperlo, detectar que alguien necesita ayuda o moverse sin peligro junto a un niño o una mascota. La inteligencia artificial ya aprendió a hablar, escribir y crear imágenes. Ahora intenta dotarse de manos, piernas y capacidad de acción.

El llamado “momento ChatGPT” de los humanoides podría producirse dentro de dos años o tardar una década. Cuando llegue, probablemente no adoptará la forma de una exhibición espectacular. Quizá empiece con algo mucho más sencillo: una persona pidiendo ayuda en su casa y una máquina comprendiendo, por primera vez, cómo prestársela.

2026-08-29T07:06:38+02:00
En directo
Onda Vasca En Directo